La hermosa Ester: 022

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La hermosa Ester Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ADAMATA:

  El Rey se parte de tristeza lleno.

SETAR:

¡Qué notable veneno amor le infunde!

MARSANES:

Yo temo que redunde en daño nuestro.

SETAR:

Si en el consejo vuestro hallase el mío
el lugar que confío, yo le diera
remedio al Rey que fuera de importancia
y que en breve distancia le curara.

MARSANES:

Pues dile, y solo en su salud repara.

SETAR:

Amor de trato largo se convierte
en hábito, y el hábito y costumbre
se vuelve, cual sabéis, naturaleza;
ya es este amor del Rey costumbre y hábito,
memoria del deleite que tenía;
los ojos, hechos a Vastí, no tienen
alegría sin ver sus bellos ojos;
los oídos, en quien requiebros dulces
hacían una música apacible,
no escuchan sus palabras; y estad ciertos
que el hechizo mayor de los que aman,
al alma suele entrar por los oídos.

MARSANES:

Eso es verdad, porque los ojos tienen
siempre un objeto, una hermosura misma,
y los oídos siempre diferente,
pues oyen siempre diferentes cosas;
y así lo que conserva largo tiempo
a amor, son los oídos, no los ojos,
porque ellos nunca miran cosa nueva
y ven lo que una vez toda la vida.


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