La lucha por la vida III: 075

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La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


-¿Y usted no bebe? -le dijo Manuel viendo que no se echaba vino en el vaso.

-No; yo no bebo nunca.

-¿Ni cuando tiene usted que trabajar?

-Entonse, meno.

-¿Ha ejecutado usted algún anarquista?

-¿Anarquista? No sé lo que es eso.

-Y los que tú has matado... ¿han muerto valientes? -preguntó el Libertario.

-Sí; casi tos. Yo los trato bien, aunque me esté mal desirlo. No soy como el de antes, que les hasía sufrí a posta.

-¿De veras? -dijo Juan.

-Sí; iba borracho, y el hombre se dormía en la brega.

-¡Qué barbaridad! -exclamó el Libertario-. Y todos van templados, ¿eh?

-Tós. Pero tan templao como el Diente, ninguno. ¡Vaya un gaché! Entré en la capiya y él estaba tendío. «¡Eh! -le dije-. Compare; soy el ejecutó de la justicia. ¿Me perdona?» « Sí, hombre, ¿por qué no?» «Anda, ponte esto», y le di la túnica. Y esto, ¿qué é? ¿E que me voy a vestí de máscara?

«Echamos un sigarro, y como éramos paisanos, jablando de la tierra fuimos al tablao. Se sentó en el banquiyo, era tan bajito que no yegaba; entonse se levantó un poco y serró la argoya. «A ti te perdono —-me dijo-; a estos farsantes, que les den morsiya. ¡Aprieta, y buena suerte!» Era un hombre el Diente.

-Y tal... que debía ser un hombrecito -dijo el Libertario sonriendo.

-Con él estrené yo el correaje nuevo..., porque yo no ato con cuerda. Lo veréis ustedes. ¡Chica! Trae esas correas para que las vean esto señore.

La mujer fatídica, con el niño en brazos, trajo una cincha negra, con

varias hebillas brillantes. Todos hicieron un ademán de repulsión al verla.

-Y el aparato, ¿cómo es? -dijo el Libertario.

El aparato... muy sensiyo. Do planchas de asero que se ajuntan. Se ponen así -y el verdugo cogió el frasco de vino por el cuello con su mano ancha y velluda—, y luego se hace ¡crac!, y ya está. Juan, densamente pálido, se secaba la frente llena de sudor frío. Caruty recitaba en francés unos versos de Villon, sobre la horca.

-Ya ve usté -siguió diciendo el verdugo-, estas correas las he tenío que pagar yo; pues no se lo agradesen a uno. Todavía lo quieren a uno desacreditá. Lo que me pasó en Almería con el cura y su sobrino. Vamo, ¡que me dio una ira! Teníamo que acabá con do y fuimo el de Graná y yo y echamo a suerte; a mí me tocó er cura. Bueno -dije-, ya que ha de sé uno de lo do, prefiero cargarme la corona. Pue bien; cuando iba en el tren el mundo se separaba de mí; voy a una posá y disen que no me dan de comé, y voy a otra y me quieren reventá... ¡Redió! ¿Soy yo el que lo manda mata?, ¿soy yo el presidente de la Audiensia, que pone su firma en la sentensia de muerte? Entonse, ¿por qué me despresian a mí? ¿No le pasan el expediente de indurto al ministro y a la reina y lo niegan? Pues entonse mata la reina, y el ministro, y el presidente de la Audiensia, y el jué, y tóos, tanto como yo... ¡Mardito sea el veneno! Pero hay que viví; que si no fuera por eso...


La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja

Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos