La entretenida: 012

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Jornada I
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La entretenida Jornada I Miguel de Cervantes


CARDENIO

Así es verdad,
puesto que mi tempestad
nunca mengua y siempre crece.
   En estas benditas manos 295
tengo mi remedio puesto.


MUÑOZ

Vos veréis cómo echo el resto
en daros consejos sanos.
   Advertid, hijo, que son
las canas el fundamento 300
y la basa a do hace asiento
la agudeza y discreción.
   En la mucha edad se muestra
que asiste toda advertencia
porque tiene a la experiencia 305
por consejera y maestra;
   y estas canas no han nacido
en aqueste rostro acaso.


CARDENIO

Hablad, señor Muñoz, paso,
que ya os tengo conocido, 310
   y sé que sabéis cortar,
colgado del aire, un pelo.


MUÑOZ

Así me ayude a mí el cielo
como os pienso de ayudar;
   porque el premio es el que aviva 315
al más torpe ingenio y rudo.


CARDENIO

Si es premio este pobre escudo,
vuestra merced le reciba
   con aquella voluntad
sana con que yo le ofrezco. 320


MUÑOZ

¡Oh señor, que no merezco
tanta liberalidad!


TORRENTE

Tomóle, besóle y diole
quizá perpetua clausura;
del oro la color pura 325
sin duda que enamoróle,
   porque tiene una virtud
de alegrar el corazón,
y la avara condición
vive con la senetud. 330
   Pero, ¿a qué pecho no doma
la hambre del oro?


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