La lucha por la vida I: 067

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III
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La lucha por la vida I Tercera parte Pío Baroja


Encuentro con Roberto - Roberto cuenta el origen de una fortuna fantástica

Tuvo Manuel que volver a la tahona a pedir trabajo, y allí, gracias a que Karl habló al amo, pasó el muchacho algún tiempo sustituyendo a un repartidor.

Manuel comprendía que aquello no era definitivo, ni llevaba a ninguna parte; pero no sabía qué hacer, ni qué camino seguir.

Cuando se quedó sin jornal, mientras no le faltó para comer en un figón, fue viviendo; llegó un día en que se quedó sin un céntimo y recurrió al cuartel de María Cristina.

Dos o tres días aguardaba entre la fila de mendigos a que sacasen el rancho, cuando vio a Roberto que entraba en el cuartel. Por no perder la vez no se acercó; pero, después de comer, le esperó hasta que le vio salir.

-¡Don Roberto! -gritó Manuel.

El estudiante se puso muy pálido; luego se tranquilizó al ver a Manuel.

-¿Qué haces aquí? -dijo.

-Pues, ya ve usted, aquí vengo a comer; no encuentro trabajo.

-¡Ah! ¿Vienes a comer aquí?

-Sí, señor.

-Pues yo vengo a lo mismo -murmuró Roberto riéndose.

-¿Usted?

-Sí; el destino que tenía me lo quitaron.

-¿Y qué hace usted ahora?

-Estoy en un periódico trabajando y esperando a que haya una plaza vacante. En el cuartel me he hecho amigo de un escultor que viene a comer también aquí y vivimos los dos en una guardilla. Yo me río de estas cosas, porque tengo el convencimiento de que he de ser rico, y, cuando lo sea, recordaré con gusto mis apuros.

-Ya empieza a desbarrar -pensó Manuel.

-¿Es que tú no estás convencido de que yo voy a ser rico?

-Sí; ¡ya lo creo!

-¿Adónde vas? -preguntó Roberto.

-A ninguna parte.

-Pasearemos.

Vamos.

Bajaron a la calle de Alfonso XII y entraron en el Retiro; llegaron hasta el final del paseo de coches, y allí se sentaron en un banco.

-Por aquí andaremos nosotros en carruaje cuando yo sea millonario

-dijo Roberto.

-Usted...; lo que es yo -replicó Manuel.

-Tú también. ¿Te crees tú que te voy a dejar comer en el cuartel cuando tenga millones?

«La verdad es que estará chiflado, pero tiene buen corazón», pensó Manuel; luego añadió:

- ¿Han adelantado mucho sus cosas?

-No, mucho, no; todavía la cuestión está embrollada; pero ya se aclarará.

-¿Sabe usted que el titiritero aquel del fonógrafo -dijo Manuel-vino con una mujer que se llamaba Rosa? Yo fui a buscarle a usted para ver si era la que usted decía.

-No. Esta que yo buscaba ha muerto.

-¿Entonces el asunto de usted se habrá aclarado?


La lucha por la vida I " La busca " de Pío Baroja

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