La lucha por la vida III: 046

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III
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La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


No hay que confiar en los relojes ni en la milicia - Las mujeres son buenas - Aun las que dicen que son malas - Los borrachos y los perros


Comenzaba a encarrilarse la imprenta. El trabajo se iba regularizando, pero Manuel ni un momento podía dejar el taller. Así, que si alguna diligencia tenía que hacer, la hacía de noche, después de cerrar la tienda. Jesús seguía viviendo en la casa, sin trabajar y sin hacer nada. Por las tardes iba a ver al señor Canuto, a charlar con él; luego cenaba, se acostaba, y al día siguiente aparecía a la hora de comer. Muchas veces no se le veía el pelo.

Jesús tiene dinero -le dijo una vez la Salvadora a Manuel-. ¿Qué hace? ¿Trabaja en algún lado?

-Que yo sepa, no.

-Pues tiene dinero.

-No sé cómo se las arreglará.

Una noche que Manuel fue a casa de un editor a entenderse con él para la publicación de unos libros, se le hizo tarde, y al llegar a la plaza del Callao vio a Jesús parado en una esquina, borracho, sin poder sostenerse. Manuel pensó en seguir adelante sin hacerle caso, pero luego le dio lástima y se acercó a él.

-¿Qué haces aquí? -le dijo.

-¿Quién es usted... para preguntarme a mí eso? -tartamudeó Jesús-.

¡Ah!, ¿eres tú? Estaba tomando el fresco.

-Tienes una curda indecente. Vamos a casa. ¡Anda!

-¿Qué anda? ¿Qué?

-¡Cómo estas! No te puedes tener.

-Y a ti, ¿qué te importa? Tú no eres más que un cochino burgués..., eso..., y un avaro. Entre tu hermana y esa otra te han hecho un roñoso..., y un mal compañero.

-Bueno; yo seré un burgués; pero no huelo que apesta, como tú.

-Pero, ¿a qué huelo yo? A vino, a vino...

Jesús decía «a vino», como si hubiera dicho a rosas.

-Eres un sinvergüenza -exclamó Manuel-, un borracho indecente.

-¿Tú sabes por qué me emborracho yo? ¿Tú sabes? Porque tengo un ansia muy grande; porque tengo una sed...

-Sí, una sed de vino y aguardiente.

-Pero ¿para qué hablo yo con hombres que no me comprenden?... Soy un huérfano...

-Mira, no me vengas con cosas de zarzuela, ¡A casa!

-¿A casa?... No quiero. Mira, Manuel, yo no sé qué tengo más grande, si el cerebro o el corazón..., ¡porque mira que yo tengo cerebro!...

-Yo creo que lo que tú tienes mayor es la «asaúra».

-Pues aún tengo mayor el estómago, ¡gracioso! Y a mí no me vengas tú con esos ratimagos de chulo, ¿sabes?, porque tú serás un buen tipógrafo; pero de gracia madrileña..., no tienes ni tanto así.

-Ni me importa.

-Y tú, ¿por qué no te emborrachas?

-Porque no quiero.

-Porque no quieres, ¿eh?... Te conozco, lebrel... Tú tienes, una tristeza muy honda...

-Sí; soy un pobre huerfanito, como tú.

-No ...; tú no eres más que un burgués..., y la otra tiene la culpa..., porque antes eras un buen compañero...; pero la otra te domina, y tu ya no sabes hacer nada sin ella.

-Bueno, hombre, me domina; ¿qué le vamos a hacer?


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La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

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