La hija del aire: 033

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La hija del aire Jornada I Pedro Calderón de la Barca


LISÍAS:

Con esto, y con añadirse
a esto que algunos vecinos
de estos montes, que tal vez
se hallaron en él perdidos,
han escuchado en el templo
mil veces roncos gemidos,
lamentos desesperados
y lastimosos suspiros,
ha crecido en todos tanto
el pavor, que nadie ha habido
que se atreva a examinar
la causa. Y, así, te pido
te vuelvas, señor, sin que
profanes los vaticinios.

MENÓN:

Dar un corazón, Lisías,
a admiraciones, rendido
a los hechos de los dioses,
más tiene de sacrificio
que de irreverencia. Ven
talando lo entretejido
de estas peñas y estos ramos.
No temas, pues vas conmigo.

LISÍAS:

No temo yo, mas recelo,
y uno de otro es muy distinto.
Y aun no recelo tampoco
los riesgos a que me animo,
tanto como a esta maleza
no saber bien el camino;
y así, de aquestos villanos,
para esto sólo venidos,
permite, señor, que llame
alguno.


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