La lucha por la vida III: 047

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La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


Al llegar a una taberna de la calle Ancha, Jesús se detuvo, se apoyó de espaldas a la pared, y afirmó rotundamente que no se iba de allí aunque le mataran.

-¡Anda, no seas estúpido! -le dijo Manuel-, te voy hacer andar a patadas.

-Pégame; pero no me voy.

-Pero ¿qué quieres hacer?

-Tomar aquí unas copas.

-Bueno, tómalas.

En esto pasó de prisa una mujer. Jesús se abalanzó sobre ella; la mujer comenzó a chillar asustada.

-Está borracho; no le haga usted caso -le dijo Manuel, interponiéndose entre los dos.

-¿Y qué? -replicó Jesús-: La convido a cenar. ¿Quieres venir a cenar conmigo, prenda?

-No.

-¿Y por qué no?

-Porque tengo que ir a casa.

-¿A casa a las dos de la mañana? ¿A qué?

-Pero ¿son las dos? -preguntó la muchacha a Manuel. -No debe faltar mucho.

Pasaron por delante de la Universidad y miraron el reloj. Eran las dos en punto. La muchacha quedó asombrada y vacilante; luego se decidió y se echó a reír. Estaba algo alegre, tenía la blusa con las puntillas rotas y manchada de vino. Contó que había ido con su novio, que era sargento, y con otra amiga, con su correspondiente galán, a los Cuatro Caminos. Allí los novios las habían hecho beber a las dos, hasta emborracharlas: luego las engañaron, diciéndoles que eran las seis cuando daban las nueve, y que eran las nueve cuando daba ya la una. Ella estaba sirviendo y pensaba llegar a una hora regular a casa; pero ya que no podía, le tenía todo sin cuidado.

-¿Y qué vas a hacer? -le preguntó Manuel.

-Dejaré la casa y buscaré otra.

-Lo que vamos a hacer -dijo Jesús-, es irnos los tres a cenar ahora mismo.

-Bueno; vamos donde queráis -exclamó la muchacha, y se agarró del brazo a Manuel y a Jesús.

-¡Bravo! -gritó Jesús-. ¡Olé por las mujeres valientes! Manuel vaciló; le esperarían en casa... Aunque ya se habrían acostado.

-Un día es un día -murmuró-. Vamos allá-; además, la muchacha era agradable, con la nariz respingona, abundante de pecho y de caderas.

-¿De modo que vas a dejar a tus amos? -preguntó Manuel. -¡Qué voy a hacer!

-Bien hecho -gritó Jesús-; deja a los amos...; que les sirva su señora mamá... ¡Mueran los burgueses!

-Calla -exclamó Manuel-; van a venir los guardias. -Que vengan... Yo me río de los guardias municipales..., y de los guardias civiles..., y de los guardias de orden público... Y yo le digo a esta mujer, que es un cachito de gloria, que hace bien en ir a los Cuatro Caminos... con el sargento, con el soldado o con quien le dé la gana... Todos somos libres. Pues ¡qué!, ¿las amas no tienen también sus líos?... ¿Verdad, corazón?

-Ya lo creo.

La muchacha cogió estrechamente del brazo a Manuel.

-¿Y tú no dices nada?

-Que tienes una espetera, que ya ya.

-Mientras más gracia dé Dios, ¡mejor! -replicó ella riendo-. ¿Cómo te llamas?


La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja

Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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