La lucha por la vida III: 058

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La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


El francés que canta - El protylo - Cómo se llegan a tener las ideas - Sinfonía en rojo


Casi todos los domingos había presentación de un compañero en la «Aurora roja». Los dos más curiosos, por lo exóticos, fueron un francés y un ruso.

El francés era un joven anguloso, torcido, raro, con los ojos bizcos, los pómulos salientes y una perilla de chivo.

Se presentó dando grandes apretones de mano y haciendo reverencias ceremoniosas a todos. Habló largamente de sus viajes de vagabundo. Él era el hombre de las carreteras; ninguno le entendía bien: parte porque hablaba incorrectamente el castellano, y parte porque sus teorías eran incomprensibles.

-¿Y no tienes familia, compañero? -le preguntó alguno.

-Sí -contestó él-; pero quisiera ver a mi padre, a mi madre y a mis hermanos ahorcados en un jardín reducido.

Después de contar sus aventuras, habló de que había visto a Ravachol, y cantó la canción del Pere Duchesne, a la cual el terrible anarquista había puesto letra, y que iba entonando al ir a la guillotina, en Montbrison.

Caruty, con las manos en la espalda, como si estuviera atado, y lanzando a derecha y a izquierda miradas de altivo desprecio, se puso a cantar:

Peuple trop oublieux
Nom de Dieu.

Ya se figuraba el francés que era Ravachol y que iba insultando a los burgueses. En la canción, se le aconsejaba al pueblo que no fuera generoso, que no fuera militar, que tirara todos los cuarteles a tierra, todo esto acentuado por vigorosos Nom de Dieu. Terminaba la canción, diciendo:

Luego, ya entrenado, Caruty cantó canciones socialistas y otras de café-concierto de Bruant y de Rictus...

Otro de los presentados fue un judío que se llamaba Ofkin. Era éste comisionista y viajaba por una casa de París, y vendía toda clase de esencias y de perfumes. Era un fanático, muy frío y muy seco. Tenía el pelo castaño, la barba en punta, la mirada azul; era muy pálido; en el cuello se le notaban cicatrices escrofulosas; vestía levita larga y negra, pantalón claro y sombrero de paja pequeño y flexible. Con esta indumentaria parecía un charlatán de feria. Hablaba una mezcla de castellano, de italiano y de francés.

Su conferencia fue de un carácter opuesto a la de Caruty.

La del francés, todo arte, y la del ruso, todo ciencia.

Para Ofkin, la cuestión social era una cuestión de química, de creación de albuminoides por síntesis artificiales. Transformar pronto las substancias inorgánicas en orgánicas: ésta era la base para resolver la lucha por la vida. Que tantos millones de hombres inorganizan tanta cantidad de substancia orgánica, pues todo es cuestión de volver a organizarla. Esto, aseguró el ruso que se había hecho ya; se estaba trabajando en crear el protylo, una substancia protoplasmática primitiva, parecida al bathibyus de Haecke1, con vida y crecimiento. De aquí a la creación de la célula no había mas que un paso.

El auditorio del juego de bolos no se entusiasmó con el protylo tanto como el judío ruso; se miraron todos, unos a otros, un poco asombrados.

A Manuel le produjo el efecto de que la anarquía de aquel señor era también algún producto químico, encerrado en un frasco.

Un domingo de abril, por la tarde, se habían reunido en el invernadero, huyendo de la lluvia unos cuantos y charlaban alrededor de la mesa.

-¿Y Maldonado? -preguntó Manuel al llegar y notar su falta.

-Ya no viene -dijo Prats.

-¡Hombre, me alegro!

-Todos dicen lo mismo -exclamó el Madrileño-. Maldonado es el tipo del republicano español. ¡Son admirables esos tíos!

-¿Por qué? -dijo el Bolo.


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La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

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Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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