La lucha por la vida II: 009

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La lucha por la vida II Primera parte Pío Baroja


«¿A qué vendrá éste?», se preguntó. Bernardo saludó a Roberto y se puso a andar a un lado y a otro del estudio.

-Qué temprano vienes. ¿Pasa algo? -dijo Hasting.

-Chico -murmuró Santín, deteniéndose en su paseo-, te tengo que dar una noticia muy seria.

-¿Qué hay?

-Que me caso.

-¡Que te casas tú!

-Sí.

-¿Con quién?

-¡Con quién ha de ser! Con una mujer.

-Me lo figuro. Pero ¿tú estás loco?

-¿Por qué?

-¿Con qué vas a mantener a tu mujer?

-¡Hombre..., algo gano pintando!

-¡Pero qué has de ganar tú! No ganas dos perras gordas.

-Eso te parece a ti... Además, mi novia da lecciones.

-Y piensas vivir a su costa... Vamos, lo comprendo.

-No, no, señor. No pienso vivir a su costa. Voy a poner una fotografía..

-¡Una fotografía! ¿Tú? ¡Si no sabes hacer retratos!

-Nada. Yo no sé nada, según tú. Pues habrá otros más brutos que yo que hagan retratos. No creo que para ser fotógrafo se necesite ser un genio.

-No; pero se necesita saber, y tú no sabes.

-Ya verás, ya verás cómo sé, hombre.

-Además, se necesita dinero.

-El dinero lo tengo.

-¿Quién te lo ha dado?

-Una persona.

-¡Qué suerte tienes, chico!

-Ahí verás.

-¿A que le has sacado ese dinero a tu novia?

-No.

-¡Bah! No me engañes.

-Te digo que no.

-Y yo te digo que sí. ¿Quién te iba a dar el dinero si no? Una persona cualquiera se enteraría primero de tus conocimientos fotográficos, de si habías trabajado en algún taller; exigiría pruebas de tu habilidad. Sólo una mujer puede creer así, bajo la palabra de uno.

-Es una mujer la que me presta el dinero, pero no es mi novia.

-Bueno. No me vengas con embustes. No creo que habrás venido a contarme unas cuantas bolas.

Roberto, que había dejado de escribir, reanudó su tarea. Bernardo no contestó y siguió paseando por el cuarto.

-¿Te falta mucho? -preguntó de repente, parándose.

-Dos páginas. Si tienes que decirme algo, te escucho.

-Pues mira, la cuestión es ésta. El dinero, efectivamente, es de mi novia. Ella me lo ofreció. «¿Qué podríamos hacer con esto?», me dijo. Y a mí se me ocurrió el instalar la fotografía. He alquilado un piso tercero con un taller muy hermoso en la calle de Luchana, y tengo que arreglar la casa y la galería... Y la verdad, la galería no sé cómo arreglarla, porque hay que poner cortinas... Pero no sé cómo.



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