La hija del aire: 088

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La hija del aire Jornada II Pedro Calderón de la Barca


NINO:

Discurrid de aqueste monte
los enmarañados senos;
que al que una deidad humana
en él hallare primero
y la traiga a mi presencia,
grandes mercedes le ofrezco.
Por que no dudéis las señas,
villano es el traje, pero
tan noblemente villano,
que su Rey le rinde el pecho.
Pero para qué, ¡ay de mí!,
en pintarla me detengo,
si en viéndola, diréis todos:
«Este es el hermoso incendio
que abrasó al Rey». Mas ¿qué mucho,
si es de estas selvas la Venus,
la Diana de estos bosques,
la Amaltea de estos puertos,
la Aretusa de estas fuentes,
y la ella de todo ello?
Que hasta que dije lo más,
todo lo demás es menos.
Busquémosla divididos;
que yo he de ser el primero
que estas ásperas montañas
examine fresno a fresno,
hoja a hoja y piedra a piedra.
Mas mirad lo que os advierto:
que, aunque sintáis abrasaros
al mirarla, mis deseos
licencia os dan de morir,
mas no de morir contentos.
  (Vase.)


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