La hermosa Ester: 102

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La hermosa Ester Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


MARSANES:

Si tú aguardas
a ese infame, y te acobardas
de ejecutar tu deseo.
  ¿qué mucho que no te estime?
Ahórcale. ¿Qué pretendes?

AMÁN:

¡Oh. qué mal, Zares, entiendes
la desdicha que me oprime!
  Y tú, querido Marsanes,
ya cesaron mis trofeos:
ya ensalza el Rey Mardoqueos:
ya desprecia el Rey Amanes.
  ¿Es posible que al oído
las voces no os han llegado
de lo que agora ha pasado?

MARSANES:

¡Cómo! ¿Qué te, ha sucedido?

AMÁN:

  ¿Pues no veis la alteración
del pueblo?

ZARES:

Habrále pesado
ver al hebreo ahorcado.
que tan inconstantes son.

AMÁN:

  No es eso, ¡triste de mí!
Sino que el Rey me mandó
vestirle sus ropas yo,
y sus ropas le vestí.
  Su cetro y corona de oro
le puse, y como vasallo,
de rienda llevé el caballo
para su mayor decoro.
  En la plaza di un pregón
y en las más públicas calles.


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