La lucha por la vida II: 094

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La lucha por la vida II Tercera parte Pío Baroja


-Si te digo que es fría como el mármol -murmuró el de la facha de peluquero.

-Cuando le conocí a éste -añadió ella, riéndose y señalando al de las patillas- tenía un hombre que me había puesto un cuarto, y la patrona de la casa pasaba por mi madre. Además, tenía otros amigos; pues ya ves, ninguno notó nada.

-Es terrible -exclamó el de las barbas, llenando un vaso de vino y vaciándolo-; no nos quieren, y nosotros, suponiendo siempre que tienen corazón. Pero, de veras, dime de veras: ¿no has querido nunca a nadie?

-A nadie, a nadie.

-¡Si te digo que es fría como el mármol! -repitió el hombre con facha de peluquero-. ¡Si supieras las majaderías que hice por ella! Preguntaba tímidamente en la portería; pasé un mes sin atreverme a hablarla; y luego, al conseguirla, supe que era una mujer a quien se dice: «(Mañana estás libre a tal hora?». «Sí.» «Pues mañana nos veremos.»

-Como quien avisa a un afinador de pianos -repuso el de la barba, encontrando no se sabe qué relación entre las mujeres y los pianos-. Es terrible -añadió; y después, con un arrebato de ira, golpeó la mesa con el puño e hizo tambalearse los vasos.

-¿Qué te pasa? -preguntó el viejo. .

-Nada. Había que destruir esta cochina humanidad. Me siento anarquista.

-¡Bah!, yo creo que te sientes borracho -interrumpió el de las patillas.

-¡San Dios! Porque tú seas un indecente burgués dedicado a los negocios...

-Si tú eres más burgués que yo.

El hombre de la nariz roja y de la barba amarilla se calló indignado; luego, dirigiéndose a la muchacha, con voz iracunda la dijo:

-Dile a este imbécil que cuando habla un hombre de talento él debe callar. La culpa la tenemos nosotros, que le otorgamos la beligerancia.

-¡Pobre hombre!

-¡Idiota!

-Si eres más pesado que un artículo tuyo -gritó el de las patillas-; y todavía, si esa soberbia de que haces gala la sintieras, estaría bien; pero si no la sientes, si eres un pobre desgraciado que te reconoces a ti mismo imbécil, si te pasas la vida aburriéndonos, recitándonos artículos que ya has publicado y que ni siquiera son tuyos, porque los coges de cualquier parte... La palidez del de las barbas hizo callar a su contrincante, y siguieron los tres hablando en tono tranquilo.

De pronto el viejo se puso a chillar.

-Pues no será una persona decente decía.

-¿Por qué no? -replicaba la mujer.

-Porque no. Será carpintero, basurero, o ladrón, o hijo de mala madre, porque una persona decente no sé a qué se va a levantar por la mañana.

Cenaron Manuel y Vidal. Poco después se levantaron la muchacha y sus tres acompañantes.

-Ahora va uno a casa -murmuró el de las barbas rojas en tono lúgubre-,arregla la cama, se mete uno dentro, enciende un pitillo, bebe un vaso de agua, orina y se duerme uno. La vida es repugnante.

Al salir los cuatro a la calle, Vidal fue detrás de ellos.

-Voy a enterarme quién es ella -le dijo a Manuel-. Hasta mañana.

-Adiós.


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