La lucha por la vida I: 013

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 013 de 97
La lucha por la vida I Primera parte Pío Baroja


La vizcaína y Roberto, el estudiante rubio, rechazaron aquella campaña de espionaje. El Superhombre, el cura, los comisionistas y las mujeres de la casa inventaron que la vizcaína y el estudiante eran aliados de don Telmo, y, probablemente, cómplices en el crimen de la calle de Malasaña.

-Indudablemente -dijo el Superhombre-, don Telmo mató a doña Celsa Nebot; la vizcaína fue la que regó el cadáver con petróleo y le pegó fuego, y Roberto el que guardó las alhajas en la casa de la calle de Amaniel.

-¡Ese pájaro frito! -replicaba la Celia-. ¿Qué va hacer ése?

-Nada, nada; hay que seguirles la pista -dijo el cura.

-Y pedirle dinero al viejo Shylock -añadió el Superhombre.

Aquel espionaje, llevado entre bromas y veras, terminó en discusiones y disputas, y, a consecuencia de ellas, se formaron dos grupos en la casa: el de los sensatos, constituido por los tres criminales y la patrona, y el de los insensatos, en donde se alistaban todos los demás.

Esta limitación de campos hizo que Roberto y don Telmo intimaran, y que el estudiante cambiara de sitio en la mesa y se sentara junto al viejo.

Una noche, después de comer, mientras Manuel recogía de la mesa los cubiertos, los platos y copas, hablaban don Telmo y Roberto.

El estudiante era un razonador dogmático, seco, rectilíneo, que no se desviaba de su punto de vista nunca; hablaba poco; pero cuando lo hacía, era de un modo sentencioso.

Un día, discutiendo si los jóvenes debían o no ser ambiciosos y preocuparse del porvenir, Roberto aseguró que era lo primero que debía hacerse.

-Pues usted no lo hace -dijo el Superhombre.

-Tengo el convencimiento absoluto -contestó Roberto- de que he de llegar a ser millonario. Estoy construyendo la máquina que me llenará de dinero.

El Superhombre, que se las echaba de mundano y de corrido, se permitió, al oír esto, una broma desdeñosa acerca de las facultades de Roberto, y éste le replicó de manera tan violenta y tan agresiva, que el periodista se descompuso y balbuceó una porción de excusas.

Luego, cuando quedaron solos don Telmo y Roberto en la mesa, siguieron hablando, y del tema general de si lo jóvenes debían o no ser ambiciosos, pasaron a tratar de las esperanzas que el estudiante tenía de llegar a ser millonario.

-Yo estoy convencido de que lo seré -dijo el muchacho-. En mi familia han abundado las personas de gran suerte.

-Eso está muy bien, Roberto -murmuró el viejo-;pero hay que saber cómo se hace uno rico.

-No crea usted que mi esperanza es ilusoria; yo tengo que heredar, y no poca cosa; tengo que heredar muchísimo... millones...; los cimientos de mi obra y el andamiaje están hechos: ahora el caso es que necesito dinero.

En el rostro de don Telmo se pintó una expresión de sorpresa desagradable.

-No tenga usted cuidado -replicó Roberto-, no se lo voy a pedir.

-Hijo mío, si yo tuviera se lo daría con mucho gusto y sin interés. A mí se me cree millonario.

-No; ya le digo a usted que no trato de sacarle ni un céntimo; lo único que le pediría a usted sería un consejo.

-Hable usted, hable usted; le escucho con verdadera atención -repuso el viejo, apoyando un codo en la mesa.

Manuel, que recogía el mantel, aguzó los oídos.

En aquel instante entró en el comedor uno de los comisionistas, y Roberto, que se preparaba a contar algo, se calló y contempló al intruso con impertinencia. Era un tipo aristocrático el del estudiante, de pelo rubio, espeso y peinado para arriba, bigote blanco, como si fuera de plata: la piel, algo curtida por el sol.



La lucha por la vida I " La busca " de Pío Baroja

Primera parte - I - II - III - IV

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Índice de artículos