La lucha por la vida II: 050

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La lucha por la vida II Segunda parte Pío Baroja


Una vez que González Parla, muy ceñudo, y Fresneda, muy amable, llamando al director señor Sampayo a cada momento, le exponían su crítica situación, Sampayo entregó a Fresneda una carta para un general americano, pidiéndole dinero. Puso a su redactor la condición de que todo lo que pasara de diez duros quedaría para la caja.

Al salir a la calle los dos redactores, González Parla le exigió a su compañero la carta, y el hombre espectral se la dio.

-Yo iré a verle a ese braguetón de general -dijo González Parla y le sacaré las perras y nos las repartiremos. La mitad para ti y la otra mitad para mí.

El hombre flaco acompañó al hombre gordo hasta la casa del general.

El general, un guachindangusto vestido de guacamayo, leyó la carta del director, miró al periodista, se caló los lentes y le preguntó, contemplándole de arriba abajo:

-¿ Uté es el señó de Fresneda?

-Sí, señor.

-¿Etá uté seguro?

-Claro; soy yo.

-Pero uté etá tísico, ¿no?

-¿Yo? No, señor.

-Pues eso me disen en la carta, ¿sabe?... Que tiene uté siete hijos y que por su aspecto podré comprender que etá en el último período de tisis, ¿sabe?

González Parla se azaró; dijo que era verdad que no estaba tísico; pero que había tenido un padre que había estado tísico, y como había tenido el padre tísico, le decían los médicos que él quedaría también tísico, que ya lo estaba en principio, de modo que, aunque no lo fuera, era casi lo mismo que si lo estuviera ya.

-Yo no comprendo eso, ¿sabe? -dijo el general, después de escuchar una argumentación tan deficiente-; yo entiendo que eso e una macana, ¿no? No se puede etá tan gordo hallándose enfermo, ¿sabe? Pero, en fin -y largó un billete doblado entre sus dedos-, tome, váyase, y no sea pendejo.

-Esta gordura es falsa -replicaba humildemente González Parla, cogiendo el billete-. Es la patata que come uno -y se escabulló avergonzado.

El billete era de cien pesetas, y se lo repartieron entre el redactor flaco y el redactor gordo, con gran indignación de Sampayo. Éste se prometió no darles ni un céntimo durante meses.

Fresneda, en las últimas boqueadas de hambre, tuvo la única frase enérgica de toda su vida.

-Yo le daré a usted una recomendación para el ministro -le dijo el director, contestando así a una petición de dinero.

-Para morirse de hambre, señor Sampayo -contestó con energía, no exenta de su proverbial finura, Fresneda-, no se necesitan recomendaciones.


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