La lucha por la vida II: 080

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

IX
Pág. 080 de 121
La lucha por la vida II Segunda parte Pío Baroja


Noche en el paseo de la Virgen del Puerto - Suena un tiro - Calatrava y Vidal - Un tango de la bella Pérez


-Las noches que no hace frío -dijo el repatriado-, yo suelo ir a dormir a esa arboleda que hay cerca de la Virgen del Puerto. ¿Quieres que vayamos hoy? -añadió.

-Sí, vamos.

Estaban en la Puerta del Sol y fueron por la calle Mayor abajo. Hacía una noche templada, de niebla, de una niebla azulada, luminosa, que temblaba al soplo del viento; los globos eléctricos del Palacio Real brillaban entre aquella gasa flotante con una luz morada.

Bajaron Manuel y el repatriado por la cuesta de la Vega y entraron en el bosquecillo que hay entre el Campo del Moro y la calle de Segovia. Algunos faroles de petróleo lucían muy pálidamente entre los árboles. Llegaron al paseo de los Melancólicos. Cerca del puente de Segovia salían llamaradas de los hornillos de una churrería instalada en una barraca. Del paseo de los Melancólicos bajaron a la hondonada, y en un cobertizo se cobijaron y se tendieron a dormir. Hacía fresco; pasaban por allá algunas parejas misteriosas; Manuel se acurrucó, se metió las manos en el bolsillo del pantalón y se quedó profundamente dormido.

Rumor chillón de cornetas le despertó.

-Es la guardia de Palacio -dijo el repatriado.

La claridad mortecina del alba alumbraba el cielo; palpitaba suave y gris el resplandor primero del día... De pronto resonó muy cerca el estampido de un arma de fuego; Manuel y el repatriado se levantaron, salieron del cobertizo dispuestos a huir, no vieron nada.

-Es un joven que se ha suicidado -dijo un hombre de blusa que pasó corriendo por delante de Manuel y del repatriado.

Acercáronse los dos al lugar donde se oyera la detonación y vieron a un muchacho joven, bien vestido, en el suelo, con la cara llena de sangre y un revólver en la mano derecha. Nadie había por allí; el repatriado se acercó al muerto, tomó su mano izquierda y le sacó dos sortijas que llevaba, una de ellas con un brillante; luego le desabrochó la chaqueta, le registró los bolsillos, no encontró dinero y le quitó un reloj de oro.

-Vamos a escaparnos, no vaya a venir alguno elijo Manuel.

-No -contestó el repatriado.

Volvió a entrar en el cobertizo donde habían pasado la noche, hizo en la tierra un agujero con las uñas, enterró, envueltos en un papel, las sortijas y el reloj y apretó la tierra con el pie.

-En la guerra, como en la guerra -murmuró, después de ejecutar su maniobra con una rapidez extraordinaria-. Ahora -añadió-, vuélvete a echar y hazte el dormido, por si acaso.

Poco después se oyó un murmullo de voces en la hondonada, y Manuel vio dos guardias civiles que pasaban a caballo por delante del cobertizo. Se acercaba la gente al lugar del suceso; los guardias civiles, registrando al muerto, encontraron una carta dirigida al juez, en la que indicaba que no se culpara a nadie de su muerte.

Cuando levantaron el muerto y se lo llevaron. Manuel preguntó:

-¿Vamos a recoger eso?

-Espera que se vayan todos.

Quedó el lugar desierto; entonces el repatriado desenterró las sortijas y el reloj.

-Esta sortija creo que es buena -elijo-. ¿Cómo lo averiguaremos?

-En una platería.

-Vete a una platería así, con esos harapos y una sortija con un brillante y un reloj de oro, y es muy posible que te denuncien y te lleven a la cárcel.

-Entonces, ¿qué hacemos? Podíamos empeñar el reloj -dijo Manuel.

-También es peligroso. Vamos a buscar a Marcos Calatrava, un amigo mío a quien conocí en Cuba. Ése nos sacará del apuro. Vive en una casa de huéspedes de la calle de Embajadores.


<<<

La lucha por la vida II "" Mala hierba "" de Pío Baroja

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Índice de artículos

>>>