La hija del aire: 014

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La hija del aire Jornada I Pedro Calderón de la Barca


LISÍAS:

Vuestra Grandeza mi humildad abona;
que, aunque es verdad que yo le he gobernado,
este amor no se debe a mi cuidado,
sino a su gran lealtad. Y vos, señora,
de tanto humano Sol divina Aurora,
a todos dad la mano.

CHATO:

Sino a Sirene, mi mujer; que es llano
que si llega en sus labios a ponella,
de asco en un mes no comeréis con ella.

SIRENE:

¡Para ésta, picarote!,
que, los huéspedes idos, haya escote.

NINO:

Puesto que ya mi gente
las fértiles Provincias del Oriente
discurrió numerosa
con tan grandes conquistas victoriosa,
pues a sus armas yace la Fenicia,
la Bitinia, la Siria, la Cilicia,
la Propóntida, Lidia, Egipto y Caria,
donde apenas quedó nación contraria
que no me obedeciese
desde el Tanais al Nilo, cese, cese
el militar acento
de estremecer al Sol, herir al viento,
turbar el mar y fatigar la tierra,
hoy a la blanda paz ceda la guerra.


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