La hija del aire: 043

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La hija del aire Jornada I Pedro Calderón de la Barca


SEMÍRAMIS:

En civil guerra los dioses
vieron este azul zafiro,
en sus ejes titubeando,
desplomado de sus quicios.
Arceta, temiendo más
su opinión que su peligro,
sola al monte se salió,
y en el más hondo retiro
llamó a Lucina, que al parto
vino tarde, o nunca vino,
pues, víbora humana, yo
rompí aquel seno nativo,
costándole al Cielo ya
mi vida dos homicidios.
Aquí fue donde Tiresias
me contó, más indeciso,
de la suerte que me halló.
¡Quién supiera repetirlo!
A los últimos alientos
de Arceta, y a mis gemidos,
acudieron cuantas fieras
contiene el monte en su asilo,
y cuantas aves el viento;
pero con fines distintos,
porque las fieras quisieron
despedazarnos y herirnos,
y las aves defenderlo,
estorbarlo y resistirlo.


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