La hija del aire: 041

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La hija del aire Jornada I Pedro Calderón de la Barca


SEMÍRAMIS:

Lo que de mí
sé, por lo que otro me dijo,
escucha, bizarro joven,
a quien con vergüenza miro,
porque el segundo hombre eres
que hasta hoy cara a cara he visto.
Arceta, una ninfa bella
que en estos campos floridos
fue consagrada a Diana,
en todos sus ejercicios
festejada de un amante,
fue pagando con desvíos
las finezas; que lo ingrato
sólo en la mujer no es vicio.
Él a este templo de Venus
una y muchas veces vino,
como era madre de Amor,
a rendirle sacrificios.
Venus, del culto obligada,
ya que quererle no hizo,
hizo que hallarla pudiese
en el despoblado sitio
de este monte, donde, necio,
hizo el mérito delito.
Bajo género de amor
debe de ser en los ritos
suyos -que yo hasta ahora ignoro-
la violencia, si imagino
que no quiso como noble
quien como tirano quiso;
pues no es victoria del alma
aquélla que yo consigo
sin la voluntad de quien
no me la dé por sí mismo.


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