La hija del aire: 124

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La hija del aire Jornada III Pedro Calderón de la Barca


IRENE:

  [A las DAMAS.]
Salíos todas allá fuera.
(Vanse las DAMAS.)
Ya, Semíramis, que toco
esta plática, no puedo
dilatar más mis enojos;
y así, antes que me preguntes
por qué a este empeño me arrojo
ni qué me obliga, te mando
que desde este instante propio
estés persuadida a que
Menón no ha de ser tu esposo;
porque, aunque vasallo, tiene
dueño, si no tan hermoso,
menos ingrato y más noble,
menos vano y más heroico.
Si el Rey casarte mandare,
con desdén ceremonioso
has de fingir que no tienes
gusto en este desposorio;
y a él le has de dar a entender
que le aborreces, de modo
que, viéndose aborrecido,
aborrezca; pues no ignoro
que sabe una ingratitud
pasarse de amor a odio.
Y pues el Rey hoy por este
jardín ha venido, torno,
Semíramis, a decirte
que en esta puerta me pongo,
sólo a ver de la manera
que tus labios y tus ojos
empiezan a introducir
los desdenes rigurosos
de tu fingida mudanza.
Y así, por ahora sólo
te advierto que desde aquí
todas las acciones noto.


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