La lucha por la vida II: 108

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La lucha por la vida II Tercera parte Pío Baroja


Lo que pasaba en el despacho del juez - La Casa de Canónigos


Unas horas después el juez recibió tres cartas urgentes. Las abrió e hizo sonar inmediatamente un timbre.

-¿Quién ha traído estas cartas? -preguntó el juez de guardia.

-Un lacayo.

-¿Hay por ahí algún agente?

-Está el agente Garro.

-Que pase.

Entró el agente y se acercó a la mesa del juez.

-En estas cartas -le dijo éste- se hace referencia a la declaración que ha prestado ese muchacho preso. ¿Cómo alguien puede saber la declaración que ha dado?

-No lo sé.

-¿Ha hablado ese muchacho con alguno?

-Con nadie -dijo tranquilamente el Garro.

-En esta carta, dos señoras a quienes el ministro no puede negar nada, le piden a él, y él me pide a mí, que eche tierra a este asunto. ¿Qué interés pueden tener estas señoras en ello?

-No sé. Si supiera quiénes son, quizá...

-Son la señora de Braganza y la marquesa de Buendía.

-Sí, entonces sé de qué se trata. Los dueños del Círculo donde estaba empleado el muchacho tienen interés en que no se hable de la casa de juego. Uno de los dueños es la Coronela, que habrá hablado a esas señoras, y esas señoras, al ministro.

-¿Y qué relación tiene la Coronela con estas señoras?

-La Coronela presta dinero. Esta señora de Braganza firmó en falso con el nombre de su marido, y el documento lo guarda la Coronela.

-¿Y la marquesa?

-Lo de la marquesa es otra cuestión. Ya sabe usted que últimamente su querido era Ricardo Salazar.

-¿El ex diputado?

-Sí, un golfo completo. Hace uno o dos años, cuando las relaciones de Ricardo y la marquesa estaban todavía recientes, la marquesa recibía de cuando en cuando una carta en la que le decían: «Tengo una carta de usted dirigida a su amante, en la que dice usted esto y esto (cosas íntimas bastante fuertes). Si no me da usted mil pesetas enviaré la carta a su marido». Ella, asustada, pagó tres, cuatro, cinco veces, hasta que por consejo de una amiga, y de acuerdo con un delegado, prendieron al hombre que iba con la carta. Resultó que era un enviado del mismo Ricardo Salazar.

-¿Del amante?

-Sí.

-¡Vaya un caballero!

-Cuando riñeron la marquesa y Ricardo...

-¿Al descubrirse el enredo de la carta?

-No; eso se lo perdonó la marquesa. Riñeron porque Ricardo exigía dinero que la marquesa no pudo o no quiso darle. Salazar debía tres mil duros a la Coronela, y ésta, que no es tonta, le dijo: «Deme usted las cartas de la marquesa y no me debe usted nada». Ricardo se las dio, y la marquesa ha quedado entregada de pies y manos a la Coronela y a sus socios.

El juez se levantó de la silla y paseó lentamente por el despacho.

-Hay, además -dijo-, un besalamano del director de El Popular, en que me ruega que no prospere este asunto. ¿Qué relación hay entre el garito y el propietario del periódico?

-Que es socio. En el caso de que se descubriera el garito, el periódico haría una campaña fuerte contra el Gobierno.


La lucha por la vida II "" Mala hierba "" de Pío Baroja

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