La hija del aire: 069

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La hija del aire Jornada II Pedro Calderón de la Barca


IRENE:

Si no os riñera mi hermano,
yo de otra suerte os riñera.
Decid; que yo ser no puedo
para nada consecuencia.

MENÓN:

Sí haré.
 (Aparte.)
(¿Qué temo, si ya
poco importa que se ofenda?)
Digo, señor, que en el centro
hallé de una oscura cueva
bruto el más bello diamante,
bastarda la mejor perla,
tibio el más ardiente rayo,
y la más viva luz, muerta.
Estaba de toscas pieles
vestida, para que hicieran
lo inculto y florido, a un tiempo,
armonía más perfecta;
bien como un bello jardín
en una rústica selva
más bello está cuando está
de la oposición más cerca.
Suelto el cabello tenía,
que en dos bien partidas crenchas,
golfo de rayos, al cuello
inundaba, y de manera
con la libertad vivía
tanta república de hebras
ufana, que, inobediente
a la mano que las peina,
daba a entender que el precepto
a la hermosura no aumenta,
pues todo aquel pueblo estaba
hermoso sin obediencia.


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