La hermosa Ester: 062

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La hermosa Ester Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SELVAGIO:

  Fuese por arrogante
aquella fiera, vuestro dueño y mío;
quedé como el amante
que a la ribera del ardiente río
templó la infernal ira
sobre los trastes de su dulce lira.
  Naciendo en pobre aldea,
a ser reina se fue, ¡qué gran locura!
Mas ¿quién habrá que sea
cuerda, si su gracia y hermosura
la alaba el que suspira,
o la engaña la fuente en que se mira?
  Partióse, y del ganado
olvidada, se opuso a la corona,
que el cetro y el arado,
la que ni al Rey ni al labrador perdona,
solo juntar solía;
mas quiérela imitar la ingrata mía.
(Entre SIRENA.)

SIRENA:

  Por estos hermosos valles,
si es bien amor que te acuerdes,
donde estos álamos verdes
eran toldos de sus calles;
  por las márgenes nevadas
desta fuentecilla fría,
llevar Selvagio solía
sus ovejuelas peinadas:
  ¡Oh, hele allí! Dulce ausente
de estos ojos, ¿podré darte
el parabién de abrazarte
con la risa desta fuente?
  ¿Podré colgar de tu cuello
esta memoria por joya?


La hermosa Ester de Lope de Vega

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