La lucha por la vida III: 061

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 061 de 127
La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


-¡Ése era también un sentimental! -exclamó Prats.

-Con muchos sentimentales así se hubiera hecho ya la revolución - repuso el Libertario.

Para mí, el verdadero tipo del anarquista es Pallás -añadió Prats.

-¡Claro! Como que era catalán -dijo con sorna el Madrileño.

-No -murmuró el Libertario-. Cada uno tiene el derecho de ser de donde le dé la gana.

-No; si yo no niego ese derecho -replicó el Madrileño-; yo lo que quiero decir es que si él no tiene ninguna satisfacción por ser paisano nuestro, nosotros no tenemos tampoco ningún entusiasmo por ser paisanos de los catalanes.

-Todos los españoles son dogmáticos y autoritarios -siguió diciendo el catalán, haciendo como que no oía la observación-; lo mismo los andaluces, que los castellanos, que los vascongados. Además, no tienen el instinto de la revolta...

Me hace mucha gracia a mí este hombre hablando de gente autoritaria... -comenzó a decir el Madrileño.

-¿Y Pallás? -interrumpió Juan, comprendiendo que el Madrileño iba a decir algo desagradable para el catalán-. ¿Era templado Pallás?

-Sí, era...; ya lo creo.

Se achicó también -dijo el Madrileño-, y aquí está el Libertario que lo vio.

-Sí, es verdad -dijo el Libertario-; los últimos días en la cárcel, se descompuso. Y era natural. Nosotros solíamos ir a verle, y nos hacía la apología de la idea. El último día, ya en capilla, estábamos despidiéndonos de él, cuando entraron un médico y un periodista. «Yo quisiera -dijo Pallás- que después de muerto, llevaran mi cerebro a un museo para que lo estudiaran.» «Será difícil», le contestó el médico fríamente. «¿Por qué?» «Porque los tiros se los darán a usted, probablemente, en la cabeza, y los sesos se harán papilla». Pallás palideció y no dijo nada.

-Es que sólo con la idea hay que ponerse malo -saltó diciendo Manuel.

-¡Pues bien valiente estuvo Paulino al morir! -exclamó Prats.

-Sí, luego ya se animó -dijo el Libertario-. Le estoy viendo al salir al patio de la cárcel cuando gritó: ¡Viva la Anarquía!; al mismo tiempo, el teniente que mandaba la tropa, dijo a sus soldados: ¡Firmes!, y las culatas de los fusiles, al dar en el suelo, apagaron el grito de Pallás.

Manuel tenía los nervios estremecidos; todos sentían una gran atracción, una acre voluptuosidad al escuchar aquellos relatos terribles.

El señor Canuto hacía más gestos que de costumbre.

-¿Y por esto fue por lo que echaron la bomba en el teatro? -preguntó Perico Rebolledo.

-Sí -contestó Prats-; la venganza fue terrible; ya lo había dicho Paulino Pallás.

-Yo lo vi -saltó diciendo Skopos.

-¿Estabas dentro?

-Sí; fui al Liceo a ver al director de un periódico que me había encargado le hiciese unos dibujos. Tomé una delantera de paraíso, y busqué con la vista al director hasta que lo vi en una de las butacas. Bajé y me puse a esperarle en una puerta. Tardaba en acabar el acto, yo estaba atento a que saliera la gente, cuando oigo una detonación sorda y sale una llamarada por la puerta. Me figuré que habría pasado algo; pero algo de poca importancia, un cable de luz eléctrica fundido o una lámpara rota; cuando veo venir hacia mí un turbión de gente espantada, con los ojos desencajados, empujándose y espachurrándose unos a otros. La ola de gente me echó fuera del teatro; pregunté en la calle a dos o tres lo que pasaba; nadie lo sabía. Yo estaba sin sombrero y sin abrigo, y entré a recogerlos. Subo, y un acomodador me pregunta, temblando, qué era lo que quería; le digo que buscaba mi gabán, lo encuentro, y entonces se me ocurre mirar hacia la sala. ¡Cristo! La cosa era terrible; me pareció que había cuarenta o cincuenta muertos. Bajé a las butacas.


<<<

La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

>>>