La historia de Tobías (Versión para imprimir)

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Dedicatoria
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La historia de Tobías Félix Lope de Vega y Carpio


La historia de Tobías

Félix Lope de Vega y Carpio

 


Dirigida a la Sra. Dª. María Puente Hurtado de Mendoza y Zúñiga
Cuando entendiere (dice el divino Jerónimo escribiendo a Cromacio y a Heliodoro) que he cumplido con mi obligación en hacer lo que mandastes (esto es, traducir el libro de Tobías de la lengua caldea a la latina) habré merecido la recompensa de vuestras oraciones. palabras que justamente vienen a mi propósito dedicando a V. m. la misma historia como traducción fiel de la lengua latina a la castellana, que si bien el servicio parece desigual a sus merecimientos, por serlo tanto mi rudo ingenio en la traslación a la sustancia y pureza de este sagrado ejemplo de caridad y limpieza matrimonial en los dos Tobías, y en su bellísima esposa, no le pudiera hallar más a propósito mi obligación en cuanto tengo escrito, y daré a luz si la vida ayudare a los deseos; concurriendo en V. m. tan celestiales partes de hermosura, entendimiento y virtudes, que como no todas las comparaciones deben ser en todo, porque ya serían identidades, y por la opinión de nuestro español Quintiliano muchas cosas son lo mismo, pero de otra manera, pude muy bien hacer elección de la versión de esta sagrada historia, para que V. m. la honre y califique y yo quede, por lo menos, seguro de que supe emplearla si no acerté a traducirla con la licencia y dilación que la poesía permite, introduciendo figuras dialogísticas de que también tenemos ejemplo en los Cantares. Los versos que he escrito en alabanza de tan ilustres partes están en la segunda de mis rimas que aún no han llegado a la estampa, pero ya se acercan. Allí verá V. m. qué pudo ofrecerle mi ruda musa y aquí solo este advertimiento, y que a sus virtudes y gracias se me ofrecían casi atropellados los pensamientos, y como dijo Ovidio:
Venían a mis verbos
acomodados números
de propia voluntad, que no forzados,
hallándose la pluma
dicho cuando quería.
Cosa que no sucede al ingenio, ni por naturaleza ni por arte, si no le mueve la grandeza del sujeto a la obligación y amor del poeta a las excelencias que conoce o a las obras que recibe. Aquí se junta todo, y en V. m. un divino ejemplo, para quien con debida pluma supiera imaginarle. Dios guarde a V. m. como desea.
Capellán de V. m.
LOPE DE VEGA CARPIO.


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Elenco
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La historia de Tobías

Félix Lope de Vega y Carpio

Los que hablan en ella son los siguientes:

 



TOBÍAS, mozo.
UNA VOZ
TOBÍAS, viejo.
UN ÁNGEL
ANA, su mujer.
SARASAR, hijo de SENACHERIB.
ADRAMELECH, hijo de SENACHERIB.


UN POBRE
BATO, villano.
JORÁN, villano.
UN VIEJO
RAGEL
UN CRIADO
SARA, su hija.


OTRO POBRE
FISÓN, novio.
SENACHERIB, Rey de Asiria.
ASMODEO, demonio.
RAPSACES, general.
TAMAR
EZEQUÍAS, Rey de Jerusalén.


Dos villanos
ELIACHÍN
LLORENTE
UN SOLDADO
GIL
OTRO SOLDADO
EL PERRO




Acto I
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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Salen TOBÍAS EL VIEJO y ANA su mujer y TOBÍAS EL MOZO.
TOBÍAS VIEJO:

  Pues que por nuestros pecados
quiso el gran Dios de Israel
que fuésemos castigados
con cautiverio cruel,
y a tierra extraña arrojados;
  pues entre Medos y Asirios
pasamos tantos martirios,
cuantos van tristes deseos
a los campos Idumeos,
a los Samarios y Sirios:
  aplaquemos al gran Dios,
Ana, mi amada mujer,
y vos, mi hijo; que en vos
como en espejo he de ver
si somos uno los dos.
  Por eso os puse Tobías,
como mis padres a mí,
aunque en más felices días:
pues que yo mi nombre os di
tomad vos las obras mías.
  Cuando el rey Salmanasar
reinaba, el que cautivó
nuestros Tribus, pude yo
gracia en sus ojos hallar:
muchas doy al que la dio.


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TOBÍAS VIEJO:

  Fui, siendo su esclavo herrado,
como sabéis, su privado,
y fui de todos consuelo;
presté mi hacienda a Gabelo,
mi deudo, aunque pobre, honrado.
  Agora que su cruel hijo
reina, tan mal, quiere
todo el reino de Israel,
que por darle muerte muere,
y no hallamos gracia en él.
  Es ido contra Ecechías,
santo Rey, con tal furor,
que dice que en breves días
el gran templo del Señor
ha de ser cenizas frías.
  Con este aborrecimiento
tan mal trató sus cautivos,
que se mueren ciento a ciento,
y aun esos que quedan vivos
lo tienen por más tormento.
  Hijos, y amada mujer,
Dios lo da; de Dios es todo;
hagamos bien; que ha de ser
el hacerles bien, el modo
por donde Dios le ha de hacer.
  ¿Qué tendremos hoy que dar?


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ANA:

No tengáis deso cuidado,
señor; que no ha de faltar.

TOBÍAS MOZO:

Alguna gente ha llegado.

TOBÍAS VIEJO:

Hijo, dejaldos entrar.

TOBÍAS MOZO:

  A todos la puerta doy.

TOBÍAS VIEJO:

Sois mi querido retrato.
Sale una mujer pobre.

MUJER:

Gracias al cielo que estoy
a tus pies; el tiempo ingrato
me trata así: noble soy:
  manto me falta: querría
cubrir tanta desnudez.

TOBÍAS VIEJO:

¡Ay corta haciendilla mía!
Pero cúbrate esta vez
el que a mi mujer cubría;
  toma y ve en paz.

MUJER:

Dios te guarde.

(Vase.)


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(Sale otro POBRE.)
POBRE:

No quisiera llegar tarde,
si has dado limosna a todos;
aunque en ti de muchos modos
amor de Prójimos arde.

ANA:

  ¿Vos pedís con tal salud?

TOBÍAS VIEJO:

Ana, callad, que es mal hecho:
no hagáis vicio la virtud:
que inquirir del pobre el pecho
es vana solicitud.
  Él pide por Dios, y es Dios;
¿pues cómo vos presumís
entender a Dios? Si vos
esto de Dios recibís,
daldo por Dios a los dos;
  tomad, hijo, este vestido.

POBRE:

Dios os pague tanto bien.
(Vase.)
(Sale un VIEJO.)

VIEJO:

¡A qué buen tiempo he venido!

TOBÍAS VIEJO:

¿Quién es?


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VIEJO:

En Jerusalén
ya fui de vos conocido;
  de un tiempo somos cautivos,
del tribu de Neptalín.
Soy como vos: los esquivos
tiempos han dado este fin
a mis intentos altivos.
  Un hijo tengo en prisión
por deudas.

TOBÍAS VIEJO:

Los deudos son
para las deudas muy buenos:
no sé si son más o menos,
mas sé que es más la intención.
  En esa bolsa tendréis,
pariente, con que paguéis.

VIEJO:

Dios os prospere y aumente.
(Vase.)

TOBÍAS MOZO:

Afuera espera gran gente
para que a comer les deis;
  mas no sé si habrá comida
para tantos.

TOBÍAS VIEJO:

¿Vos dudáis,
hijo?

TOBÍAS MOZO:

¡Es poca!


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TOBÍAS VIEJO:

Repartida,
si a Dios primero miráis,
que es sustento, amparo y vida,
  veréis que basta y que sobra.

TOBÍAS MOZO:

Si él echa su bendición,
bien sé el aumento que cobra.
(Sale un CRIADO.)

CRIADO:

Aquí ha llegado Filón.

TOBÍAS VIEJO:

¿Qué pide?

CRIADO:

Una buena obra.
  Del tribu de Benjamín
hay un difunto, y en fin,
aún no le cubre mortaja.

TOBÍAS VIEJO:

Sólo en eso se aventaja
el rico al pobre: en el fin:
  tendrála el rico delgada,
y ése la tendrá grosera;
voyle a enterrar, Ana amada:
dando de comer, me espera,
a esa pobre gente honrada.
  Tú, hijo, ayuda.

TOBÍAS MOZO:

Estad cierto
del contento que recibo.


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TOBÍAS VIEJO:

Mucho obliga a Dios, te advierto,
el dar de comer al vivo,
y el ir a enterrar el muerto.
(Vanse y sale una caja, soldados y banderas, y el rey SENACHERIB y RAPSACES, capitán.)

RAPSACES:

  Hablé con Eliachín, hijo de Elchías,
amenazando el pueblo de tu parte.

SENACHERIB:

¿En qué confía el mísero Ezechías?

RAPSACES:

Faltóle el oro ya con que rogarte.

SENACHERIB:

Si en el rey Faraón de Egipto fías,
¿cómo puede valerte ni ayudarte
un báculo de caña quebradizo
que engaña a quien su fuerza satisfizo?
  ¡Triste Jerusalén! si el padre mío
llevó desde una a otra provincia varia
al Habor y al Gozán, de Media río,
cautivos a los tribus de Samaria,
¿dónde está de tu Dios el poderío?
¿A dónde está la fuerza necesaria
para hacer a mis armas resistencia?
Ampáraste de escudos de paciencia.
  Tu alcázar de Sión fundada en alto,
de tu David humilde a mi trofeo,
rendida miro en el primero asalto
por más que la defienda el Dios hebreo;
no está mi Dios Nefrach de fuerzas falto
como estuvo el del otro Filisteo:
cuando con sus hazañas me respondas,
no temo yo las pastoriles hondas.


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SENACHERIB:

  Soy yo Senacherib, el Rey de Asiria;
tengo más fuerte la cerviz y frente,
que desde Gaza hasta la playa Tiria
los campos cubriré de armada gente;
hoy baño en sangre a Palestina y Siria,
al hermoso Carmelo, al eminente
Líbano, cuyos cedros a mis rojas
plantas de sangre, estrado harán sus hojas.
  Tú verás al Cedrón pasar al Medo
sobre puentes de cuerpos infelices,
y el templo cuya altura puso miedo
a las estrellas, y que santo dices
de mí, que su más alta torre excedo,
y a la más fértil palma las raíces,
bañado en fuego y humo y derribada
por el suelo su cúpula dorada.
  Gigante soy en quien Asiria estriba
el peso de su imperio soberano:
vuestra arca santa llevaré cautiva:
sus serafines temblarán mi mano;
no me corono yo de verde oliva
ni he de temer que aparte el vidrio cano
del mar bermejo en frágiles canceles,
ese Dios de Abrahanes e Israeles.
  Parte, Rapsaces: llevarás firmada
de mi espantosa firma al Rey cercado,
carta en que diga que su infame espada
rinda a mis pies.


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RAPSACES:

Yo voy.

SENACHERIB:

Fuera excusado,
pero quiero mostrar cuánto me agrada
tener piedad de un hombre desdichado,
porque si saco la que tiembla el suelo,
aun es corta defensa todo el cielo.
(Vase y salen el rey EZEQUÍAS, de Jerusalén, y ELIACHÍN.)

EZEQUÍAS:

  Rasgaré por el dolor
mis vestidos, Eliachín.

ELIACHÍN:

Ten esperanza; que al fin
has de salir vencedor.

EZEQUÍAS:

  Si está nuestro Dios airado,
¿dónde hallaremos defensa?

ELIACHÍN:

Contra el Rey de Asiria piensa
que está airado y enojado,
  no contra Jerusalén;
mira que el hijo de Amós
dice, de parte de Dios,
que este crédito le den.

EZEQUÍAS:

  Creo, Eliachín, a Isaías,
mas pésame que blasfeme
quien a nuestro Dios no teme.

ELIACHÍN:

¡Si piensa que son los días
  de Hieroboán y Achaz
tan lamentados en Siria!


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(Sale un SOLDADO.)
SOLDADO:

Senacherib, Rey de Asiria,
sin darte salud ni paz,
  aquesta carta te envía.

EZEQUÍAS:

¿Quién te la dio?

SOLDADO:

Un capitán.

EZEQUÍAS:

¿Qué esperanzas me darán
mi temor y su osadía?

ELIACHÍN:

  Que traiga poder tan fuerte.

EZEQUÍAS:

De blasfemar no se aparta;
lee, Eliachín, esa carta.

ELIACHÍN:

Dice, señor, de esta suerte:
(Lee.)
  «No te engañe tu Dios en quien confías
ni que Jerusalén vendrá a las manos
del Rey de Asiria, dudes, Ezequías,
pues son a mi poder los montes llanos.
Si mis padres tuvieron tantos días
 (después de ser vuestros intentos vanos)
el imperio de Siria y Palestina,
¿qué esperanza os engaña y desatina?
  Abridme la ciudad: ríndame el muro
Jerusalén: besad mis pies, cobardes:
Refeph y Arán en cautiverio duro
pusieron vuestros tímidos alardes
adonde estuvo el Rey de Arphad seguro;
¿y qué lugar habrá donde te guardes,
Rey de Jerusalén, de mi trofeo?
Advierte que te engaña el Dios hebreo.»


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EZEQUÍAS:

  No digas más, Eliachín:
pidamos misericordia
a Dios, por que en tal discordia
ponga a su arrogancia fin.
  Tomad el cetro Real:
tomad el sacro ornamento:
dad ceniza a quien es viento:
dadme un saco de sayal.
  Hacer quiero humildemente
oración a Dios.

ELIACHÍN:

Traed
lo que pide.

EZEQUÍAS:

En tu merced,
gran señor omnipotente,
  se pone Jerusalén
y las puertas de Sión.
(Sacan en dos fuentes de plata un saco de sayal, y una soga, y ceniza en una salva.)

SOLDADO:

Éstos la ceniza son
y el saco.

EZEQUÍAS:

¿Hay soga?

SOLDADO:

También.


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EZEQUÍAS:

  Muestra: ayúdame a vestir:
atadme bien esa soga;
que la que mi cuello aboga
bien me pudiera servir.

ELIACHÍN:

  Ya, señor, vestido estás.

EZEQUÍAS:

Dadme la ceniza.

ELIACHÍN:

Ten.

EZEQUÍAS:

No Rey de Jerusalén:
polvo y nada soy no más.
  Echaréla en mi cabeza,
y con aqueste dolor
llorando hablaré al Señor.

SOLDADO:

¡Qué lástima!


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ELIACHÍN:

¡Qué tristeza!
  Abrid esos velos luego.
 (Descúbrese un altar con el arca.)
¡Dios de Israel, bien de bienes,
que por escabelos tienes
los serafines de fuego!
  Tú solo en la paz y guerra
eres Dios, y pones leyes
a los arrogantes reyes;
Tú hiciste el cielo y la tierra.
  Inclina tu santo oído:
oye estos graves enojos:
abre tus divinos ojos
y mira un hombre atrevido.
  Oye las palabras fieras
de Senacherib airado:
verdad es que han sujetado
mil tierras con sus banderas,
  y que los dioses gentiles
han dado al fuego, Señor;
pero eran piedra y labor
de las manos de hombres viles.
  Tú eres Dios: tú vives, y eres
Señor del cielo; y es bien
que, libre Jerusalén,
conozcan que tú lo quieres;
  libra tu pueblo, Señor:
conozcan que eres Dios solo
desde el uno al otro polo.


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(Sale un SOLDADO.)
SOLDADO 2.º:

Pierde, gran Rey, el temor.

EZEQUÍAS:

  ¡Cómo!

SOLDADO:

¿Qué dice Isaías,
qué dice el Dios de Israel?
Que en tu congoja cruel
oyó tu llanto, Ezequías:
  que no entrará en la ciudad
el rey Asirio, ni escudo
persa, ni flecha, ni pudo
no siendo su voluntad.
  Dice que le ha de poner
una argolla en las narices,
y en los labios infelices
un freno con su poder.
  No le valdrá su maldad,
no su soberbia; advertid
que por su siervo David
quiere salvar la ciudad.
  Dice que se volverá
por donde vino muy presto.

EZEQUÍAS:

¿Qué albricias me pides desto?
¿A dónde el profeta está?

SOLDADO:

  Ven conmigo a hablar con él.

EZEQUÍAS:

Démosle gracias los dos
a Dios; que no hay otro Dios
si no es el Dios de Israel.


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(Vanse, y salen el rey SENACHERIB, RAPSACES, capitán, y algunos soldados.)
SENACHERIB:

  Nadie se desarme, amigos:
dormid así, porque al alba
han de ser de nuestra salva,
cielos y tierra testigos.
  Entre dos luces asalto
la triste Jerusalén:
duerman y descansen bien
mientras que su muro esmalto
  de sangre, como el aurora
de oro: abrid el pabellón:
mañana tendré en Sión
el que en los campos agora.
  Entrad, fuertes capitanes,
entrad, y armados dormid;
que el alcázar de David,
de Acaz y Hieroboanes,
  os dará presto mejores
camas y techos dorados,
pabellones recamados
y tapetes de labores.
  Mañana en mesas de jaspe
beberéis el Palestino,
dulce, aromático vino,
sin que éste os acede y raspe.
  Mañana tendréis asientos
de ébano y marfil, si aquí
de hierba, y tendréis de mí
preciosos alojamientos.


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SENACHERIB:

  Mañana, hermosas doncellas
os vendrán a regalar,
cantar, tañer y bailar,
blandas, dulces, tiernas, bellas.
  Si aquí el son del ronco parche
y del metal sonoroso
os quita el justo reposo
porque se acometa o marche,
  mañana a vuestros caballos
el templo de Salomón
ha de servir de mesón:
de plata herraréis sus callos.
  Ea: no es menester vela
ni guarda: durmiendo está
el Dios hebreo.

RAPSACES:

Entra ya;
que el temor es centinela.
  Ése nos defiende bien.

SENACHERIB:

Toda su esperanza es vana;
con laurel entro mañana
triunfando en Jerusalén.
(Entrase detrás de una cortina y parezca un ÁNGEL, y descúbrese un marco con un velo de plata delante, y detrás esta VOZ.)

VOZ:

  Las lágrimas de Ezequías
oí: las blasfemias fieras
de las asirias banderas.
incitan las manos mías.
  ¡Ministro!


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ÁNGEL:

¡Señor!

VOZ:

Al punto
baja al campo del tirano,
porque quede por tu mano
un gran número difunto.
  Toma la espada.

ÁNGEL:

Ésta es.
(En diciendo “ésta es” le den una espada de fuego.)

VOZ:

Parte.

ÁNGEL:

Voy.
(En diciendo “voy” ha de estar por la invención de pozo en el teatro, y esgrimirla, y volverse arriba.)

VOZ:

Bien está, contento estoy.

ÁNGEL:

Beso tus divinos pies.

VOZ:

  Quedan en sangre cubiertos;
sus blasfemias y su afrenta
castigo.

ÁNGEL:

Ciento y ochenta
y cinco mil quedan muertos.


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(Sale SENACHERIB huyendo con RAPSACES.)
SENACHERIB:

  ¡Oh, fuerte Dios de Israel,
templa el valiente furor!

RAPSACES:

¿Hay tal estrago, hay rigor
tan espantoso y cruel?

SENACHERIB:

  ¿Han salido los hebreos?

RAPSACES:

Nadie, señor, ha salido;
sólo de su Dios han sido
estos heroicos trofeos.

SENACHERIB:

  ¿De su Dios?

RAPSACES:

¿Pues no lo ves?

SENACHERIB:

¿En mi tierra no hay cautivos?

RAPSACES:

Muchos.

SENACHERIB:

No han de quedar vivos
de trescientos mil los tres.

RAPSACES:

  ¿Tantos habían de ser?

SENACHERIB:

Los que fueren.


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RAPSACES:

¿Qué esperanza
te ha de quedar de venganza
contra tan alto poder?
  Mira esa gran cantidad
de cuerpos troncos.

SENACHERIB:

Yo creo
que en mi tierra el Dios hebreo
tendrá menos potestad.

RAPSACES:

  Pienso que engañado estás;
quien esto pudo tan bien
hacer en Jerusalén,
en Nínive podrá más.
(Vase y sale TOBÍAS EL VIEJO vistiendo un pobre.)

TOBÍAS VIEJO:

  Toma: ponte mi vestido.

POBRE:

No es justo que andes desnudo.

TOBÍAS VIEJO:

También Dios vestirte pudo;
que yo desnudo he nacido.
  Si Dios como a ti me hiciera
tan pobre en este lugar,
también me holgara de hallar
un hombre que me cubriera.
  Vete en paz, hijo; camina;
vuelve mañana a comer.


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POBRE:

Imagen vienes a ser
de aquella piedad divina.
(Vase. Sale ANA.)

ANA:

  ¿Qué es esto?

TOBÍAS VIEJO:

¿Ya no lo ves?

ANA:

¿Pues cómo el vestido has dado?

TOBÍAS VIEJO:

¿Ha sido mal empleado?

ANA:

¿Ya qué te falta que des?

TOBÍAS VIEJO:

  A mí mismo, y aun es poco.
(Sale TOBÍAS EL MOZO.)

TOBÍAS MOZO:

No sabes cómo ha venido
Senacherib, tan perdido,
que está temerario y loco.

TOBÍAS VIEJO:

  ¿Qué, ya volvió de Judea?

TOBÍAS MOZO:

Ya de Judea volvió.

TOBÍAS VIEJO:

¿Luego Ezequías venció?
Hijo, no sé si lo crea.

TOBÍAS MOZO:

  Pues bien lo puedes creer,
porque un ángel le ha vencido.


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TOBÍAS VIEJO:

Si de Dios la espada ha sido,
no hay en los hombres poder.

TOBÍAS MOZO:

  Ciento ochenta y cinco mil
hombres mató un ángel santo.

TOBÍAS VIEJO:

Si con uno puede tanto,
¿qué hará con mil veces mil?

TOBÍAS MOZO:

  Las blasfemias que decía
contra Dios la causa fueron.

TOBÍAS VIEJO:

El justo pago le dieron
que su lengua merecía.
(Sale un CRIADO.)

CRIADO:

  Ya te habrá dicho Tobías
del Rey la temeridad,
o el llanto que la ciudad
hace en tan infaustos días.

TOBÍAS VIEJO:

  ¿Llanto?

CRIADO:

¿No ves que vencido
vuelve de Jerusalén,
y quiere que acá le den
la sangre que allá ha perdido?

TOBÍAS VIEJO:

  ¿Quién se la ha de dar, Rubén?


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CRIADO:

Los esclavos que de allá
trajo su padre, si ya
los hay de Jerusalén.

TOBÍAS MOZO:

  ¿Luego mándalos matar?

CRIADO:

Para vengarse del cielo.

TOBÍAS VIEJO:

Triste de él, porque recelo
que le vuelva a castigar.

CRIADO:

  Todas, las plazas cubiertas
están ya de cuerpos troncos,
de quien con suspiros roncos
salen las almas desiertas.

TOBÍAS VIEJO:

  Hijo, yo voy a enterrarlos.

TOBÍAS MOZO:

Y yo a acompañarte voy.

ANA:

Yo a llorarlos, si ya soy
de alguna ayuda en llorarlos.

TOBÍAS MOZO:

  La victoria de Ezequías
venga en su misma ciudad.

CRIADO:

No se ha visto caridad
que iguale a la de Tobías.


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(Vanse y sale SENACHERIB con RAPSACES y gente.)
SENACHERIB:

  Yo me veré vengado cuando vea
que me llega la sangre de los Tribus
hasta la boca, que de sed se abrasa.

RAPSACES:

No mueren pocos, porque no les vale
defensa alguna.

SENACHERIB:

Bando se publique
por toda Asiria, que los maten todos:
no solamente mueran los de Nínive,
que yo veré si el Dios de los hebreos
tiene poder aquí como en su tierra.
(Salen ADRAMELECH y SARASAR, hijos del Rey, con las espadas desnudas.)

ADRAMELECH:

Cansado vengo de esta infame guerra.

SARASAR:

Aquí está nuestro padre.

ADRAMELECH:

¡Padre mío!

SENACHERIB:

Hijos, ¿cuántos hebreos quedan muertos?

ADRAMELECH:

Muchos, señor, por calles y desiertos.

SARASAR:

Ni los valen los templos, ni los campos.

SENACHERIB:

Así es razón que aquesta gente muera
de mis agravios en venganza fiera;
coman los cuervos sus difuntos cuerpos
en las plazas, y calles, y en los campos,
hambrientos buitres y rapaces águilas.


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ADRAMELECH:

No pienso que sus cuerpos insepultos
paguen con esa pena sus insultos.

SENACHERIB:

Adramelech, ¿qué dices?

ADRAMELECH:

Que un Tobías,
de los viejos esclavos de tu padre,
a todos da mortaja y sepultura.

SENACHERIB:

¿Tobías, aquel viejo galileo?

ADRAMELECH:

El mismo.

SENACHERIB:

Pues villanos, ¿cómo vive
hombre que impide la venganza mía?
Parte, Rapsaces, y con esa espada
su cuello siega, su familia prende,
sus bienes todos, muebles o raíces,
entrega a los soldados.

RAPSACES:

Voy contento,
porque estaba en el mismo pensamiento.

SARASAR:

Pésame que le mates.

SENACHERIB:

¿Por qué causa?

SARASAR:

Porque estimaba su vejez mi abuelo.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SENACHERIB:

Quisiera, Sarasar, que fueras hijo
de ese Tobías como fuiste mío.

SARASAR:

¿Qué hicieras?

SENACHERIB:

Con mi gusto un desvarío.

SARASAR:

¿Estás airado?

SENACHERIB:

¿No es razón bastante
haberme muerto el Dios de los hebreos
ciento ochenta y cinco mil soldados
en un instante de una oscura noche?

SARASAR:

¿Y no fuera mejor, señor, temerle,
que no irritarle a más venganzas?

SENACHERIB:

Calla;
que no es donde yo reino poderoso.
(Sale RAPSACES.)

RAPSACES:

Diligencia se ha hecho por Tobías,
pero como es bienquisto de la gente,
avisáronle muchos de tu intento,
dejó su casa, dila a tus soldados,
repartieron sus bienes: no parece;
mas él y su mujer y un hijo suyo,
desnudos van, y en la mayor miseria.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SENACHERIB:

Con él voy enojado, y aun contigo.

RAPSACES:

Nunca el tirano fue seguro amigo.

ADRAMELECH:

¡Que ha de vivir un bárbaro!

SARASAR:

¿Qué dices,
Adramelech?

ADRAMELECH:

Que es nuestro padre un bárbaro,
y que me incita Dios secretamente
a que le mate y la corona quite.

SARASAR:

¿Cómo es posible que Nefrach te incite?

ADRAMELECH:

Si quieres, Sarasar, parte en el Reino,
ayúdame a quitar la vida a un hombre
odioso al cielo, a Nínive y a Siria,
y desde Palestina a Celesiria.

SARASAR:

Si tú cumplieses lo que dices, digo
que yo pondré la espada en él primero;
que de alguna deidad secreta siento
dentro del pecho impulsos velocísimos.

ADRAMELECH:

Permita el Dios Nefrach que tú me quites
la vida que a mi padre quitar quiero,
si no te diere la mitad de todo.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SARASAR:

¿Dónde estará?

ADRAMELECH:

Sacrificando creo.

ANA:

Pues vamos.

ADRAMELECH:

Hoy se cumple mi deseo.
(Vanse y salen TOBÍAS, ANA y su hijo.)

TOBÍAS VIEJO:

  En esta cueva podremos
estar seguros, señora.

ANA:

¿Que esto por tu culpa agora
yo y tu hijo padecemos?
  ¿No fuera mejor, Tobías,
que no enojaras al Rey?

TOBÍAS VIEJO:

¡Qué bien guardara la ley
de Dios con entrañas frías!
  Ana, aquel caritativo
fuego en el alma encubierto,
sale sepultando al muerto
y favoreciendo al vivo.
  Por Dios es poco perder
la hacienda sola.

ANA:

Es verdad;
mas la propia caridad
su lugar ha de tener.
  Yo soy tu mujer: Tobías
tu hijo, ¿por qué nos dejas
desnudos con tantas quejas
y entre aquestas peñas frías?


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TOBÍAS VIEJO:

  Ana, ten por buen consuelo,
pues que la vida se escapa,
que a los que no tienen capa
les presta la suya el cielo.
  Hijo, estad vos consolado,
que Dios os ha de cubrir.

TOBÍAS MOZO:

Padre mío, hasta morir
no he de dejar vuestro lado;
  yo sé que en todo acertáis,
y yo sé que errara en todo
si no siguiera aquel modo
que vos, señior, me enseñáis.
  Corta obediencia es la mía
si con Isaac la comparo;
que de aquel varón preclaro
tomar ejemplo podría.
  Sobre el ara le contemplo
y a su padre con la espada,
a la ejecución alzada,
de fe y obediencia ejemplo.
  Si quitarme vos queréis
la vida, eso mismo quiero,
sin que yo espere cordero
y vos ángel esperéis.

TOBÍAS VIEJO:

  Bendígate el Dios divino
de Isaac, Jacob y Abraham.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Sale RUBÉN.)
RUBÉN:

Aquí sospecho que están.

TOBÍAS MOZO:

Padre y señor, Rubén vino.

TOBÍAS VIEJO:

  ¿Qué hay, Rubén?

RUBÉN:

Bien te pude
pedir albricias, señor;
vuelve y despide el temor:
toda Nínive te espera.

TOBÍAS VIEJO:

  ¿A mí, Rubén? ¿de qué modo?

RUBÉN:

Adramelech, Sarasar,
hijos del Rey, que en lugar
del Rey lo mandaban todo,
  no contentos de su estado,
o por voluntad de Dios,
que hizo instrumento a los dos
del castigo que le ha dado,
  estando sacrificando
a Nefrach su Dios cruel
contra el cautivo Israel,
y su gran Dios blasfemando,
  le dieron mil estocadas
con que su vida acabó.

TOBÍAS VIEJO:

Hijos, Dios lo permitió.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TOBÍAS MOZO:

Blasfemias bien castigadas:
  pensó que era nuestro los
de piedra o de troncos viles
como los dioses gentiles.

TOBÍAS VIEJO:

Id adelante los dos,
  porque nos vais advirtiendo.
¿Ves, Ana, que Dios me ayuda?

ANA:

Nunca de Dios tuve duda:
tu condición reprehendo.
(Vanse, y salen JORÁN y BATO, villanos.)

JORÁN:

  ¿Echaste, por dicha, menos
alguna res de contar?

BATO:

Yo tengo bien qué llorar;
que no son duelos ajenos.

JORÁN:

  Mira que parece mal
que llore un hombre de bien.

BATO:

Mentís, Jorán, que también
es la condición mortal.
  Si nace un rey es llorando
como el más pobre pastor,
porque confiesa el dolor
de la muerte en que va entrando.
  ¿Qué pensáis vos que es llover?
Llorar los cielos, Jorán:
pues si ellos llorando están,
un hombre, ¿qué puede hacer?
  ¿La mirra no es árbol grave,
el incienso y los aloes?


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JORÁN:

No hay otros que tanto loes.

BATO:

Pues lloran llanto suave;
  las viñas suelen llorar,
con ser su zumo alegría:
pues con la tristeza mía
déjame tú rezumar.

JORÁN:

  Por una cosa no más
dan licencia a un hombre honrado.

BATO:

¿Y es?

JORÁN:

Estando enamorado.

BATO:

De medio a medio me das.

JORÁN:

  ¿Luego tú tienes amor?

BATO:

Que me derriengo de triste.

JORÁN:

¿Tú sentimiento tuviste
de amor, tan rudo pastor?

BATO:

  Nunca yo en el campo viera
retozar unos borricos.

JORÁN:

¡Qué tórtolas con sus picos
para cine envidia tuviera!


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BATO:

  Allá en nuesos pegujales,
donde el ganado se cría,
nos cantan a mediodía
estas tórtolas asnales.

JORÁN:

  ¡Qué gentiles ruiseñores
estaban haciendo nido!

BATO:

¿Cuándo los burros no han sido
un dulce ejemplo de amores?

JORÁN:

  ¿Los burros?

BATO:

Los burros, pues;
¿hay cosa como llegar
un borrico a retozar
su burra en el verde mes,
  cuando los campos se visten,
como dicen los poetas,
de alcacer y de violetas,
que hasta la vista resisten
  de la cara de la tierra?
¿Hay cosa como llegar
a morder, y a regalar
con una amorosa guerra
  los pescuezos y las crines?
Pues dígote por verdad,
que es mayor honestidad
que en pardos y colorines.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JORÁN:

  ¿Honestidad es rascar
los oídos los borricos,
más que aquellos dulces picos
que amores suelen cantar?

BATO:

  Sí, y es bien que solemnicen
la honestidad que han tenido,
porque entonces al oído
su secreto amor les dicen.
  No como el toro que muge
y hace buf a la ternera,
ni con la leona fiera
el fiero león que ruge.
  No como celosos gatos
cuando hay tejado y sarao,
despiertan con marramao
a sus dueños como ingratos:
  sino que hablando de oído
como gente palaciega,
la enamora, ablanda y ruega
secreto y enternecido:
  y cuando mucho si entona
la voz como en facistol,
canta un do, re, mi, fa, sol,
en que sus dichas pregona.
  Éstos vi, y a ejemplo suyo,
Jorán, yo me enamoré;
pero ni rasqué, ni hablé.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JORÁN:

¿Tan secreto amor fue el tuyo?

BATO:

  No sé si diga de quién.

JORÁN:

¿Es de Bertola o Ginesa?

BATO:

No, Jorán.

JORÁN:

Mas ¿qué es Teresa?

BATO:

No das en el blanco bien.

JORÁN:

  ¿Es Tamar?

BATO:

No.

JORÁN:

Pues en casa
sólo queda mi señora.

BATO:

Ésa, Jorán, me enamora,
ésa me enciende y me abrasa.

JORÁN:

  ¿Sara, mi señora?

BATO:

Sí.

JORÁN:

¿La que se está desposando?

BATO:

La misma estoy deseando.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


JORÁN:

¡Noramala para ti!

BATO:

  Si para mí noramala,
¿qué será para Fisón,
que ya en aquesta ocasión
goza su donaire y gala?

JORÁN:

  Pues bestia ¿con la mujer
más bella que Dios ha hecho
te quieres casar?

BATO:

Sospecho
que soy hombre, y puede ser.

JORÁN:

  No se entienda tu locura;
voy a tomar colación.

BATO:

Hurtóme la bendición
y ganóme la ventura.
  Desesperado me veo:
quiérole echar maldiciones.
(Salen SARA, de novia, FISÓN de esposo, RAGEL y MÚSICA, y mucha grita y detrás el DEMONIO.)

MÚSICA:

Para en uno son los dos,
si quiere Dios, si quiere Dios.

RAGEL:

Pienso que son para en uno
tan gallardos desposados,
pues de tantos convidados
no lo ha impedido ninguno.
Diga lo contrario alguno
o juntaránse los dos,
si quiere Dios.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


MÚSICA:

Si quiere Dios,
para en uno son los dos,
si quiere Dios.

FISÓN:

Yo pienso que soy su esposo
a contento de Ragés,
y que mi ventura es
digna de su rostro hermoso.
Y así, de nadie envidioso,
lo seré de más de dos,
si quiere Dios.

MÚSICA:

Si quiere Dios,
para en uno son los dos,
si quiere Dios.

SARA:

El gusto del padre mío
a ser tuya me ha obligado,
porque tengo resignado
en el suyo mi albedrío.
Amarte, esposo, confío,
y uno seremos los dos,
si quiere Dios.

MÚSICA:

Si quiere Dios,
para en uno son los dos,
si quiere Dios.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DEMONIO:

¡Qué mal os podréis juntar
si trae este necio esposo
lascivo amor enojoso
a quien le ha de castigar!
La boda vengo a estorbar
y a dividir a los dos,
si quiere Dios.

MÚSICA:

Si quiere Dios,
para en uno son los dos,
si quiere Dios.
(Vanse con grande grita, y quédanse el DEMONIO y BATO.)

BATO:

  ¡Que vea yo con mis ojos
que éstos se casen! ¡Ah cielos!
Comiéndome estoy de celos
que son del amor piojos.
  Agora van maldiciones:
plegue a Dios, Sara enemiga,
que se te vuelvan de ortiga
las sábanas y colchones.
  Plegue a Dios que al acostar
tropieces en un caldero,
y que un gato majadero
no te deje reposar.
  Plegue a Dios que estén templando
un clavicordio hasta el día,
y un vecino chirimía
se esté a solas enseñando.
  Plegue a Dios...


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DEMONIO:

¡Tanto plegar!

BATO:

Que un ratonazo travieso,
sospechando que eres queso,
te coma el dedo pulgar.
  Plegue a Dios que alguna chinche
tu dulce sueño quebrante,
que un asno su solfa cante,
y que un rocín te relinche.
  Plegue a Dios se encienda fuego
y te queme, como a mí,
y nadie se junte a ti
hasta que te vea un ciego.
  Perdona, aunque eres mi dueño:
doyte lo que amor me dio,
y cuando no duermo yo,
a todos dé Dios mal si sueño.
(Vase.)

DEMONIO:

  Más pesadas maldiciones
les esperan a los dos.
(Habla la VOZ por el velo de plata.)

VOZ:

¡Asmodeo!

DEMONIO:

Inmenso Dios,
tu luz a mi noche opones.

VOZ:

  Licencia te doy que mates
de Sara el lascivo esposo.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DEMONIO:

¡Oh, precepto venturoso,
de esto me huelgo que trates!
  A toda carne mortal
aborrezco con rigor,
y así me alegro, Señor,
que me mandes hacer mal.
  Entro a quitarle la vida
antes que se llegue a Sara;
que aun de aquella hermosa cara
tengo envidia conocida.
  Querría que los deleites
del hombre aun fuesen tan malos:
que estos mortales regalos
fuesen fealdades y afeites.
  Sara no se diferencia
de un ángel de mi Señor,
cuando con tal resplandor
fui lucero en tu presencia.
  Allá voy; mano, apretad
el cuello al lascivo esposo;
que le es a Dios enojoso
no ver limpieza y verdad.
  Han de tratar los casados
limpiamente el matrimonio
como han dado testimonio,
todos los Padres pasados.
  Porque si ha de descender
Dios a la tierra, es razón
que su línea de varón
casta y limpia haya de ser.
  No tengo alegría igual
como cuando Dios permite
que a alguno la vida quite;
tanto me deleita el mal.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Vase, y sale TOBÍAS EL VIEJO.)
TOBÍAS VIEJO:

  Cansado de enterrar vengo
cuerpos de pobres difuntos,
pero satisfecho no,
y a mis pocas fuerzas culpo.
Recibe, Señor, mi intento;
que quisiera poder mucho;
mísera nada es el hombre:
tú eres Dios eterno y sumo.
De polvo, Señor, me hiciste:
en cubrir de polvo cumplo
con mi propio natural,
aunque servirte procuro.
Quiérome aquí recostar;
que el cuidado con que lucho
no es poco me obligue a sueño;
con esto la cama excuso.
Dadme, pared, vuestro arrimo,
y estad vos un poco mudo,
pajarillo, mientras duermo,
pues nido en mi casa os cupo;
a vuestros golondrinillos
decid que el chillido suyo
templen en tanto que aquí
descansa un viejo caduco.
O dadles vos de comer
sobre esas pajas y juncos,
y pues a niño me vuelvo,
serviránme sus arrullos.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Salen ANA y RUBÉN.)
RUBÉN:

Ésta es ya su condición:
no ha de haber cuerpo insepulto
a quien no cubra de tierra.

ANA:

Que estoy cansada te juro.

RUBÉN:

¿Dónde está, señora, el mozo?

ANA:

En lo que su padre estuvo.

RUBÉN:

Acto piadoso es el dar
sepultura a los difuntos.

ANA:

Es verdad; pero poner
la vida a peligro, culpo.

RUBÉN:

Obligar a buen señor
siempre honroso premio tuvo.
¡Oh! Hele allí donde duerme:
¡Señor!

ANA:

¡Tobías!

TOBÍAS VIEJO:

Escucho
tu voz, mas no puedo abrir
los ojos.

ANA:

Toda me turbo;
¿qué tienes?


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TOBÍAS VIEJO:

Las golondrinas
que albergan los troncos duros
de esos techos, me han cubierto
los ojos.

RUBÉN:

Lo que es presumo:
que aquel estiércol caliente
cegarle los ojos pudo.

ANA:

¡Ay, miserable de mí!
(Sale TOBÍAS EL MOZO.)

TOBÍAS VIEJO:

Avecitas, yo os disculpo;
porque si Dios no quisiera,
su siervo estaba seguro;
yo le doy gracias.

TOBÍAS MOZO:

¿Qué es esto?

ANA:

¡Hijo, no sé cómo sufro
tantas desgracias!

TOBÍAS MOZO:

Mi padre,
¿quién de esta manera os puso?

TOBÍAS VIEJO:

La voluntad del Señor
y esos pajarillos rudos
que no advierten en el daño;
a mis culpas lo atribuyo:
está Dios de mí ofendido.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ANA:

Ése es muy lindo discurso;
tened agora paciencia
y decidnos que no supo
el ave el dañío que hizo;
haceos santo, pintaos justo;
¿a dónde está la esperanza
por quien a tantos desnudos
vestistes, y de comer
distes a tantos ayunos,
por quién sepultastes muertos?

RUBÉN:

Señor, con razón acuso
vuestras piedades, si el cielo
las paga a ciento por uno;
que bien ciego acabaréis
de tan larga vida el curso;
pobre de daros a pobres
sin guardar asilo alguno:
mejor fuera...

TOBÍAS VIEJO:

No queráis
seguir el bárbaro impulso
de la ira, ni palabras
habléis que me den disgusto;
hijos de santos nacimos:
la vida esperamos juntos
que Dios prometida tiene
y que en su nombre le anuncio
a quien su fe no dejare.


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La historia de Tobías Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ANA:

¡Qué bien la vida entretuvo
en hacer a todos bien!
¡Qué bien su hacienda dispuso
para la vejez cansada
y para este amargo punto!

TOBÍAS MOZO:

¡Madre, no le deis dolor;
en buenos pasos anduvo
desde sus más tiernos años!

ANA:

¿Tú le disculpas?

TOBÍAS MOZO:

Disculpo
sus obras, de virtud llenas.
Dios, cuyo inmenso y profundo
entendimiento no puede
entender otro ninguno,
sabe la causa y razón.

TOBÍAS VIEJO:

El Dios que su pueblo trujo
a tierra de promisión
con mil victorias y triunfos,
y cubrió los altos carros
del rey Faraón perjuro,
sus caballos y sus armas
con la arena del mar Rubio,
te dé su gran bendición;
dame estos hombros, que gusto
de que mi báculo seas
hasta llegar al sepulcro.

TOBÍAS MOZO:

¡Dios os guarde, padre mío!

TOBÍAS VIEJO:

De esto, aunque ciego, te alumbro;
que la paciencia en los males
es el mayor bien del mundo.


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Acto II
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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


Salen BATO y TAMAR.
BATO:

  Ando, Tamar, asombrado
y como fuera de mí:
siete veces se ha casado
después que al monte me fui
a apacentar mi ganado.

TAMAR:

  Siete son, Bato, con esta
las que se ha casado Sara;
pero apenas manifiesta
el alba su lumbre clara,
cuando es entierro la fiesta;
  que antes del amanecer
ya estamos todos llorando.

BATO:

¡Siete veces! Puede ser,
Tamar, que te estés burlando;
¿es de bronce esta mujer?

TAMAR:

  Siete con este marido,
que los seis ya se los cubre
la tierra.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Valiente ha sido,
pues en tan extraña guerra
siete veces ha vencido:
  ¡Oh! si nos diera unas señas,
si no dices testimonios
para que de ciertas dueñas
cesaran los matrimonios
que diz que duran por peñas!
  Es hermosa: habrá vencido
con hermosura la vida
del más robusto marido.
¡Oh terrible esposicida,
pues que de tantos lo ha sido!
  ¡Voto al sol! que fui dichoso
en no poder merecer
ser de mi señora esposo;
que con tan fuerte mujer,
¿quién puede ser poderoso?
  Ya estuviera el pobre Bato
hecho, sin carne y sin liato,
calavera de rocín.

TAMAR:

Ya espera Ragel el fin
de aqueste a su vida ingrato,
  que anoche se desposó
habiéndose muerto seis.

BATO:

¿Cómo este hombre se atrevió?


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

Porque, en fin, hombres nacéis
y porque amor le obligó;
  es tan grande la belleza
de Sara, que aunque ven muertos
tantos con tanta fiereza,
y están de su muerte ciertos,
y él se la da con tristeza,
  se oponen mil cada día.

BATO:

¡Oh, gran fuerza de hermosura!
De mí jurarte osaría,
que amándola con locura
quiero más la vida mía!
  Si fuera cuatro docenas
de palos, yo los tomara
con cuatro mil norabuenas
por la belleza de Sara,
de que están las almas llenas.
  Pero morir por conciertos
son casos muy desastrados
si no son ejemplos ciertos,
por decir que los casados
todos amanecen muertos.

TAMAR:

  Antes no hay más dulce vida
que la de un casado.

BATO:

Siento
que es acertando escogida,
mas errando el casamiento,
muerte cierta y conocida.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

  Tú no debes de saber
el secreto de estas muertes.

BATO:

¿Qué secreto puede haber?

TAMAR:

¿Luego de todas no adviertes
que es la causa esta mujer?
  Porque un espíritu fiero
de noche se los ahoga
como de este novio espero,
si no es que el cielo deroga
esta ley con el postrero.
  Que este número de siete
más felicidad promete:
Dios cielo y tierra crió
en siete días, y dio
quien mar y tierra sujete,
  y descansó en ese día:
y así puede ser que ahora
descanse quien esto guía.

BATO:

¿Espíritu?

TAMAR:

Mi señora
lo dice.

BATO:

Pues, Tamar mía,
  dame presto mi recado
de harina, de aceite y sebo.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

Parece que te has turbado.

BATO:

Dame presto lo que llevo
por todo el añío al ganado,
  que no he de volver acá.
Espíritu, ¿y dónde está
ese que ahoga maridos?

TAMAR:

Por lascivos y atrevidos,
Bato, la muerte les da.
  Mas tú ¿qué tienes que ver?

BATO:

Si yo he deseado ser
marido también de Sara,
¿no puede matarme?

TAMAR:

Para:
di que yo soy tu mujer.

BATO:

  Más peligro.

TAMAR:

¿Cómo?

BATO:

Advierte
que si ese Espíritu fuerte
a esos novios muerte da,
algún criado tendrá
para que nos dé la muerte,
  o viniendo de ganar
siete muertes de barato,
si se debe, del pesar
dará la muerte de Bato
por marido de Tamar:
  no me casare en mi vida:
Espíritu, estoy temblando.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

Luego que el alba vestida
de oro y luz se va mostrando,
se vee la cama homicida.

BATO:

  Déjame, por Dios, Tamar;
que estoy temblando de miedo.
(Salen RAGEL y CRIADO.)

RAGEL:

Aún no me atrevo a llegar.

CRIADO:

Ni yo parece que puedo
tantas desdichas mirar.

RAGEL:

  Corred aquesa cortina.
(Véase en una cama el desposado y el DEMONIO que le ahoga, y SARA de rodillas, vestida.)
¿Qué es esto?

DEMONIO:

Ya te obedezco,
alta majestad divina.

RAGEL:

¿Posible es que ver merezco
mi casa en tanta rüina?

DEMONIO:

  Tú, que en trono de marfil
y electro, asiento tomaste,
manda a este espíritu vil;
que como siete mandaste
mataré setenta mil.
  Manda a quien tienes cautivo,
que con fuerza poderosa
no deje ni un hombre vivo:
porque hacer mal es la cosa
de que más gusto recibo.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Quítase el DEMONIO.)
RAGEL:

  Sara, ¿qué es esto?

SARA:

Señor,
Men sabe Dios mi inocencia.

BATO:

Temblando estoy de temor.

RAGEL:

El cielo nos dé paciencia,
y en tantas penas valor:
  cerrad, e iremos a dar
a mi yerno sepultura.

SARA:

Ya no sé cómo llorar,
padre, tanta desventura,
aunque me convierta en mar;
  Dios, cuya bondad inmensa
los pensamientos conoce,
si alguno engañado piensa
que no quieres que me goce
por ocasión de mi ofensa,
  tú sabes bien la pureza
de mi pensamiento casto.

RAGEL:

Muriendo voy de tristeza;
que para mirar no basto
tal tragedia en tu belleza.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  Detente un poco, Tamar:
no me dejes solo aquí.

RAGEL:

Éstos te pueden guardar
mientras yo, Jorán y Elí,
vamos la tierra a cavar.

SARA:

  ¡Que le dé tantos enojos
esta mi vana hermosura!

RAGEL:

Demos tierra a sus despojos,
que no la hallaréis muy dura
regándola con mis ojos.

BATO:

  Tamar, vuelve acá: detente.

TAMAR:

Vela el difunto entretanto,
Bato, que vuelve esta gente:
¿qué tienes?

BATO:

Tiemblo de espanto.

TAMAR:

¡Qué enamorado valiente!


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  Mándame tú que revuelva,
la onda, y con un guijarro
a un lobo en su sangre envuelva,
o que al león más bizarro
tire un venablo en la selva;
  mándame que tenga un toro
del cuerno hasta que el arena
bese en tu honor y decoro;
mándame que a una colmena
castre los panales de oro,
  y no me mandes que vele
un difunto, y mas que ha muerto
en desgracia de Dios.

TAMAR:

¿Suele
levantarse alguno?

BATO:

Advierto
que ya este difunto huele,
  y que conviene sacalle
del aposento a la calle,
por que no dé pestilencia.

TAMAR:

Si no ha muerto de dolencia,
sino de sólo ahogalle,
  no puede ser ni percibo
olor ninguno por cierto.


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BATO:

Yo notable le recibo,
o es que el mal olor del muerto
se va pasando a algún vivo;
  huéleme a ver.

TAMAR:

Miedo tienes:
voyme por no te sufrir.

BATO:

Tamar, si luego no vienes,
para dos te sé decir
que sepultura previenes.
  El Diablo me trujo acá:
heme aquí solo, y el muerto,
puesto que cubierto está;
mas ¿qué importa estar cubierto?
Si él quiere salir, podrá.
  No sé qué tengo de hacer:
sospecho que se levanta:
ya se comienza a mover:
o es la sombra que me espanta;
sí, sombra debe de ser.
  Señor muerto, por amor,
también soy enamorado:
no se levante, señor,
que en verdad que me ha pesado
su desgracia. ¡Qué temor!
  Hablan, sí: sin duda es él.


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(Dicen dentro.)
[VOZ]:

Sepultémosle con él.

BATO:

Mas que lo dicen por mí:
novio en pensamiento fui:
por Dios que es cosa cruel.
(Dentro.)

[VOZ]:

  Vayan por él luego al punto.

BATO:

Que vengan por mí les manda.
(Dentro.)

[VOZ]:

Todo el vestido está junto.

BATO:

Ya tras mis vestidos anda,
¡que codicioso difunto!
(Dentro.)

[VOZ]:

  Bien grande es la sepultura:
dos cabrán, cuanto más uno.

BATO:

Dos dicen: mi desventura
me trajo a ser importuno;
en tan mala coyuntura
  nunca yo me enamorara;
señor muerto, yo no soy
de los casados con Sara.


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(Dentro.)
[VOZ]:

Ya voy por él.

BATO:

¿Qué es «ya» voy?
Por mí vienen, cosa es clara.
(Dentro.)

[VOZ]:

  Véngame a ayudar alguno.

BATO:

Como han de llevar a dos,
ayuda pide importuno:
pues no me han de hallar por Dios,
ni llevar dos, sino el uno.
  A la cocina me voy
y tras mí cierro la puerta:
ya huelo a muerto o lo estoy.
(Dentro.)

[VOZ]:

Dadme el azadón y espuerta.

BATO:

Espuerta; yo el vivo soy.
(Vase, y salen TOBÍAS ciego y su hijo.)

TOBÍAS VIEJO:

  El principio del saber
es, hijo, el temor de Dios:
éste aprendamos los dos;
que no hay tan alto aprender.
  Teme a Dios, hijo, y sabrás
la mayor sabiduría:
ama y teme, y cada día
sabrás de su ciencia más.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS MOZO:

  Padre, con tales consejos
el que no se aprovechase,
¿quién hay que le disculpase?

TOBÍAS VIEJO:

No hay libro como los viejos.
  Y aunque soy libro cerrado,
porque en efecto soy ciego,
que me leas bien te ruego,
pues que Dios vista te ha dado.
  Que estoy por cosas extrañas,
ya en los caducos despojos,
cerrado de hojas de ojos,
y abierto de alma y entrañas.
  Que si aquestas hojas son
de arrugado pergamino,
que te han de ser imagino
de divina erudición.

TOBÍAS MOZO:

  Señor, mi madre ha venido
de su labor.

TOBÍAS VIEJO:

¡Gran valor!
Susténtanos su labor;
mas ¿que es eso que ha traído?
  Que pienso que oí balar
un cabrito.

TOBÍAS MOZO:

Verdad fue.
Hoy con aqueste podré
mi familia sustentar.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

  Ana, ¿qué es eso?

ANA:

Un cabrito
que por mi labor me han dado.

TOBÍAS VIEJO:

Ana, mirad no sea hurtado:
ya veis el precepto escrito,
  no nos conviene comer
ni aun tocar a cosa hurtada:
al dueño, mujer amada,
luego le podéis volver.

ANA:

  ¿Hay malicia semejante,
disfrazada en santidad?

TOBÍAS MOZO:

Madre, madre, perdonad:
no prosigáis adelante.

ANA:

  ¡Oh, qué bien has merecido
el vano premio que alcanza
el fruto de tu esperanza,
por dar limosnas perdido
  ¡Ea, enterrador de muertos,
desenterrador de vivos,
con tan inciertos recibos,
después de gastos tan ciertos!
  Murmura fundando en bien
la condición de hablar mal.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Híncase de rodillas TOBÍAS VIEJO.)
TOBÍAS VIEJO:

Padre Eterno celestial,
cuyos altos ojos ven
  la tierra, el aire, la mar
y hasta el pensamiento humano,
oye mi oración.

ANA:

¡Qué en vano
llora!

TOBÍAS MOZO:

No es vano el llorar.

ANA:

  Agora gime.

TOBÍAS MOZO:

Señora,
ese llanto miserable,
que a su barba venerable
de sus ojos baja agora,
  no ha sido sino ocasión,
ni dará esperanzas vanas
la hierba de tales canas
regada con tal sazón.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

  Justo eres, Señor divino,
y tu jüicio y bondad,
misericordia y verdad
y jüicio es tu camino.
  En tan míseros estados.
de mí te acuerda, Señor,
y no tome tu rigor
venganza de mis pecados.
  Señor, no te acuerdes dellos
ni de los vanos errores
de nuestros antecesores,
si nos castigas por ellos.
  Tus preceptos quebrantamos:
por eso en castigo fuerte
nos das perdición y muerte
y el cautiverio en que estamos.
  Por eso quieres que demos
risa, fábula y baldones
a las extrañas naciones
donde esparcidos nos vemos.
  Agora son tus secretos
grandes porque no anduvimos
sinceramente, ni fuimos
humildes a tus preceptos.
  Finalmente, gran Señor,
haga en mí tu Majestad
conforme a su voluntad,
pero merezca un favor:
  que en paz mandes recibir
mi espíritu, porque ya
conveniente me será
más que el vivir el morir.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS MOZO:

  A lágrimas me ha movido:
su muerte le pide a Dios;
llevémosle entre los dos,
que está en extremo afligido,
  donde descanse y sosiegue.

ANA:

Pésame de haber hablado:
no esté Dios conmigo airado,
aunque él su muerte le ruegue.

TOBÍAS MOZO:

  Vamos, padre de mi vida,
enjugad el tierno llanto;
que en darme veneno tanto
vendréis a ser mi homicida;
  que sabed que me desalma
¡oh lengua, qué presto pecas!
Ver sobre hierbas tan secas
perlas del alba del alma.
  No entendí yo en la distancia
de cosas tan diferentes,
que unas tan cerradas fuentes
dieran agua en abundancia.
  Pero ya estoy satisfecho
viendo que lloráis, señor;
que la llave del dolor
abre el aljibe del pecho.
  Ciego estáis; mas he notado,
aunque por mi desconsuelo,
que cuando más llueve, el cielo
es cuando está más cerrado.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS MOZO:

  Mostrad el claro arrebol
con que mi ingenio alumbráis:
no lloréis más si lloráis,
pues habéis de ser mi sol.
  De escribir me dais lición:
mal con lágrimas se pinta
la letra, porque es la tinta
más blanca del corazón.
  Perlas lloráis por desprecio;
pero como ciego estáis,
no viendo lo que lloráis,
no podéis saber su precio.
  Que esos pedazos de hielo
son perlas tan soberanas,
que las detienen las canas
porque no caigan al suelo.
  Mas venid, padre, conmigo,
porque un rato descanséis
si en mí descanso tenéis
como en verdadero amigo.

TOBÍAS VIEJO:

  Hijo, siempre te enseñé
a traer muertos en los brazos;
tierra soy: tú los pedazos
que de mi tierra formé.
  Dame sepultura en ti,
entretanto que estoy vivo.

TOBÍAS MOZO:

En mi virtud te recibo
para que vivas por mí.
(Vanse, y salen TAMAR, BATO y SARA.)
  Siempre has de estar, ignorante,
con las criadas.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio



BATO:

No soy
mal criado, pues estoy
con ellas tan adelante.

SARA:

  ¿Y tú, sin vergüenza alguna,
consientes esto a un pastor?

TAMAR:

No me culpes de su error
y condición importuna;
  que es un villano cansado,
muy amigo de cocina.

BATO:

¿Y en qué ley se determina
que eso se tenga a pecado?
  ¿Hay por dicha mandamiento,
si dos mil vueltas le das,
de «En cocina no estarás
cuando hay lumbre y sopla el viento?»,
  Ni se puede bien culpar
a un hombre.

SARA:

Pues, ¿quién te inquieta?

BATO:

Un poyo con su carpeta
que está llamando a sentar.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  Adonde están las mujeres
no han de entrar hombres, villano,
ni en invierno ni en verano.

BATO:

¿Y tú la discreta eres?
  Pues dime:¿estarán mejor
donde las bestias están?

SARA:

No, sino al campo se irán
a entender en su labor.
  La mujer amase, cueza,
guise, labre; el hombre a arar,
podar, cavar y cortar
leña.

BATO:

Quebrar la cabeza.
  ¿Dios no dio por compañera
de sus trabajos a Adán,
a Eva? no sólo el pan.
Que el sudor de entrambos era.
  Aquí la cojo.

SARA:

Es verdad:
pues trabajen los dos juntos
y no hay por qué andar en puntos.
Partiéndole la mitad
  del sudor, cabrá en la casa
la mujer, y allá tome
el campo el hombre.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Cogióme.

SARA:

La mujer cuece y amasa
  en casa; por eso el hombre
siega y siembra.

BATO:

No te espante
que un labrador ignorante,
pues le disculpa este nombre,
  tal vez entre a calentarse.

SARA:

Si la estopa viene al fuego,
¿qué puede haber?

BATO:

Arder luego,
eso no puede negarse.

SARA:

  Pues id allá noramala
donde los bueyes están.

BATO:

Denme pan.

SARA:

Daránle pan:
vaya a esperarlo a la sala.

BATO:

  Denme queso.

SARA:

¿Regalitos?


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

A la cocina me voy.

SARA:

Por hacerle dar estoy...

BATO:

Torreznos con huevos fritos.

SARA:

  No, sino crudos y palos.

BATO:

Denme vino.

SARA:

Allá a Teresa.

BATO:

Denme sebo y una artesa,
que artesas no son regalos,
  o vuélvome a la cocina.

SARA:

Eso le darán después.

BATO:

Y denme para este mes
costal y medio de harina.

SARA:

  ¡Mas que me voy enojando,
y que ha de llover sobre él!

BATO:

¿Mas qué?

SARA:

¡Ah señor, ah Ragel!


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿No ve que me estoy burlando?
  Vuelva, mire que me voy:
cuente los pasos, sí, a fe:
uno, dos, tres. ¿Volveré?

SARA:

No.

BATO:

Pues en el poyo estoy.
(Vase.)

SARA:

  Por ti, Tamar, por tu culpa
me han de perder el respeto,
por ti; pues yo te prometo...

TAMAR:

¿Por mí?

SARA:

Pues ¿tienes disculpa?

TAMAR:

  ¿Ellos no se entran allá?

SARA:

Si tú ocasión no le dieras,
le incitaras, le dijeras:
entra, que no hay nadie acá,
  no se atreviera un villano
tan rústico, que en mil días
no ve esta casa.

TAMAR:

Aún porfías.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

Es darme disculpa en vano,
  desvergonzada, atrevida,
loca, sin honestidad,
sin recato, sin verdad.

TAMAR:

Tú eres santa y recogida;
  a la fe que no veamos
hijo ni hija de ti
sobre la tierra.

SARA:

¡Ay de mí!

TAMAR:

Ni fruto que bendigamos.
  ¡Matadora de maridos,
que no sé cómo la fama
de la espada de tu cama,
no les abre los sentidos!
  ¿Querrásme matar a mí
como a los siete mataste?
Pues a fe que te engañaste,
que me he de guardar de ti.
(Vase.)


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  ¡Esto escucho a una mujer
que me sirve! ¡muerta soy!
¡Dios mío, quejas os doy!
Vos solo podéis saber
  si soy en esto culpada
de las afrentas que veo,
y si yo, por mi deseo,
fui tantas veces casada.
  Señor, yo no he deseado
mis casamientos, que ordena
vuestro gusto para pena
de algún notable pecado,
  o porque Vos me guardáis
para lo que Vos sabéis;
que algún secreto tenéis
en lo que conmigo obráis.
  Irme quiero a mi aposento,
a donde las ansias mías
os muevan, porque en tres días
no pienso probar sustento.
  Con lágrimas y suspiros,
siempre estaré en oración,
porque bien sé yo que son
para vuestro pecho tiros.
  Y pues que no hay mejor medio,
creedme que con llorar
os tengo de importunar
hasta que me deis remedio.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Vase, y sale en lo alto el ÁNGEL RAFAEL, puesto en la invención, y dice la VOZ desde dentro.)
VOZ:

  Oye, Rafael.

RAFAEL:

Señor.

VOZ:

Dos oraciones oí
de dos personas que aquí
me están pidiendo favor.
  En Nínive está Tobías,
y Sara vive en Ragés:
favor quiero que les des.

RAFAEL:

Ya parto donde me envías.

VOZ:

  Pues baja con forma humana;
que allí sabrás lo que quiero.

RAFAEL:

Ya tu inspiración espero
y voluntad soberana.
(Baja con música y dice abajo.)
  ¡Oh, cuánto debe a la bondad divina
el hombre, pues le pone en tal cuidado,
pues aun airado del primer pecado,
el grave oído a su oración inclina!
Mientras venir al mundo determina
su santo Verbo, a quien está postrado
el Serafín en gracia confirmado,
que en el crisol de Dios el oro afina,
regala el pueblo de quien carne espera
tomar por bien del hombre el dulce día
que baje a donde por librarle muera.
¿Qué más clara piedad, pues hoy me envía
para que al hombre, cuando errar pudiera,
le sirva un ángel de defensa y guía?
(Vase.)


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen TOBÍAS EL VIEJO y EL MOZO, y ANA, su mujer.)
TOBÍAS VIEJO:

  Hijo, en aquesta ocasión
quiero que me estés atento,
por ser la que más te importa.

TOBÍAS MOZO:

Mi padre, ya os obedezco.

TOBÍAS VIEJO:

Oye, hijo, mis palabras,
y ponlas por fundamento
de tu corazón.

TOBÍAS MOZO:

¡Ay, padre!
Santos son vuestros consejos.

TOBÍAS VIEJO:

Cuando Dios me lleve a sí,
darás sepulcro a mi cuerpo:
tendrás en honra a tu madre,
acordándote que fueron
de tu carne sus entrañas
nueve meses aposento.
Y cuando ya de su vida
cumpliere el preciso tiempo,
sepúltala junto a mí,
allá honor y aquí consuelo,
siempre a Dios mientras vivieres
tendrás en tu entendimiento,
y guárdate de pecar,
ni quebrarle algún precepto.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

De tu hacienda harás limosna,
a ningún pobre volviendo
el rostro, y harás ansí
que no te le vuelva el cielo:
como tuvieres darás
lo poco o mucho partiendo,
si mucho, mucho; si poco,
poco, y con rostro risueño.
Para tu necesidad
tesaurizas alto premio;
limosnas cubren pecados
y libran del fuego eterno.
En tu sentido, o tu boca,
jamás haya pensamiento
de soberbia; que es principio
de perdición ser soberbio.
Agradece el bien al punto:
no te quedes con el sueldo
del hombre que te sirviese,
ni amistad de amigo o deudo;
ni fuera de tu mujer
ocupes lugar ajeno;
viste al que vieres desnudo,
da de tu pan al hambriento,
y no quieras para nadie
lo que para ti no es bueno.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

Ofrece tus oraciones,
y vino y pan por los muertos,
y no comas con los malos:
toma del sabio consejo.
Darás a Dios, hijo mío.
alabanza en todo tiempo;
pide que tus pasos guíe:
no salgan dél tus deseos.
Quiero que sepas también
que cuando eras niño tierno
presté a Gabelo en Ragés,
y esto en plata, diez talentos.
Y aunque ya siento tu ausencia,
quiero que vayas por ellos,
y a Gabelo restituyas
su firma y conocimiento.
No temas, hijo, aunque agora
tan pobre vida pasemos;
que muy rica la esperamos,
y con tesoros inmensos,
si temiéremos a Dios,
y guardando sus preceptos,
de pecar nos apartamos
y al prójimo bien hacemos.

TOBÍAS MOZO:

Cuanto me habéis enseñado
haré, padre, muy contento,
mas no sé cómo podré
cobraros ese dinero;
ni él me conoce, ni yo
le conozco; ¿cómo puedo
pedírselo, o con qué señas?
Y el camino, fuera de esto,
de ningún modo le sé.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

Cuanto al dinero, yo tengo
el conocimiento aquí,
que en viéndole, estoy muy cierto
le pague de buena gana,
con justo agradecimiento.
Cuanto al camino, algún hombre
puedes buscar que sea diestro,
y porque te lleve y guíe
le daremos su estipendio.

TOBÍAS MOZO:

Pues yo voy, padre, a buscarle.
(Sale RAFAEL.)
Pero detente, mancebo.

TOBÍAS VIEJO:

¿A quién llamas?

TOBÍAS MOZO:

Por la calle
pasa un caminante bello.

TOBÍAS VIEJO:

¿Pues en qué ves que camina?

TOBÍAS MOZO:

En el bordón y sombrero.

RAFAEL:

¿Llámasme?

TOBÍAS MOZO:

A ti te llamo.

RAFAEL:

¿Qué me quieres?


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS MOZO:

¿De do bueno?

RAFAEL:

De los tribus de Israel.

TOBÍAS MOZO:

¿Sabes mancebo, aunque lejos,
el camino de Ragés,
en la región de los Medos?

RAFAEL:

Sí, que mil veces le anduve,
porque he estado con Gabelo.

TOBÍAS MOZO:

¿Con Gabelo?

RAFAEL:

Sí.

TOBÍAS MOZO:

Por Dios,
que me esperes un momento.
Padre, el mancebo que os dije
sabe el camino que emprendo,
y la ciudad, porque ha estado
con Gabelo.

TOBÍAS VIEJO:

Buen suceso;
llégale a mí, por tu vida.

TOBÍAS MOZO:

Yo voy; peregrino bello,
mi padre te quiere ver:
entra a su pobre aposento.


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RAFAEL:

Vamos, Dios te salve y dé
alegría, honrado viejo.

TOBÍAS VIEJO:

¿Qué alegría, noble joven,
si en las tinieblas me asiento
y de la luz celestial
como me miras carezco?

RAFAEL:

Buen ánimo: ya se acerca
tu cura.

TOBÍAS VIEJO:

¿Podrás, mancebo,
llevar mi hijo, y tendrás
a la vuelta cierto el premio?

RAFAEL:

Yo me ofrezco de llevarle,
y de volverle me ofrezco.

TOBÍAS VIEJO:

Dime de qué casa eres,
y de qué tribu, te ruego.

RAFAEL:

¿Buscas caminante noble,
o caminante maestro
para que enseñe a tu hijo?
Mas porque no estés suspenso,
yo soy Azarías, hijo
de Ananías, no el pequeño,
sino el grande.

TOBÍAS VIEJO:

De gran casa;
pero como viejo y ciego,
te pido que me perdones
las preguntas que te he hecho.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


RAFAEL:

Yo te traeré el hijo tuyo
sano y salvo.

TOBÍAS VIEJO:

Así lo creo;
id enhorabuena, y Dios
sea en el camino vuestro:
su Ángel santo os acompañe.

TOBÍAS MOZO:

Lo necesario llevemos.

ANA:

Estas alforjas, Tobías,
aunque de poco provecho,
tienen algo.

TOBÍAS MOZO:

Este bordón
para muchas cosas llevo:
el perro se regocija;
¡to! Melampo, lindo perro,
¿quieres caminar conmigo?
Dice que sí, caminemos;
padres, adiós.

RAFAEL:

Mis señores,
adiós.

TOBÍAS MOZO:

¡To! Melampo: creo
que no nos has de dejar;
padres, Dios me vuelva a veros.
(Vanse.)


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ANA:

¿Qué es lo que has hecho? Rompiste
el báculo y el gobierno
de nuestros años. ¡Pluguiera
a Dios que nunca el dinero
a Gabelo hubieras dado!
La pobreza que tenemos
era riqueza con él.

TOBÍAS VIEJO:

No llores: sosiega el pecho;
sano volverá a nosotros
nuestro hijo, porque pienso
que el Ángel de Dios le guía;
que sus cosas disponiendo,
nos le volverá con gozo.
{{Pt|ANA:|
En su piedad santa espero.

TOBÍAS VIEJO:

Esperanza puesta en Dios,
siempre tiene a Dios por puerto.
(Vanse, y sale BATO con una cesta, y JORÁN.)

BATO:

  Hechas ya las amistades,
según me ha dicho, señor,
y porque siempre el amor
paga en ricas voluntades,
  traigo un presente a nuesama
de lo mejor que topé.

JORÁN:

¿Qué tal el enojo fue?


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿No te le ha dicho la fama?
  Pues ¡voto a mi sayo el viejo!
Que me dicen que en tres días
no comió por más porfías:
tal la tuvo el sobrecejo.

JORÁN:

  Tres días oí decir
que estuvo Sara llorando,
mas era al gran Dios orando.

BATO:

De eso fue causa el reñir,
  porque dicen que Tamar
la llamó matamaridos.

JORÁN:

¡Qué palos bien merecidos!

BATO:

Yo me pretendo casar
  con ella a ese efeto solo.

JORÁN:

¿Qué efeto?

BATO:

Dalle una tunda
de palos.

JORÁN:

La vez segunda
que casó con ella Etolo,
  había de escarmentar
su padre, y no esperar siete.


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BATO:

Parecen puercos que mete
por el Noviembre a matar;
  hétela aquí, ¡voto a mí!

JORÁN:

Con ella viene Ragel.
(Salen RAGEL y SARA.)

RAGEL:

Pues vaya Sara, Ismael.

JORÁN:

Mientras hablaren aquí,
  a Bato quiero engañar
con un disfraz, de tal modo,
que me dé el presente todo,
y ayudaráme Tamar.
(Vase.)

SARA:

  Yo haré que vaya al ganado
y que llame los pastores.

RAGEL:

Haz que vengan los mejores
y más valientes del prado.

SARA:

  Vete a prevenir a Elí.

RAGEL:

Ya voy.

BATO:

Y yo a verte llego,
(Vase RAGEL.)
Más que de vergüenza, ciego
de ver la luz que hay en ti.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  ¡Bato!

BATO:

Dame diez estrellas
sólo con las manos darme,
para que pueda alabarme
que puse la boca en ellas.

SARA:

  Seas, Bato, bien venido.

BATO:

Señas son que ya no estás
enojada.

SARA:

Nunca más;
¿qué es eso que me has traído?

BATO:

  En buena confirmación
destas santas amistades,
que duren por más edades
que el tribu de Zabulón,
  te traigo, Sara, en presente
toda esta cesta de cosas,
no preciosas, amorosas,
con ánimo diligente.
  Un queso tal, que bien creo
que hacerte ratón merece,
cuya corteza parece
que viene escrita en hebreo.
  No traigo frutas, ni enjutas
servas, ni pero ninguno
con su afeite, por si alguno
espera que pinte frutas.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  Que andan unos, no sé quiénes,
copiando y diciendo mal;
pero tráigote un panal:
tal viera yo tus desdenes.
  Con tantas casillas bellas
que las abejas hacían,
que parece que querían
aposentar las estrellas.
  Toda en encerados velos
su miel, porque las adules,
antes fue flores azules:
tal hace el amor los celos.
  Si como él casas, tuviera
almas, sin duda ninguna
que pusiera en cada una
un alma que te ofreciera.
  Traigo de tres ruiseñores
un nido con todo el colmo
de heno y paja, que de un olmo
bajé y entoldé con flores.
  Acá los puedes criar
con pasta de almendra y huevos,
muy menuda, que son nuevos
y no la podrán pasar.
  Después habrá corazón
tan picado como el mío,
y cantarán, yo los fío,
porque nacen en prisión.
  Que el que gozó libertad
como y, mal canta preso;
mas veréis cómo os confieso
mi pobreza y voluntad.
  porque en daros ruiseñores
digo que el presente es ruin,
y vos, señora, que en fin
lo sois de vuestros pastores.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  Estimo la relación
en tanto como el presente;
di a Tamar que te aposente
muy bien, que es mucha razón:
  y dale la cesta, y di
que me la guarde.

BATO:

Yo iré,
y la cesta le daré,
pues vos lo mandáis ansí.
  que después podré pediros
cierto favor.

SARA:

Aquí estoy.

BATO:

Contento en extremo voy.
(Vase BATO.)

SARA:

Yo quedo con mis suspiros;
  los cielos he consultado,
y al alto Dios he pedido
me libre, y pienso que ha sido
mi ruego humilde escuchado.
  Preguntar quiero a la tierra,
al prado, al eco y al viento,
y a mi propio pensamiento,
la paz de tan triste guerra.
  Que de falta de consuelo
tan vanos remedios sigo,
que me entretengo conmigo,
y mis desdichas desvelo.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Responden dentro con MÚSICA a los ecos de este soneto.)
SARA:

  ¿Qué es mi cuidado, paz o guerra?

MÚSICA:

Guerra.

SARA:

¿Va errado el gusto aquí encerrado?

MÚSICA:

Errado.

SARA:

¿Y habrá perdido por callado?

MÚSICA:

Hallado.

SARA:

¿Y si el deseo se desyerra?

MÚSICA:

Yerra.

SARA:

¿Cierro la puerta al mal que encierra?

MÚSICA:

Cierra.

SARA:

¿Tendré acaso algún bien prestado?

MÚSICA:

Estado.

SARA:

¿Pues qué es la suerte en mi cuidado?

MÚSICA:

Dado.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

¿Y todo lo que a Dios destierra?

MÚSICA:

Tierra.

SARA:

¿Vino mi bien dulce adivino?

MÚSICA:

Vino.

SARA:

¿Cómo iré a oír su voz gloriosa?

MÚSICA:

Osa.

SARA:

Pídale a Dios que no se impida.

MÚSICA:

Pida.

SARA:

¿Es esperarle desatino?

MÚSICA:

Tino.

SARA:

¿Pues posa cerca de su esposa?

MÚSICA:

Posa.

SARA:

¿Hay muerte ya que aquí resida?

MÚSICA:

Es ida.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  Tendré por felice agüero,
viento, esa dulce respuesta;
pues que ya el bien manifiesta
que de mi remedio espero:
  tan puramente he vivido,
señor, como sabéis vos,
que aun el pensamiento a Dios
no puede serle escondido.
  Todo sois ojos y manos,
todo lo sabéis y veis,
y como tal, conocéis
los pensamientos humanos.
(Sale BATO.)

BATO:

  Yendo a buscar a Tamar
para darle aquella cesta,
me dijo ahora Doresta
que era subida al pajar.
  Subí, y en lo más oscuro
un bulto blanco me habló
por mi nombre, y me obligó
a más de un fuerte conjuro.
  Díjome, en fin...

SARA:

¿Pues así
tiemblas?

BATO:

Temo que no vuelva.

SARA:

Bato, en el monte y la selva
duermes, ¿y tiemblas aquí?


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  Díjome que un año había
que en aquel pajar penaba,
que desde entonces estaba
sin comer.

SARA:

Muerto se habría.

BATO:

  Que la diese aquella cesta.

SARA:

¿Dístesela?

BATO:

¡Si me llamó
por mi nombre!

SARA:

Él te engañó;
necedad fue manifiesta.

BATO:

  Él no me ha engañado a mí,
sino a ti.

SARA:

Suceso raro.
¿a mí, por qué?

BATO:

¿No está claro,
si te di la cesta a ti?

SARA:

  Bien dices; voy a saber
quién es el muerto fingido.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Dijo que era tu marido.

SARA:

No te puedo responder.
(Vase SARA.)

BATO:

  Enojada se ha conmigo,
mal hice en nombrar los muertos,
ya de su tierra cubiertos;
otra vez soy su enemigo.
  Mas que me engañen a mí
con tantas harbas... ¿Qué haré?
Pero yo me vengaré;
cesta y amistad perdí.
(Vase, y salen TOBÍAS, el ÁNGEL y el perro.)

TOBÍAS:

  Apenas siento el áspero camino
con tus razones santas y agradables,
que aun parece que el perro que nos sigue
con el son de la voz recibe aliento.

ÁNGEL:

De tres maneras es, Tobías caro,
esta efusión de la bondad suprema,
que por generación es la primera,
y por expiración es la segunda,
y por creación es la tercera, advierte;
que las emanaciones dos primeras
son abeterno, y la tercera en tiempo;
de la cual solamente diré agora.

TOBÍAS:

¡Qué notable doctrina, qué divina!
Pero como es tu cara es tu doctrina.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ÁNGEL:

Entre criar, hacer y engendrar, vemos
gran diferencia, que el criar, de nada
hace que salga aquello que se cría,
mas lo que se hace de algo, se hace y sale,
porque hacer es obrar de otra materia.

TOBÍAS:

Concepto voy haciendo, aunque ignorante,
de lo que dices.

ÁNGEL:

Dios es de las cosas
de tres maneras causa: es eficiente,
ejemplar y final, mas de ninguna
puede ser material.

TOBÍAS:

Todo lo entiendo.

ÁNGEL:

Entre el obrar de Dios y la criatura,
hay esta diferencia: que Dios obra
en un instante, el ángel de repente,
y la naturaleza poco a poco;
los primeros principios de las cosas.
son de Dios inmediatos.

TOBÍAS:

Adelante.

ÁNGEL:

La materia y la forma...

TOBÍAS:

Espera un poco.
que hemos llegado al Tigris.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ÁNGEL:

Este río
se llama Tigris porque en lengua Media
Tigris quiere decir flecha, y su curso
es tan veloz, que le llamaron flecha
por la velocidad con que se escapa
de la cuerda del arco que la tira.

TOBÍAS:

Los pies quiero lavarme: que los traigo
llenos de polvo, si me das licencia.

ÁNGEL:

Aquí te aguardaré.

TOBÍAS:

Cristales puros,
no os ofendáis que en vos los pies me lave;
siéntome aquí.

ÁNGEL:

Descálzate.

TOBÍAS:

Comienzo.
Señor, señor, ayúdame.

ÁNGEL:

¿Qué es eso?

TOBÍAS:

Ayúdame, Azarías, que me quiere
tragar aqueste pez.

ÁNGEL:

Cógele y tira:
no hayas temor.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS:

Favor, divino cielo,
¡qué temeraria bestia!

ÁNGEL:

Ten buen ánimo.

TOBÍAS:

Ya le tengo en la tierra.

ÁNGEL:

Ábrele luego.

TOBÍAS:

Mejor será pasalle a aquella orilla.

ÁNGEL:

La hiel y el corazón has de sacalle.

TOBÍAS:

Aunque está palpitando se defiende;
mas corazón y hiel, ¿de qué aprovecha?

ÁNGEL:

Muy presto lo sabrás.

TOBÍAS:

Yo te suplico,
Azarías querido, que me digas
para qué serán buenos.

ÁNGEL:

Si en las brasas
pones el corazón, el humo solo
destierra los demonios, y no vuelven
eternamente a la mujer, o al hombre;
la hiel, puesta en los ojos del que es ciego
le da la vista.


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La historia de Tobías Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS:

¡Oh pez maravilloso!
Extraña es su virtud, mayor la tuya,
pues que sabes secretos tan extraños.

ÁNGEL:

Vamos donde le partas y le sales,
para que en el camino nos sustente.

TOBÍAS:

¡Gracias te doy, gran Dios Omnipotente!
Nunca el socorro de tus manos tarda.

ÁNGEL:

Pues deso sirve el Ángel de la Guarda.


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Acto III
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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Salen SARA y TAMAR.
TAMAR:

  Él tiene este pensamiento:
yo no lo he dicho a señor.

SARA:

Muero, Tamar, de temor
en oyendo casamiento.
  Pero en verdad que estarás
con Bato muy bien casada.

TAMAR:

A lo menos descansada,
para no pensarlo más.

SARA:

  En fin, ¿él te quiere bien?

TAMAR:

Él lo dice, y yo lo creo,
que el mirar muestra deseo,
como el no mirar desdén.
  No es Bato de los muy sabios:
es bueno para marido,
que un discreto, un presumido,
todo es puntos, todo agravios.

SARA:

  Antes le tengo por hombre
más malicioso que sano.

TAMAR:

Son malicias de villano,
que esas andan con el nombre.
  Háblale, y habla al señor:
así Dios te dé un marido
de quien, el temor perdido,
tenga sucesión tu amor.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

  Vete, que yo le hablaré,
pero entre tanto haz de modo
que te guardes dél.

TAMAR:

En todo,
tu recato imitaré.
  Al cernedero me voy,
que tengo el agua caliente.
(Sale BATO.)

BATO:

A un hombre que de honra siente,
y discreto como soy,
  mucho lastima un agravio.

SARA:

¿Dónde, Bato?

BATO:

¡Oh mi señora!
Aunque disimulo agora,
como lo aconseja el sabio,
  trazando voy todavía
como me pague Jorán
la burla.

SARA:

Dicho me han
que te casas.

BATO:

Bien querría
  si yo hallase una mujer
con solas dos condiciones.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

¿Dos? En lo justo te pones,
ya las deseo saber.

BATO:

  Nunca a la razón desvío,
señora, de lo que es justo:
que nunca hiciese su gusto
y que siempre hiciese el mío.

SARA:

  Mucho le pides en poco.

BATO:

Tengo nota de hombre sabio;
con este sello en el labio,
hará mucho hablando poco.

SARA:

  En fin, ¿tú quieres casarte
con Tamar?

BATO:

¿Cómo Tamar?

SARA:

Ella me ha venido a hablar
de tu parte.

BATO:

¿De mi parte?
  De la suya puede ser;
que yo más alto camino,
porque a no ser desatino
quisiera un ángel mujer.

SARA:

  ¿Pues quieres otra criada?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Si criada no estuviera.
ni la viera ni quisiera;
ya está criada y casada.

SARA:

  ¿Cómo casada?

BATO:

Y viuda
de más de un marido.

SARA:

Afuera
suena gente: un poco espera,
y advierte primero en duda,
  que si donde esté Tamar,
pues que casarte no quieres,
alguna vez estuvieres,
te haré por fuerza casar.
(Vase SARA.)

BATO:

  ¡Oh, pues, qué linda cosa el casamiento
para forzar con él a un hombre el gusto!
Que aun hecho con el gusto, al más a gusto,
algún azar impide su contento.
Llamaron al casar melón, que al tiento,
al olfato, a la vista, viene al justo,
pero puesto el cuchillo de un disgusto,
descubre la corteza el pensamiento.
Cuál está muy maduro, cuál muy duro,
cuál no tiene sabor y cuál amarga;
cuál, probado tina vez, no está seguro,
cuál lleno de pepitas, de hijos carga.
¡Dichoso quien le halló sabroso y puro,
de corta lengua y de paciencia larga!
(Vase.)


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen TOBÍAS y el ÁNGEL.)
TOBÍAS:

  ¿Dónde quieres que paremos?

RAFAEL:

Aquí habemos de parar.

TOBÍAS:

¿Quién vive aquí?

RAFAEL:

No hay lugar
a donde mejor posemos.
  Esta casa es de Ragel,
pariente tuyo cercano,
tiene una hija que en vano
la imita humano pincel.
  Ésta es única heredera:
por mujer la pedirás
y su hacienda heredarás,
porque a ti te toca.

TOBÍAS:

Espera.
  Oigo decir que la dio
su padre a siete maridos,
y ha llegado a mis oídos
que el demonio los mató.
  Temo que me mate a mí;
único a mis padres soy,
y si esta pena les doy
con la que al partir les di,
  ¿qué dudas, caro Azarías,
que los mate de dolor,
teniéndome tanto amor?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAFAEL:

Advierte y sabrás, Tobías,
  sobre cuáles desposados
tiene el demonio poder,
que no le puede tener
sobre los castos cuidados.
  En aquellos que se casan
sin tener a Dios presente,
y solo lascivamente
la conyugal vida pasan,
  tanto, que bestias parecen,
tendrá por su libertad,
el demonio potestad
que ellos mismos se la ofrecen.
  Tú, en casándote, Tobías,
has de vivir continente
tres días, y a Dios presente
orar también los tres días.
  La primera noche, al fuego
del pez el hígado echando,
huirá el demonio, mostrando
el cielo admitir tu ruego.
  En la segunda serás,
con los patriarcas santos,
admitido a bienes tantos
como en casarte hallarás.
  Alcanzarás la tercera
de los cielos bendición
para la generación
y sucesión que te espera.
  Y las tres noches pasadas,
recibirás tu doncella,
esposa, sin que el ser bella
ni sus gracias celebradas,
  que a otros muchos muerto han,
te muevan, mas la razón
de alcanzar la bendición
de la línea de Abraham.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS:

  Yo quedo bien instruido,
mas pienso que viene ya.
(Salen RAGEL, SARA, JORÁN y BATO.)

RAGEL:

Gente en nuestra casa está.

JORÁN:

Pienso que a verte han venido.

RAGEL:

  ¡Oh, gallardos forasteros!
¿Buscáisme a mí?

TOBÍAS:

Sí, señor;
que obliga vuestro valor
a veros y a conoceros,
  y no menos a serviros.

RAGEL:

¿De qué tribu?

TOBÍAS:

Neptalín.

RAGEL:

¡Recibió el alma a este fin
tal contento al recibiros!
  ¿Sois de la cautividad
de Nínive?

TOBÍAS:

Sí, señor,
que también ese dolor
me alcanzó en mi tierna edad.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAGEL:

  ¿Conocéis allá a Tobías?

TOBÍAS:

Bien le habemos conocido.

RAGEL:

Puesto que cubran de olvido
el trato común los días,
  no a lo menos el amor.
El varón más justo y santo
conocéis que cubre el manto
del cielo.

TOBÍAS:

Hacéisle favor.

RAGEL:

  Quién las virtudes contara,
hijos, de aquel santo viejo,
su prudencia, su consejo,
la caridad con que ampara
  al pobre, y sepulta al muerto,
los peligros que ha pasado
escondido y desterrado,
hambre y sed por el desierto,
  las paciencias que le dan
coronas de oro y de estrellas,
contara las luces bellas
que dijo Dios a Abraham.

RAFAEL:

  Este Tobías que alabas
es padre de este mancebo.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAGEL:

Poco amor, hijo, te debo,
pues en tal silencio estabas.
  Dame esos brazos: recibe
este llanto en ciertas prendas
de mi amor, para que entiendas
cuánto en esta casa vive.

SARA:

  A todos, padre y señor,
su tierna memoria obliga.

RAGEL:

No hay señal que tanto diga
los sentimientos de amor.

TOBÍAS:

  Si así lloras, y tu hija
noble, y todos tus criados
de su memoria obligados,
dad licencia que me aflija
  de verme ausente de quien
es la luz con que vivía.

RAGEL:

Hijo querido, este día
te alcance con todo el bien
  la bendición del gran Dios;
de gran varón eres hijo:
siento en verte el regocijo
que tuviéramos los dos.
  Ea, Sara, ea, criados:
buenos huéspedes tenemos:
razón es que regalemos
a parientes tan honrados.
  Dadnos presto de comer;
ea, traigan mesas presto.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

A servirte voy dispuesto,
con gran contento y placer.

RAGEL:

  Ven acá, mata un carnero,
el más gordo del ganado.

BATO:

Tal como estaba apartado
le comas de Enero a Enero.
  Entre carneros podía
haber guerras carneriles,
cual suele haberlas civiles
sobre alguna monarquía:
  ser capitán general,
tanto, que por bien armado,
de frente fuera envidiado
del carnero celestial.

TOBÍAS:

  Bocado no comeré
si no me otorgas primero
lo que de tu mano espero,
y porque en tu casa entré.

RAGEL:

  Hijo, ¿qué querrás de mí,
que no sea fácil cosa?

TOBÍAS:

A tu hija por esposa.

RAGEL:

¿A mi hija?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS:

Señor, sí.
(TOBÍAS a RAFAEL)
  Enmudecido ha quedado.}}

RAFAEL:

No te espantes, que es razón
que le cause confusión
lo que sabes que ha pasado.
  Ragel, no temas, que a quien
teme a Dios, se le ha de dar
tu hija.

RAGEL:

No acierto a hablar.

RAFAEL:

Ni pudiera ser también
  que quien así no temiera,
a tu bellísima Sara
en matrimonio gozara,
y por mujer la tuviera.

RAGEL:

  Creo que mi ruego y llanto
oyó Dios, y también creo
que el venir adonde os veo
fue por su precepto santo.
  Porque Sara se juntase
a su linaje también
según la ley de Moisén,
y es Men cine con él la case.
  Alegre podrás comer,
noble mancebo Tobías,
hoy conmigo, y cuantos días
merced que queráis hacer,
  porque hoy quedaréis casados.
Dame esa mano.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

¡Señor!

RAGEL:

No tengas, hija, temor:
deja esos vanos cuidados.
  Muestra la tuya, mancebo.

TOBÍAS:

Señor, la mano tomad,
aunque por indignidad
parece que no me atrevo.
(Sale el DEMONIO estando asidas las manos.)

DEMONIO:

  ¿Qué es esto, qué pasa aquí?
¿Aún no escarmienta esta gente?

RAFAEL:

¿Cómo quieres que escarmiente,
si Dios se lo manda así?

DEMONIO:

  ¿Aquí estás tú?

RAFAEL:

¿Qué pensabas?

DEMONIO:

¿Piensas que te tengo miedo?

RAFAEL:

Tú sabes ya lo que puedo
desde que el cielo alterabas.

RAGEL:

  Dios de Abraham soberano,
Dios de Isaac omnipotente,
Dios de Jacob, felizmente
junta con tu santa mano
  en matrimonio a los dos,
y cumple, Señor, en ellos
tu bendición.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DEMONIO:

Ya sobre ellos
me ha dado licencia Dios.

RAFAEL:

  Mientes, mas ¿cuándo dijiste
verdad?

DEMONIO:

Allá lo verás.

RAFAEL:

¿Qué podrás?

DEMONIO:

Más que tú.

RAFAEL:

¿Más?
(Sale BATO.)

BATO:

¿Qué es esto?

JORÁN:

¿Ya no lo viste?

BATO:

  Matando he estado el carnero.

JORÁN:

Bato, los dos se han casado.

BATO:

Es buñuelo; aún no ha llegado
y ya se la dan, ¿qué espero?

RAGEL:

  Vamos, y con escritura
quede todo confirmado.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS:

Vamos, señor.

DEMONIO:

En cuidado
me ha puesto el verte.

RAFAEL:

Procura
  irte donde ganes más,
que aquí vengo yo por guarda.

DEMONIO:

Con tal soldado de guarda,
Tobías, seguro vas;
  pero yo tengo de hacer
lo posible por quitarte
la vida.

RAFAEL:

No serás parte.

DEMONIO:

Mal conoces mi poder:
  ¡Atrevíme al mismo Dios,
y tendré de un ángel miedo!

RAFAEL:

Presto verás lo que puedo,
si hacemos campo los dos.
(Éntranse todos y quedan solos BATO y JORÁN.)

JORÁN:

  Ea, ¿de qué estás turbado?
Mata el carnero.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Y a mí.
que es lo mismo, pues que fui
ocho veces su traslado.
  Siete maravillas tuvo
el mundo y siete maridos
Sara: agravios conocidos
que mi desdicha entretuvo.
  Siete veces fui carnero
destos siete desposados,
aunque de tales cuidados
la misma venganza espero.
  Mas agora que en la villa
éste se viene a casar,
de carneros del lugar
soy la octava maravilla.

JORÁN:

  ¿Qué agravio te pudo hacer
la que tu mujer no ha sido?

BATO:

¿No basta haberla querido
por mujer sin ser mujer?

JORÁN:

  Desuella, acaba, el carnero.

BATO:

¿Qué tengo que desollar
si él la carne ha de cenar
y sólo el pellejo espero?
  Pues ya sabes que con él
viene toda la armadura.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


JORÁN:

Tú comerás la asadura.

BATO:

Bien asado estoy por él.
(Vase JORÁN.)
  ¡Amor, amor, yo quedo desta vez
desengañado y de tu guerra en paz!
Si fuese el desengaño pertinaz,
mala soga me parta por la nuez.
¿De qué sirve un peón en tu ajedrez
para ganar tus damas incapaz,
ni esperanzas de pollos en agraz,
si por ajos suspira el almirez?
Tasajos cómo yo, que no perdiz:
ya no gasto herraduras de tu coz,
si piensas que es mi estómago avestruz;
en los pechos estás como lombriz,
áspid en lengua, ruiseñor en voz.
buey en el yugo y ciervo en el testuz.


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(Sale TOBÍAS EL VIEJO.)
TOBÍAS VIEJO:

  Bien pintaron al ausencia,
ciega, aunque llena de oídos.
por las nuevas desvalidos
de aquella amada presencia.
Ciego estoy, y mi paciencia
tantos oídos mantiene,
para ver si mi bien viene,
que hasta las hojas presumo
que hablan dél. pero es el humo
del fuego que lejos tiene.
  Es ciega porque no ve
el ausencia el bien que ama:
por las nuevas de la fama
es justo que siempre esté
llena de oídos, que fue
símbolo de su desvelo:
quitóme la vista el cielo;
tanto los oídos trato,
que soy el mayor retrato
de la ausencia en todo el suelo.
  ¡Ay, mi querido Tobías!
No digo si te he de ver:
oírte sí y ofrecer
tal bien al fin de mis días;
ciego soy y tú podrías
tan vivo representarte
a mis sentidos, que en parte
fuese verte en este abismo;
pues para un ciego es lo mismo
tocarte que imaginarte.
(Sale ANA.)
  Pasos siento, ¿es Ana?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ANA:

Sí.

TOBÍAS VIEJO:

¿Qué hay, Ana de la luz mía?

ANA:

A ver salgo cada día
si viene el bien que perdí.

TOBÍAS VIEJO:

¿No viene?

ANA:

Los campos vi
desde encima de los montes:
discurrí sus horizontes;
pero ni aun sombras se ven.

TOBÍAS VIEJO:

Cuando no se acerca el bien,
¿qué importa que te remontes?

ANA:

  ¡Qué mal hiciste en quitarme
y dejar peregrinar
el placer de mi pesar
que sólo pudo alegrarme!
¿Con quién podré consolarme?
¡Falta la luz de mis ojos!

TOBÍAS VIEJO:

Ana, cesen los enojos.

ANA:

¡Si es muerto acaso Gabelo!...


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TOBÍAS VIEJO:

No tengas, Ana, recelo,
que el varón que le guiaba
era fiel, y mostraba
en sus palabras buen celo.

ANA:

  Pasa el día prometido,
¿qué me podrá consolar?

TOBÍAS VIEJO:

La esperanza de llegar
que entretiene el bien perdido,
llévame donde el oído
sienta si viene mi bien.

ANA:

El verte llorar también
tiene mi consuelo en calma.

TOBÍAS VIEJO:

Por el oído ve el alma
cuando los ojos no ven.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale TOBÍAS EL MOZO.)
TOBÍAS MOZO:

  ¡A ti, Señor eterno,
que en las ruedas marítimas sentado,
cuyo veloz gobierno
en abrasados círculos bañado,
miran cuatro animales
que visten tantas luces celestiales!
  ¡A ti, mi humilde pecho
se humilla, temeroso que a ti sólo,
cual de tus manos hecho,
las columnas del uno y otro polo,
señal que te obedecen,
en sus eternas basas se estremecen!
  ¡Señor, yo me he casado
por el consejo santo de Azarías,
mi compañero amado,
por cuya boca pienso que me guías;
no he mirado mi esposa
con voluntad lasciva y codiciosa!
  Sólo para servirte,
y por la bendición de mis pasados,
este Euripo, esta Sirte,
pasarán con tu ayuda mis cuidados.
De ti, favorecido,
este espíritu vil será vencido.
(Sale SARA.)
  Sara, querida esposa.
levántate, no temas.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

¿Qué me quieres?

TOBÍAS MOZO:

¿De qué estas temerosa
en este punto, si de Dios lo eres?

SARA:

Esposo, en Dios confío,
mas no puedo vencer el temor mío.

TOBÍAS MOZO:

  Hijos somos de santos:
no habemos de juntarnos cual gentiles,
que tienen dioses tantos,
y adoran piedras y maderos viles;
llégate, Sara, al fuego:
suba en el humo nuestro humilde ruego.
  Híncate de rodillas:
hagamos oración al Dios supremo.

SARA:

Tan altas maravillas
son obras de sus manos; sólo temo
mi indignidad.

TOBÍAS MOZO:

Confía
en su piedad, que es la esperanza mía.
(En hincándose de rodillas, y echando en el fuego el hígado del pez, se verá en la una parte del tablado el ÁNGEL con ASMODEO asido por lo alto como que le detiene.)

DEMONIO:

  Suéltame, no me tengas.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAFAEL:

¿No sabes tú que en una argolla atado,
por más que te prevengas
de astucias, Leviatán, con un candado
te tiene Dios asido,
y yo en su nombre?

DEMONIO:

Déjame, te pido:
  Dios me tiene mandado
que mate cuantos fueren sus esposos;
a siete muerte he dado.

RAFAEL:

Si ellos fueran varones temerosos
de Dios, tú no pudieras;
si éste lo es como lo ves, ¿qué esperas?

DEMONIO:

  Matarle.

RAFAEL:

Eso no puedes;
que desde aquí te he de llevar a Egipto,
a donde preso quedes.
Discurre de esta tierra el gran distrito.
(Den los dos por el aire una vuelta a la otra parte del teatro, a unas peñas donde esté una cadena.)

DEMONIO:

¿Dónde me llevas?

RAFAEL:

¡Perro,
a Egipto desde Media te destierro!
  Con aquesta cadena.
en este monte quedarás atado.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DEMONIO:

Déjame que en mi pena
viva, mientras quisieres, desterrado.

RAFAEL:

Aquí has de estar agora:
aquí es tu infierno hasta la cuarta aurora.
(En atándole con la cadena, dé el mismo monte una vuelta con ellos, porque estará hecho sobre un quicio.)

TOBÍAS MOZO:

  Señor y Dios eterno,
de nuestros padres, cielo, mar y tierra,
que rige tu gobierno,
y las criaturas que uno y otro encierra,
te bendigan y alaben,
las que ignoran, Señor, y las que saben.
  A Adán del limo hiciste,
y a Eva, por su dulce compañía,
de tu mano le diste;
tú sabes, gran Señor, la intención mía:
posteridad deseo,
en quien tu santa bendición empleo.

SARA:

  Piedad, Señor divino,
piedad, gran Dios, pues a los dos juntaste
por tan raro camino,
y sí para Tobías nos guardaste,
juntos nos envejezca
la edad, que a tu servicio el fruto ofrezca.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Echan una cortina, y salen RAGEL, JORÁN y BATO con azadones.)
BATO:

  Apenas canta el gallo, y ya tenemos
voces en casa.

RAGEL:

Acaba ya, villano.

JORÁN:

Al novio Bato lo atribuye todo.

BATO:

Como esos males por el novio espero.

RAGEL:

¿Traéis los azadones?

BATO:

¿No los miras?

RAGEL:

¡Mísero yo, que tal dolor me aguarda!

JORÁN:

Habemos de ir al campo, ¿qué nos quieres?

RAGEL:

No habemos de ir al campo, aunque mi casa
ya será campo de dolor y pena.
Aquí cavad.

BATO:

Aquí, pues, ¿a qué efecto?

RAGEL:

A efecto de enterrar al buen Tobías.

BATO:

Pues, ¿cómo es muerto?

RAGEL:

No lo sé, más creo
que le habrá muerto aquel maligno espíritu,
como a los otros siete.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Si supiera
que eran los azadones para eso,
hubiera madrugado a media noche;
ayuda aquí, Jorán; que te perdono
los quesos, y la cesta de aquel ánima,
con que no digas que la de este novio
anda por los pajares muerta de hambre.

JORÁN:

Yo me daré por ti famosa prisa.

BATO:

  Mal año si en las viñas me la diera,
como en hacer aquesta sepultura.

RAGEL:

Abrid la tierra dura,
que para mí sin duda mejor fuera,
pues que fuera de ser propio a mis años,
lo merece haber hecho tantos daños.

BATO:

  ¡Pardiez, Jorán, que aunque me ves cavando
con animo tan fuerte este sepulcro,
la envidia en la derecha, y la venganza
en la del corazón, de amor herido,
y con las dos asido el azadón, de celos,
que tiemblo de estos muertos, santos cielos!

JORÁN:

¿Qué tienes?

BATO:

Todo es miedo.

JORÁN:

Ten buen ánimo.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¡Otro muerto, Jorán! pues algún día
ha de dar tras nosotros este espíritu.

JORÁN:

El remedio del miedo estando a solas,
es pensar otra cosa diferente.

BATO:

¿Qué pensaré, Jorán, que estoy temblando?
Ni doy azadonada que no piense
que ha de salir de aquesta misma fosa
una legión de espíritus, cual suele
banda de grajos a dormir en bosque.

JORÁN:

Piensa en que tienes gran dinero y joyas.

BATO:

Eso es miedo mayor, pues quien los tiene
está lleno de miedo y de cuidados,
de ladrones, de hijos y criados.

JORÁN:

Piensa en una mujer hermosa y linda,
con quien estás casado y eres novio.

BATO:

Peor mil veces; que es mayor el miedo
del poderoso, del galán, del rico,
del amigo traidor y del pariente;
que si hay mujer hermosa, yo te digo
que la guardes del deudo y del amigo.

JORÁN:

Piensa en que tienes un estado grande
y que naciste emperador del mundo.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿Y eso no es miedo?

JORÁN:

¿Pues los grandes tienen
miedo de nadie?

BATO:

Miedo más que todos
a la menor calenturilla o causa
por donde a lo mortal toque la muerte.

JORÁN:

Piensa en que vas por un camino.

BATO:

Temo
que vengan salteadores.

JORÁN:

Imagina
que es por la mar.

BATO:

Ya temo la tormenta.

JORÁN:

Piensa que tienes un gentil vestido.

BATO:

Temeré que se rompa o que se manche.

JORÁN:

Piensa en que tienes un leal amigo.

BATO:

No me mandes pensar en imposibles.

JORÁN:

Piensa en que estás en una mesa espléndida.

BATO:

Temo, si como mucho, el mal forzoso.


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JORÁN:

Piensa en el cielo.

BATO:

Agora sí, que sólo
puede un hombre en el cielo estar seguro,
porque es lugar donde no cabe miedo,
y sólo en él estar seguro puedo.

RAGEL:

¿Está hecha?

JORÁN:

Ya pienso que está buena.

RAGEL:

Pues, Bato, ve volando a su aposento,
y mira si mi yerno está difunto,
o que daño el espíritu le ha hecho.

BATO:

¿Y quieres que lo mire?

RAGEL:

No lo entiendes.

BATO:

Jorán, ¿no puedes ir?, que estoy cansado.

RAGEL:

Pues solo para entrar en su aposento,
¿es necesario descansar?

BATO:

Si digo
verdad, yo no he tratado con espíritus,
ni sé el lenguaje, ni querría toparlos.
Jorán es animoso.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale TAMAR.)
TAMAR:

Mi señora
me envía a que me des albricias luego.

RAGEL:

Yo te las mando. ¿Qué hay, Tamar?

TAMAR:

Los novios
a tu servicio están, buenos y sanos.

RAGEL:

Déjame ir a ver tan gran milagro,
vosotros entretanto con la tierra
cubrid la sepultura.

BATO:

Buen trabajo.
¡Pardiez, Jorán, que fue dichoso el novio,
y que pesa si es verdad te digo!
Juraré que sabía alguna treta
contra aquestos espíritus verdugos.
Tamar, ¿qué, tú lo viste?

TAMAR:

Yo lo he visto.
¿No escuchas el contento y los abrazos
de los viejos dichosos y del yerno?

BATO:

Durmióse el bellacón en el infierno.


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(Salgan RAFAEL y TOBÍAS EL MOZO.)
TOBÍAS MOZO:

  Esto habemos concertado:
media parte de su hacienda,
como sabes, me ha mandado,
y que la otra se entienda
después de haberle heredado.
  Pídeme que esté con él
algunos días, y siento
que dé mi ausencia cruel
a mis padres más tormento;
toma, por Dios, el papel,
  y ve a cobrar de Gabelo
los diez talentos; que el cielo
favor te dará, Azarías,
para que en muy breves días
no vuelvas al patrio suelo.
  No hayas miedo que los niegue.

RAFAEL:

Pienso que en viendo el papel
los diez talentos entregue;
que es varon justo y fiel,
y así es razón que le ruegue
  que venga a hallarse en tu boda.

TOBÍAS MOZO:

Si él a venir se acomoda,
gran contento me darás.

RAFAEL:

¿Qué gente, amigo, me das?

TOBÍAS MOZO:

Ésta de mi suegro toda.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAFAEL:

  Bastarán cuatro criados,
dos camellos bastarán.

TOBÍAS MOZO:

¡Hola, pastores honrados!

BATO:

Respóndele tú, Jorán,
que acá andamos enojados.

TOBÍAS MOZO:

  Cuatro seréis menester
para ayudar a traer
cierto dinero a Azarías.

JORÁN:

Nuestro dueño eres, Tobías:
manda hacer y deshacer.

TOBÍAS MOZO:

  Aderezad dos camellos.

JORÁN:

¿Es lejos?

TOBÍAS MOZO:

Es en Ragés.

JORÁN:

Pues voy volando a traellos:
¿no vas tú?

BATO:

Yo iré después.

RAFAEL:

Presto volveré con ellos.

TOBÍAS MOZO:

  Un gran convite apercibe
Ragel a su vecindad.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


RAFAEL:

Justo contento recibe
de Dios.

TOBÍAS MOZO:

¡Cielos, amparad
quien para serviros vive!
(Vanse los dos.)

TAMAR:

  Huélgome que hayas quedado
donde me pueda quejar
de la fe que me has negado.

BATO:

Déjame; que estoy, Tamar,
celoso y desesperado.

TAMAR:

  ¡Traidor! ¿Cómo le dijiste
a mi señora antiyer
que nunca bien me quisiste?

BATO:

Por no parecer mujer,
mentir y sentirme triste.

TAMAR:

  ¿Luego no me quieres bien?

BATO:

Ello va a decir verdad.

TAMAR:

Dilo aunque muerte me den.

BATO:

Si te tengo voluntad,
mal fuego me queme amén.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

  ¡Fiad de pastores bobos!

BATO:

No hay mejores robos
que en los necios confiados:
si mujeres sois ganados,
todos los hombres son lobos.
(Dentro ruido y silbos.)
(Dentro.)

[VOZ]:

  ¡Guarte, Llorente, que es brava
como un león!

OTRA VOZ:

¡Huye, Gil!

BATO:

Esto sólo me faltaba:
boda, vaca y tamboril.
Tamar, el mundo se acaba.
(Sale un VILLANO.)

VILLANO:

  Por aquí la haced traer
para que Sara la vea.

BATO:

¿De qué es, Llorente, el placer?

LLORENTE:

De que por mil años sea
Sara de Tobías mujer.
  Ha mandado mi señor
matar dos vacas: la una
salió con tanto rigor
que parece a la fortuna;
ni ve mayor ni menor:
  todo lo tumba y arrasa.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Tráenla a casa.

VILLANO:

Ya está en casa.

BATO:

¿Cuánto va a que me voltea?

VILLANO:

¡Huye, Tamar!

TAMAR:

¡Que esto vea!

BATO:

Como eso en el mundo pasa.
(La grita y los silbos, y la vaca con muchos zagales, y muchachos con varas.)

VILLANO 2.º:

  ¡Guárdate, Bato!

BATO:

Ya es tarde.

VILLANO:

¿Tomóle?

VILLANO 2.º:

Sí.

VILLANO:

¡Dios te guarde!

BATO:

¡Qué desdichado que soy!
No salgo de cuernos hoy
con ser celoso y cobarde.
(Grita y silbos, y métenla.)


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale el DEMONIO.)
DEMONIO:

  Al cabo de tantos días
¡oh, Rafael, ángel bello!
que del superior Egipto
estoy en los montes preso,
de la cadena me sueltas
sin permitirme a lo menos
perturbar sus bodas santas
con el menor desconcierto;
a las tinieblas me arrojas,
donde para siempre tengo
noche eterna desde el día
que de tu gloria carezco;
mándasme perder la luz
del cielo, que mirar temo,
donde en tan alta ocasión
sus ángeles me siguieron.
Yo derribé sus estrellas;
tembló el sol y el monte inmenso
del testamento mis armas,
y agora me pones miedo.
¡Tinieblas, eterna noche,
gloria perdida, luz, cielos,
ángeles, estrellas, sol,
y monte del testamento,
todos sabéis que tengo
dondequiera que estoy eterno fuego!
Bien Rafael te ha guiado.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DEMONIO:

Tobías, pues su consejo
te ha dado la bella Sara.
muerte de tantos mancebos.
Ya Ragel te da su hacienda.
ya cargan treinta camellos
los pastores de riquezas,
guardadas por tanto tiempo,
ya de Gabelo cobro
Rafael los diez talentos,
todo se junta, y se aumenta
la envidia a que estoy sujeto.
Ya que todos los vecinos
liberal convite han hecho,
para Nínive se parten,
y siempre el ángel con ellos.
Dejan a Sara en sus campos
y adelántanse contentos
los dos a ver a su madre
y al ciego, ya mozo en vellos.
Rafael, Tobías, Sara,
Ragel, pastores, Gabelo,
vecinos, Nínive, campos,
la madre y el viejo ciego.
todos vivís, y yo muero.
que sin poder morir mil muertes siento.
Las competencias que traigo
con Dios, ¿de qué me sirvieron?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


DEMONIO:

Mis iras templa su voz
y pone a mis rabias freno.
¿De qué sirven mis envidias?
Pues cuando agradarlas pienso,
dobla el cielo mis pesares
y los celos que padezco,
decir blasfemias, ¿qué importa?
Dios hace su gusto, y quedo
con nuevas enemistades
de los hombres que aborrezco;
a mis desesperaciones,
Tobías ha dado aumento;
mis miedos crecen; que Dios
por algo guarda su pueblo.
Competencias, iras, rabias,
envidias, pesares, celos,
blasfemias, enemistades,
desesperaciones, miedos;
abridme, abridme el centro,
que manda Dios que me atormenten dentro.


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(Vase, y salgan haciendo dentro ruido de ganados y camellos, JORÁN, TAMAR, BATO, LLORENTE, GIL, pastores, y SARA de camino.)
SARA:

  En fin, ¿mi esposo, Jorán,
se adelantó a ver sus padres?

JORÁN:

Puesto que el círculo cuadres,
que por imposible dan,
  no cuadrarás el amor
si no le das la presencia.

SARA:

¿Y yo qué diré en su ausencia
con tanta pena y temor?

TAMAR:

  Presto llegarás también:
no te aflijas.

SARA:

Si yo dejo
por mi esposo un padre viejo
que quiero y me quiere bien,
  ¿fuera mucho que él dejara,
mientras que conmigo fuera,
el suyo?

JORÁN:

Prudente espera,
que presto verás su cara.

LLORENTE:

  Siéntate en aqueste prado
mientras los ganados comen,
porque ya es razón que tomen
el sustento acostumbrado.
  Los pastores danzarán
o jugarán algún juego.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

Que me entretengan les ruego.

BATO:

Danza un momento, Jorán.
(Si quieren, es buena ocasión de danzar uno solo, o si no, digan adelante.)

JORÁN:

  Juguemos, que basta ansí,
al marro, al pino, a la chueca.

BATO:

Dice un amigo que peca
quien juegue en pie contra sí.
  Son en extremo cansados
pelotas, bolas y bolos;
los juegos discretos solos,
son cartas, tablas y dados.
  Vaya un juego de discretos,
que para mi condición,
solos los novios lo son.

GIL:

¿Qué juego?

TAMAR:

¿El de los efetos?

GIL:

  No, sino vayan las cintas.

TAMAR:

No habrá aquí tantas colores.

LLORENTE:

Juguemos a los favores
o al de las pájaras pintas.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TAMAR:

  Eso cuando muchos haya.

JORÁN:

Vaya el de las maravillas.

BATO:

Aun ése tiene cosquillas
vaya, si tú gustas.

SARA:

Vaya.

LLORENTE:

  Maravíllome de ver
cómo se puede casar
quien no tiene que cenar,
y no le dan de comer.

GIL:

  Maravíllome, a lo menos,
de aquellos hombres tan bajos,
que sin mirar sus trabajos
murmuran de los ajenos.

TAMAR:

  Maravíllome de quien
con mil escudos de renta
gasta cada año cuarenta.

JORÁN:

Tú te maravillas bien.
  Maravíllome, y es justo,
de quien aún escribe apenas,
y habla en las obras ajenas.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¡Qué necedad tan sin gusto!
  Pero no os maravilléis,
porque no hay hombre tan necio
que no se tenga en más precio
que los que más sabios veis.
  Y maravíllame a mí
unos tontos juzgadores,
confiados, habladores,
de porque no y porque sí:
  que en su vida retrataron
una mosca, y no hay león
que no diga su ambición
que los dientes le sacaron.
  Pero tú, hermosa señora,
¿cómo no te maravillas?

SARA:

Por no atreverme a decillas
del bien que mi alma adora...
  y maravíllame tanto
de ver cómo vino ausente,
que porque mejor lo cuente
a seguille me levanto.
  Vamos a Nínive, amigos;
que los amorosos fuegos
no sufren burlas ni juegos.

JORÁN:

Todos seremos testigos
  para con nueso señor,
de ese amor.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SARA:

Poned las sillas;
que a todas las maravillas
vence en ausencia mi amor.
(Vanse, y salen el ÁNGEL y TOBÍAS EL MOZO.)

RAFAEL:

  Ya tu padre está avisado,
porque tu madre te vio
y las nuevas le llevó
de que a su casa has llegado.

TOBÍAS MOZO:

  El perro, también al punto
que reconoció la casa,
las calles corriendo pasa.

RAFAEL:

Todo el placer viene junto.
(Salen TOBÍAS EL VIEJO, ANA, y el perro también.)

TOBÍAS VIEJO:

  Ya conozco en tus caricias,
Melampo alegre y travieso,
que de todo buen suceso
me pides justas albricias.
  No tengo qué darte aquí:
yo te prometo a la mesa
la más regalada presa.

ANA:

Señor, tu hijo está aquí.


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale TOBÍAS EL MOZO.)
TOBÍAS MOZO:

  ¡Mi padre y señor!

TOBÍAS VIEJO:

Detente;
poco a poco el bien me den
tus brazos, que mata el bien
cuando llega de repente.
  Báculo de mi vejez
y de mis venas virtud
hoy me das vida y salud,
vuelve a abrazarme otra vez.

ANA:

  Dejalde un poco siquiera
goce de ese bien que os sobra.

TOBÍAS VIEJO:

Ana, quien este bien cobra,
nunca que le sobre espera.
  Pues llega, amado Azarías:
dame tus brazos a mí,
porque teniéndote a ti
no eche menos a Tobías;
  en fin, mi hijo, ¿volviste?

RAFAEL:

A Dios las gracias se den.

ANA:

Mi hijo, y todo mi bien,
alegra mi ausencia triste.

TOBÍAS MOZO:

  Sentaos, mi padre y señor,
que os vengo a curar también;
que si los ojos no ven
no tiene descanso amor.


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TOBÍAS VIEJO:

  ¿Curarme, hijos?

TOBÍAS MOZO:

Azarías
me ha dado un remedio cierto.

TOBÍAS VIEJO:

Si él lo fuese, yo te advierto
del aumento de mis días.

TOBÍAS MOZO:

  Sentaos.

RAFAEL:

Úntale muy bien.

TOBÍAS MOZO:

En nombre de Dios.

TOBÍAS VIEJO:

¿Qué es esto?
¡Cielos! ¿La vista tan presto?

ANA:

¿Pues ven tus ojos?

TOBÍAS VIEJO:

Ya ven.
  Ya ven, Ana, el hijo mío
y su dulce compañero;
darles mil abrazos quiero
con nueva salud y brío.
  ¡Bendito, Señor, seáis,
que castigáis y os doléis!

TOBÍAS MOZO:

En fin, ¿a todos nos veis?


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TOBÍAS VIEJO:

Dos ángeles imitáis,
  ya apercibo los colores:
ya veo la luz del cielo:
¿a cuál hombre en todo el suelo
hizo Dios tantos favores?

TOBÍAS MOZO:

  Después dél, padre y señor,
todo se debe a Azarías:
casado vengo.

TOBÍAS VIEJO:

¿Casado?

TOBÍAS MOZO:

Con Sara, mi hermosa prima;
Ragel me ha dado su hacienda,
Gabelo con mil caricias,
los diez talentos.

TOBÍAS VIEJO:

¿A dónde
dejas mi amada sobrina?

RAFAEL:

Ya vienen.

GIL:

Ésta es la casa.
(Suena grita y salen todos.)

SARA:

¡Dulce esposo!

TOBÍAS MOZO:

¡Esposa mía!


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TOBÍAS VIEJO:

¡Sobrina!

SARA:

¡Querido tío!
¡Señora!

ANA:

¡Querida hija!

BATO:

Notable contento ha dado
a los viejos la venida
de sus hijos.

JORÁN:

¿No es razón?

BATO:

Tengo a los brazos envidia;
pero, abrázame, Tamar.

TAMAR:

Que vengo contigo mira.

BATO:

Abracémonos nosotros,
y ande la fiesta y la jira,
mas ¿no dicen que era ciego
el viejo?

JORÁN:

Dijo Azarías
que le había de curar.

BATO:

¿Pues a los ciegos da vista?

JORÁN:

¿No lo ves?


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La historia de Tobías Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Pues, ¡voto al sol!
Que con esa medicina
puede ganar un tesoro
si se va de villa en villa.

TOBÍAS VIEJO:

Hijo, escucha: Este mancebo,
que ha sido tu amparo y guía.
querrá volverse a su casa
con la paga prometida
que le daremos.

TOBÍAS MOZO:

¡Ay, padre,
que no sé cómo lo diga!
Él me defendió en un río
de una bestia que quería
en su vientre sepultarme;
él me casó con mi prima
y me libró del Demonio
y de su mano homicida,
que a siete bellos mancebos,
por Sara quitó las vidas,
cobróme los diez talentos,
y a ti te cobró la vista
con la hiel del mismo pez:
muy corta hacienda es la mía
para que pueda pagarle.

TOBÍAS VIEJO:

Él es tan bueno que anima;
pero, démosle la media.


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TOBÍAS MOZO:

Llámale, padre.

TOBÍAS VIEJO:

Azarías.

RAFAEL:

¿Qué mandáis?

TOBÍAS MOZO:

Mi honrado padre
confiesa que nos cautivas:
córrese en pensar la paga.

TOBÍAS VIEJO:

Hijo amado, al cielo obligas
por el bien que nos has hecho:
todo es tuyo cuanto miras;
pero porque algo nos quede
que sustente la familia,
toma alegre la mitad,
y el premio de Dios recibas.


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RAFAEL:

Bendecid a Dios, señores,
y confesad su infinita
misericordia; que es bien
que sus grandezas se digan;
más vale la oración santa,
ayuno y limosna rica,
que los tesoros guardados,
limosnas de muerte libran:
cuando enterrábades muertos,
dejando vuestra comida,
llevaba a Dios vuestro llanto,
que estos trabajos envía
a los que quiere probar,
y él me ha mandado que asista
para libraros a todos:
porque no soy Azarías,
sino Rafael, un ángel
de los siete que a la Trina
majestad de un Dios asisten;
paz, contento y alegría
quede, amigos, con vosotros:
él os ampare y bendiga;
que ya es tiempo de volver
a la dulce patria mía.


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(Suba hasta lo alto con música.)
TOBÍAS VIEJO:

Gracias os den, gran Señor,
vuestras virtudes divinas.

BATO:

¡Hola! Jorán, ¿Ángel era
quien con nosotros venía?

JORÁN:

¿No lo ves?

BATO:

Mejor es éste
que no el otro que venía
a desmaridar a Sara.

TOBÍAS MOZO:

Pastores, con las debidas
gracias, a Dios alabemos,
y después por nueve días
dure el convite en mi casa.

BATO:

Dame licencia que pida
para mi esposa a Tamar.

SARA:

Si quiere, Dios os bendiga.

BATO:

¡Si quiere! Estáme rogando.

TAMAR:

Mi pensamiento adivinas.

TOBÍAS MOZO:

Y dé con esto, senado,
fin la Historia de Tobías.

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