La hermosa Ester: 082

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La hermosa Ester Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


AMÁN:

¿No habéis visto un perro humilde,
que con lengua ladradora,
alrededor de un mastín
pretende que huya y corra,
y que el mastín se está quedo,
y apenas abre la boca,
como que ni ve ni siente
que la cabeza le rompa?
Pues pensad que Mardoqueo
es este mastín. ¿Qué importa
que yo le ladre y sentencie,
que ni las rodillas dobla,
ni aun humilla la cabeza?

MARSANES:

Esa culpa tuya es toda.
Quiérote dar un consejo
para que mejor dispongas
tu gusto al Real convite.

AMÁN:

¡Cómo!

MARSANES:

Haz que dentro de una hora,
de cuarenta pies en alto,
labre tu guarda una horca
tan enfrente de palacio,
que la Reina tu señora
y el Rey, estando comiendo,
la puedan ver, y que pongan
les ruega en ella al hebreo.
para que muera sin honra,
y comas con gusto tú.


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