La lucha por la vida II: 002

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La lucha por la vida II Primera parte Pío Baroja


-¿Qué haces aquí? -le dijo el periodista, mirándole de arriba abajo-. ¿Quién eres tú?

-Yo soy Manuel, el hijo de la Petra, la de la casa de huéspedes, ¿no se acuerda usted?

-¡Ah, sí!... ¿Y qué quieres?

-Quisiera que me dijese usted si sabe en dónde vive don Roberto, que creo que ahora es periodista.

-¿Y quién es don Roberto?

-El rubio..., el estudiante amigo de don Telmo.

-¿El niño litri aquél...? ¡Yo qué sé!

-¿Ni dónde trabaja tampoco?

-Creo que da lecciones en la Academia de Fischer.

-No sé en qué sitio está esa academia.

-Me parece que en la plaza de Isabel Segunda -contestó el Superhombre de un modo displicente, mientras abría la puerta de cristales con un llavín y entraba.

Manuel fue a la academia; aquí, un ordenanza le dijo que Roberto vivía en la calle del Espíritu Santo, en el número 21 o 23, no sabía a punto fijo, en un piso alto, donde había un estudio de escultor.

Manuel buscó la calle del Espíritu Santo; la geografía de esa parte de Madrid le era un tanto desconocida. Tardó en dar con la calle, que estaba en aquellas horas animadísima; las verduleras, colocadas en fila a los lados de la calle, anunciaban sus judías y sus tomates a voz en grito; las criadas pasaban con sus cestas al brazo y sus delantales blancos; los horteras, recostados en la puerta de la tienda, echaban un párrafo con la cocinera guapa; corrían los panaderos entre la gente con la cesta en equilibrio en la cabeza, y el ir y venir de la gente, el gritar de unos y de otros, formaban una baraúnda ensordecedora y un espectáculo abigarrado y pintoresco.

Manuel, abriéndose paso entre el gentío y las cestas de tomates, preguntó por Roberto en los números que le indicaron; no le conocían las porteras, y no tuvo más remedio que subir hasta los pisos altos y enterarse allí.

Después de varias ascensiones dio con el estudio del escultor. En el extremo de una escalera sucia y oscura se encontró con un pasillo en donde charlaban unas cuantas viejas.

-¿Don Roberto Hasting? ¿Uno que vive en el taller de un escultor?

-Será ahí, en esa puerta.

La entreabrió Manuel, se asomó y vio a Roberto escribiendo.

-¡Hola! ¿Eres tú? -dijo Roberto-. ¿Qué hay?

-Pues venía a verle a usted.

-¿A mí?

-Sí, señor.

-¿Qué te pasa?

-Que me he quedado parado.

-¿Cómo parado?

-Sin trabajo.

-¿Y tu tío?

-¡Oh, ya hacía tiempo que no estaba allí!

-¿Y cómo ha sido eso?

Manuel contó sus cuitas. Luego, viendo que Roberto seguía escribiendo rápidamente, se calló.



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