La hermosa Ester: 108

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La hermosa Ester Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


AMÁN:

Desde ayer
de tal manera me siento,
que no puedo levantarme
al asiento que deseo.
¡Ay de mí, qué vanas honras!

ASUERO:

Dennos de comer.

MÚSICO:

Cantemos.

SEGUNDO:

A sus pasos de garganta,
haré pasos de pescuezo.
(La comida se descubra y algunos platos que serán los principios, y canten entretanto los músicos al tono de la locura.)
Dios ensalza los humildes
y derriba los soberbios.
Ciento y treinta años después
que con el diluvio inmenso
castigó Dios a los hombres,
comenzó Nembrot su reino;
fabricó muchas ciudades,
pero soberbio y blasfemo,
persuadía a sus vasallos
negasen a Dios eterno,
de tan altos beneficios
el justo agradecimiento,
porque se lo atribuyesen
todo a su fuerza e ingenio;
obedeciéronle muchos,
y porque si acaso el cielo
volviese a anegar el mundo,
tomaron por buen consejo
hacer una inmensa torre,
cuyo inaccesible extremo,
excediendo las estrellas,
tocase al sol los cabellos.


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