La entretenida: 023

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Jornada I
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La entretenida Jornada I Miguel de Cervantes


DON [ANTONIO]

¡Alto! Vos habéis hablado
de modo que me obligáis
a que de humilde subáis
a más eminente estado,
   siendo al primero escalón 665
servirme de consejero;
y así, amigo Ocaña, quiero
mostraros mi corazón,
   para que, viendo patentes
las ansias que en él se anidan, 670
ellas a tu ingenio pidan
los remedios suficientes:
   que tal vez una dolencia
casi incurable la sana
de una vejezuela cana 675
una fácil experiencia.


OCAÑA

Dime tu mal, mi señor,
y verás cómo en tantico
tantos remedios aplico,
que sanes con el menor. 680
   Y si por ventura es
el ciego el que te atormenta,
puedes, señor, hacer cuenta
de que ya sano te ves,
   porque no se ha de tomar 685
conmigo el dios ceguezuelo.


DON [ANTONIO]

Que no estás en ti recelo.


OCAÑA

¿Pues en quién había de estar?
   Que, a no tomarme del vino,
por costumbre o por conhorte, 690
no hubiera en toda la corte
otro Catón Censorino
   como yo.


DON [ANTONIO]

Ya desvarías.
Vuélvete, Ocaña, a tu establo.


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