La entretenida: 065

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Jornada III
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La entretenida Jornada III Miguel de Cervantes


DON FRANCISCO

¡Por vida juro! ¡Muérdome
la lengua! ¡Voto a Chito,
que estoy por...! ¡Lleve el diablo
a cuantos alfeñiques hay amantes! 90
   ¡Que un hombre con sus barbas,
y con su espada al lado,
que puede alzar en peso
un tercio de once arrobas de sardinas,
   llore, gima y se muestre 95
más manso y más humilde
que un santo capuchino
al desdén que le da su carilinda...!


DON [ANTONIO]

Paréntesis es éste
que se lleva colgada 100
de cada razón suya
mi alma aquí y allí.


DON FRANCISCO

Pues otro queda.
   Pidióle a una fregona
un amante alcorzado
le diese de su ama 105
un palillo de dientes, y ofrecióle
   por él cuatro doblones;
y la muchacha boba
trújole de su amo,
que era viejo y sin muelas, el palillo. 110
   Él dio lo prometido,
y, engastándole en oro,
se lo colgó del cuello,
cual si fuera reliquia de algún santo.
   Gemía ante él de hinojos, 115
y al palo seco y suyo
plegarias enviaba
que en su empresa dudosa le ayudase.
   ¿Y el otro presumido,
que va a las embusteras 120
del cedacillo y habas,
y da crédito firme a disparates?
   ¡Cuerpo del mundo todo!
Descubra el hombre siempre
tal valor y tal brío, 125
que le muestren varón a todo trance.
   No se ande con esferas,
con globos y con máquinas
de inteligencias puras;
atienda, espere, escuche, advierta y mire, 130
   o lo que en daño suyo,
o en su pro, sus amigos
quisieren descubrirle.


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