La hija del aire: 071

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La hija del aire Jornada II Pedro Calderón de la Barca


MENÓN:

Una punta del cabello
suplía la falta, y era
que a las cejas acechaba,
como diciendo: «Estas cejas
hijas son de mi color,
y quiero bajar por ellas,
porque el amor no se alabe
de que las llevo por muestra».
Los ojos negros tenía:
¿quién pensara, quién creyera
que reinasen en los Alpes
los etíopes? Pues piensa
que allí se vio, pues se vieron
de tanta nevada esfera
reyes dos negros bozales,
y tan bozales que apenas
política conocían.
Su barbaridad se muestra
en que mataban no más
que por matar, sin que fuera
por rencor, sino por uso
de sus disparadas flechas.
Para que no se abrasasen
los dos en civiles guerras,
su jurisdicción partía,
proporcionada y bien hecha,
una valla de cristal,
sin que zozobrase en ella
la perfección, siendo así
que la nariz más perfecta,
en el mar de las facciones
escollo es, donde las velas
del bajel de la hermosura
corren la mayor tormenta.


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