La lucha por la vida III: 076

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La lucha por la vida III Segunda parte Pío Baroja


El verdugo se levantó para dejar las correas, cantando:

Mala puñalá le den.

Mala puñalá le diera.

-Como uno de los tio de la taberna de esta calle -siguió diciendo al volver a sentarse-,que solía jugar a la brisca conmigo, y como é natural, una vese ganaba y otra perdía. Y la otra ve, porque perdió cuatro jugás seguías, me dijo: «Dio me libre de su mano de usté, ¡compare!» ¡Molé!; si yo ya sé que soy el verdugo; si yo ya sé que tengo un ofisio mardesío...

Se veía que el hombre se rebelaba contra su ignominia. Luego le pasó el arrechucho y siguió diciendo:

-¿Y luego qué porvení tenemo lo verdugo? Na; no tenemo jubilasión, y cuando uno e viejo, como el maestro Lorenzo, de Graná, que el pobretico no tiene fuersa ni para mové el torno, a morirse de jambre. El verdugo de Fransia, sí, ése está bien; ése tiene treinta mil reale y jubilasión. A mí, si me dejasen, haría también dinero.

-¿Pues qué haría usted? -le dijo Juan.

-¡Yo! ¿Qué haría? Alquilá una tienda o un entresuelo en la calle de Alcalá, y con mi chico haser ejecusiones en figuras de sera.

Todos hicieron un movimiento de asco. ¡Un verdugo de figuras de cera!

La idea era macabra.

Quedaron largo tiempo silenciosos. Sonaron horas en un reloj de la vecindad.

-Vámonos -dijo el Bolo de pronto. Se despidieron todos dando la mano al verdugo y salieron al paseo de Areneros. La noche estaba negra; el cielo, oscuro y sombrío como una amenaza.

-Dicen que es necesaria la pena de muerte –murmuró Juan-. Nosotros, los pobres, debíamos decir a los burgueses: ¿Queréis matar? Matad vosotros.

-Mientras haya desdichados con hambre -repuso el Libertario habrá hombres capaces de ser verdugos.

-¿Qué pasaría si estos hombres llegasen a tener conciencia? -dijo Juan-. Una huelga de verdugos sería curiosa.

-Sería quitar un puntal a la sociedad -repuso el Libertario-. El verdugo, como el cura, como el militar y el magistrado, es uno de los sostenes de esta sociedad capitalista.

-¿Cuánto durarán todavía los verdugos? -preguntó el Bolo.

-Mientras los magistrados castiguen, mientras los militares maten, mientras los curas engañen... -contestó con voz sombría el Libertario-,los habrá.

Caruty recitó una canción de un condenado a muerte, que escribe una carta a su querida desde la prisión de la Roquette y le cuenta cómo oye con estremecimientos de angustia el ruido que hacen al armar la guillotina.

Fin1.jpg de la Segunda parte


La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja

Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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