La lucha por la vida II: 047

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La lucha por la vida II Segunda parte Pío Baroja


Jesús se entretenía en embromar al judío, remedándole en su manera de hablar. Habían vivido los dos algunos meses en la misma casa. Yaco (Jacob era su nombre), con su familia, y Jesús, con sus dos hermanas.

Le entusiasmaba a Jesús sacar a Jacob de sus casillas y oírle decir maldiciones pintorescas en su lengua melosa y suave, arrastrando las eses.

Según decía Jesús, en casa de Jacob hablaban su mujer, su suegro y él en la más extraña jerigonza que imaginarse puede; una mezcla de árabe y castellano arcaico que sonaba a algo muy raro.

-¿Te acuerdas, Yaco -le decía Jesús remedándole-,cuando llevaste a Mesoda, a tu mujer, aquel canario? Y te preguntaba ella: «¡Ah, Yaco!, ¿qué es ese pasharo que tiene las plumas amarías». Y tú le contestabas: «¡Ah Mesoda! Este pasharo es un canario y te lo traigo para tzá. Jacob, al ver que todo el mundo se reía, lanzaba una mirada terrible a Jesús y le decía:

-¡Ah roín, te venga un dardo que borre tu nombre del libro de los vivos!

-Y cuando Mesoda -proseguía Jesús- te decía: «Finca aquí, Yaco; finca aquí. ¡Ah Yaco, qué mala estoy! Tengo una paloma en el corazón, un martio en cada sien y un pescao en la nuca. ¡Llámale a mi babá que me traiga una ramita de letuario, Yaco!».

Estas intimidades de su hogar, tratadas en broma, exasperaban a Jacob, y oyéndolas se exaltaba, y sus imprecaciones podían dejar atrás las de Camila.

-No respetas la familia, perro -terminaba diciendo.

-¡La familia! -le replicaba Jesús-. Lo primero que debe hacer uno es olvidarla. Los padres y los hermanos, y los tíos y los primos, no sirven más que para hacerle a uno la pascua. Lo primero que un hombre debe aprender es a desobedecer a sus padres y a no creer en el Eterno.

-Calla, cafer, calla. Te veas como el vapó, con agua en los lados y fuego en el corasón. Te barra la escoba negra si sigues blasfemando así. Jesús se reía, y, después de oírle hablar a Jacob, añadía:

-Hace unos miles de años, este animal, que ahora no es más que un tipógrafo, habría sido un profeta y estarla en la Biblia al lado de Matatías, Zabulón y de toda esa morralla.

-No digas necedades -replicaba Jacob.

Después de la discusión, Jesús le decía:

-Tú ya sabes, Yaco, que nos separa un abismo de ideas; pero, a pesar de esto, si quieres aceptar el convite de un cristiano, te convido a una copa.

Jacob movía la cabeza y aceptaba.


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