La lucha por la vida III: 041

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 041 de 127
La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


No tuvo esta segunda reunión el mismo atractivo que la primera, y muchos salieron aburridos. Con el objeto de avivar el interés, se anunció para el domingo siguiente que se discutirían puntos de la doctrina, y que Maldonado y Prats contestarían a las objeciones que se les hicieran.

-Este Prats, ¿quién es? -preguntó Manuel al Madrileño.

Se lo presentó. Era un hombre bajo, barbudo, con una cara de pirata berberisco, de un color bronceado, con rayas y vetas negruzcas. Tenía este hombre pelos en toda la cara, alrededor de los ojos, en la nariz aguileña, en las cejas. Con su aspecto terrible, su manera de hablar bronca, las manos de oso, peludas y deformes, imponía.

-¿Vendrás -el domingo, compañero? -le dijo a Manuel después de saludarle.

-Sí.

-Entonces, hasta el domingo.

Y se dieron un apretón de manos.

-¡Vaya un tipo! -dijo Manuel.

-No es tan tremendo como parece este Rama Sama -añadió el Madrileño -. En fin, veremos si el domingo esto se anima. Salieron Manuel y el Madrileño. Era el Madrileño, por lo que les oyó decir Manuel, hombre burlón y paradójico y que tenía un gran fondo de malicia. Su tipo, según aseguraba, era Pini el estafador, y le encantaba que unos ladrones hubiesen dado dinero a Juan Grave para la propaganda anarquista. A Manuel le pareció que debía ser un hombre capaz de sacrificarlo todo por una frase ingeniosa o por un chiste.

El Madrileño había sido amigo de Olvés, de Ruiz y de Suárez, autores de una explosión en «La Huerta», el hotel donde vivía Cánovas.

-Paco Ruiz era un hombre de buen corazón -le dijo a Manuel-. Si yo hubiera estado en Madrid, no hubiese hecho la barbaridad de poner la bomba en casa de Cánovas.

-¿Y no hizo daño a nadie con la bomba? -le preguntó Manuel.

-A nadie más que a él, que murió.

-¿Y cómo no se pudo escapar?

-Se pudo escapar. Verás lo que pasó; él llevaba una botella de pólvora cloratada, la puso delante de la verja del hotel y encendió la mecha.

Cuando se retiraba, vio que iba a entrar una criada con unos niños. Inmediatamente Paco volvió, recogió la botella, y en la mano le estalló; le arrancó el brazo la explosión y lo dejó muerto.

El Madrileño, conocido de la policía como amigo de anarquistas, había sido víctima de un pseudocomplot de la calle de la Cabeza, y había estado algunos meses preso.


<<<

La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

>>>