La lucha por la vida III: 031

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 031 de 127
La lucha por la vida III Primera parte Pío Baroja


A consecuencia de esta conversación, se despertaron nuevamente los planes ambiciosos de Manuel. La Salvadora y la Ignacia le instaron para que estuviese a la mira por si salía alguna imprenta en traspaso, y pocos días después le indicaron una anunciada en un periódico.

Manuel fue a verla; pero el amo le dijo que ya no la quería traspasar. En cambio, supo que un periódico ilustrado vendía una máquina nueva y tipos nuevos por quince mil pesetas.

Era una locura pensar en esto; pero la Salvadora y la Ignacia le dijeron a Manuel que fuera a verla y que propusiera al amo comprarla a plazos. Hizo esto Manuel; la máquina era buena; tenía un motor eléctrico moderno, y los tipos eran nuevos; pero el amo no se avenía a cobrar en plazos.

-No, no -le dijo-; soy capaz de rebajar algo el precio; pero el dinero lo necesito al contado.

Entre la Salvadora y la Ignacia tenían tres mil pesetas, podían contar con las mil de la medalla de Juan; pero esto no era nada.

-Qué le vamos a hacer -dijo Manuel-; no se puede..., paciencia.

-Pero la máquina, ¿es buena? -preguntó la Salvadora.

-Sí; muy hermosa.

-Pues yo no dejaría eso así -dijo la Salvadora.

-Ni yo tampoco -repuso la Ignacia.

-¿Y qué voy a hacer?

-¿No tienes ese amigo inglés que vive en el Hotel de París?...

-Sí; pero...

-¿No te atreves? -preguntó la Ignacia.

-Pero ¿cómo me va a dar quince mil pesetas?

-Que te las preste. Con probar nada se pierde. El «no», lo llevas contigo.

A Manuel no le hizo ninguna gracia la cosa; dijo que sí, que iría a ver a Roberto, pensando que se les olvidaría la idea; pero al día siguiente las dos volvieron a la carga.

Manuel pensó hacer como que iba al hotel y decirles a ellas que no estaba Roberto en Madrid; pero la Ignacia se le adelantó y se enteró de que no se había marchado.

Manuel fue a ver a su amigo de muy mala gana, deseando encontrar algún pretexto para aplazar indefinitivamente la visita o que le dijeran que no le podía recibir; pero al entrar en la puerta del hotel se encontró con Roberto.

Estaba dando órdenes a un criado. Parecía más fuerte, más hombre, con un gran aplomo en los movimientos.

-¡Hola, ilustre golfo! -le dijo al verle-. ¿Cómo estás?

-Bien, ¿y usted?

-Yo, admirablemente... ya me he casado.

-¿Sí?

-Estoy en camino de ser padre.

-¿Y el proceso?

-Terminó.

-¿A favor de usted?

-Sí; ya no falta más que la resolución de unos expedientes.

-Y la señorita Kate, ¿está aquí?

-No; en Amberes. ¿Venías a buscarme? ¿Qué me querías?

-Nada; verle.

-No; tú venías a algo.


<<<

La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

>>>