La hija del aire: 149

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La hija del aire Jornada III Pedro Calderón de la Barca


CHATO:

No le conozco, ¡por Dios!
Que un Chato es, que aquí ha venido,
narigón tan entendido,
que no se acuerda de vos.

SIRENE:

¡Ay, Chato del alma mía!
¿Eso es lo que en ti tengo,
cuando sola a verte vengo?

CHATO:

¿Sola?

SIRENE:

Sin más compañía
que mis lágrimas no más.

CHATO:

¡Qué amor! Esto sí es tener
un hombre honrada mujer.

SIRENE:

¡Qué bravo soldado estás!
No te había conocido.

CHATO:

Por eso me habrás buscado;
que más un bravo soldado
vale, que un manso marido.

SIRENE:

Ya la malicia es en balde;
que ya Floro se ausentó.


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