La hija del aire: 121

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La hija del aire Jornada III Pedro Calderón de la Barca


ARSIDAS:

Bueno es el consejo; pero
ya es muy tarde cuando le oigo,
pues yo solamente sirvo
porque otra hermosura adoro.
¡Con qué de temores dudo!
¡Oh pliego!, tu nema rompo.
  (Lee.)
«Gran Señor: Estorbato, Rey de Batria,
viendo que a los umbrales de su patria
victorioso llegaste,
y que aquella conquista perdonaste,
soberbio ha presumido
que sea temor lo que omisión ha sido.
Con esto y con que a él se pasó huyendo
Lidoro, Rey de Lidia, pretendiendo
el uno de su Imperio apoderarse
segunda vez, y el otro en Siria entrarse,
ejércitos previenen
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
todos los naturales.
Divisos y parciales,
a su Rey esperando,
sospechosos están, y yo aguardando
la invasión. Pocas son las fuerzas mías
si tú, señor, socorro no me envías».
¿Quién se habrá visto jamás
tan confuso y tan dudoso,
pues vengo a ser hoy conmigo
secretario de mí propio?


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