La lucha por la vida III: 027

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La lucha por la vida III Primera parte Pío Baroja


Sácala a bailar.

-Si quiere, vamos.

Salieron por el corredor al patio enlosado, mientras el organillo tocaba un pasodoble. Bailaba la Salvadora recogiéndose la falda con la mano, con verdadera gracia y sin el movimiento lascivo de las demás mujeres.

Cuando acabó el baile, Perico Rebolledo, algo turbado, le pidió que bailara con él.

Al volver Manuel al sitio donde había merendado, tropezó en el corredor con dos señoritos y dos mujeres. Una de éstas se volvió a mirarle. Era la Justa. Manuel hizo como que no la había conocido y se sentó al lado del señor Canuto.

Volvió la Salvadora de bailar, con las mejillas rojas y los ojos brillantes, y se puso a abanicarse.

-¡Olé ahí las chicas bonitas! -dijo el jorobado-. Así me gusta a mí la Salvadora; coloradita y con los ojos alegres. Señor artista, fíjese usted y vaya tomando apuntes.

Ya me fijo -contestó Juan.

La Salvadora sonrió ruborizada y miró a Manuel, que estaba violento. Trató de buscar el motivo del malestar de Manuel, cuando sorprendió una mirada de la justa, fija, dura, llena de odio.

-Será la que vivió antes con él -pensó la Salvadora, y, con indiferencia, la estuvo observando.

En esto vino el mozo, y, acercándose a Manuel, le dijo:

-De parte de aquella señora, que si quiere usted pasar a su mesa.

-¡Gracias! Dígale usted a esa señora que estoy aquí con mis amigos.

Al recibir la contestación, la justa se levantó y fue acercándose por la galería adonde estaba Manuel.

-Viene hacia aquí esa pelandusca -dijo la Ignacia.

-Más te vale ver lo que quiere -añadió la Salvadora con ironía. Manuel se levantó y salió al corredor.

-¿Qué? -exclamó de un modo agresivo-. ¿Qué hay?

-Na -contestó ella-. ¿Es que no te dejaban ésas salir?

-No; es que a mí no me daba la gana.

-¿Quién es esa que está contigo? ¿Tu querida? -y señaló a la Salvadora.

-No.

-¿Tu novia?... Chico, tienes mal gusto. Parece un fideo raído.

-¡Pchs! Bueno.

-¿Y ese de los pelos?

-Es mi hermano.

-Es simpático. ¿Es pintor?

-No; es escultor.

-Vamos, artista. Chico, pues me gusta. Preséntame a él.



Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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