La hermosa Ester: 017

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La hermosa Ester Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


MARDOQUEO:

  Cuando Nabucodonosor, sobrina
hermosa Ester, en los infaustos días
que de Jerusalén, para su ruina
de Israel, tuvo el reino Jeconías,
nos trajo a Persia y Media, y la divina
justicia castigó las culpas mías
(que no quiero decir que las ajenas),
lloraron sus profetas estas penas.
  Tal vez castiga Dios por los mayores
la humilde plebe, aunque inocente viva;
que viene a resultar en los menores
lo que en el peso del gobierno estriba.
Los hebreos, un tiempo vencedores
en aquella dichosa y primitiva
edad de sus imperios, ya vencidos,
lloran en tierra ajena perseguidos.
  Cumplió Dios su palabra; que no puede
faltar eternamente su palabra:
no hay monte que a su voz inmoble quede.
ni mar que luego no se rompa y abra.
La dureza del hombre a todo excede.
pues voz de Dios, que en mar y en montes labra,
humanos corazones la resisten,
¡de tal dureza contra Dios se visten!
  Tierra de promisión, tierra bendita
gozaron cuantos el Jordán pasaron:
David engrandecella solicita;
algunos, aunque pocos, le imitaron;
mas luego que el ingrato a Dios le quita
la obediencia que tantos le juraron.
dio fuerzas a los reyes enemigos
y la cerviz del pueblo a sus castigos,
  Así pasamos cautiverio triste,
mas tú no llores tanto el desamparo
de los honrados padres que perdiste,
pues vivo yo, que tu virtud amparo.
Con hermosura y discreción naciste.
y con divino entendimiento claro,
vivir sola pudieras; pero el cielo
algo pretende de tu santo celo.


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