La hermosa Ester: 121

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La hermosa Ester Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ASUERO:

¡Oh, humilde Ester, cuanto hermosa!
No me enternezcas el pecho;
que no hay en el mar que dices
perlas de tan alto precio.
Los nácares de tus ojos.
Más para engendrar se han hecho
que no lágrimas, estrellas,
como esferas de tal cielo.
Bien parece que mi amor
alumbró mi entendimiento
para honrar tu noble tío
con el hacha de su fuego;
que ensalzarse hasta poner
de Oriente en su mano el cetro
sin haberle conocido,
solo amor supiera hacerlo;
en todo acierta quien ama,
y si yo en amarte acierto,
lo mismo será estimar
la sangre de tus abuelos.
Hoy verás lo que mereces:
dame, Mardoqueo, luego
tus brazos.

MARDOQUEO:

Indigno soy.

ASUERO:

Hoy te da merecimiento
tu virtud y la de Ester.
Esta es mi sortija y sello;
despachad cartas al punto,
en que revoco el decreto
que Amán, soberbio, había dado
contra el santo pueblo hebreo.


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