La lucha por la vida III: 095

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La lucha por la vida III Tercera parte Pío Baroja


Y habló con ingenuidad de los golfillos arrojados al arroyo, de los niños que van a los talleres por la mañana muertos de frío, de las mujeres holladas, hundidas en la muerte moral de la prostitución, pisoteadas por la bota del burgués y por la alpargata del obrero.

Y habló del gran deseo de cariño del desheredado, de su aspiración, nunca satisfecha: de amor. Una misma congoja agitaba todos los corazones; algunas mujeres lloraban. Manuel contempló a la Salvadora y vio que en sus ojos trataban de saltar las lágrimas. Ella sonrió, y entonces dos lágrimas gruesas corrieron por sus mejillas.

Y Juan siguió hablando; su voz, que se iba haciendo opaca, tenía entonaciones de ternura; sus mejillas estaban encendidas. En aquel momento parecía sentir los dolores y las miserias de todos los abandonados.

Nadie seguramente pensaba en la posibilidad o imposibilidad de las doctrinas. Todos los corazones de la multitud latían al unísono. Ya iba a terminar Juan su discurso, cuando se produjo un escándalo en las últimas filas de butacas.

Era Caruty, que se había subido al asiento, pálido, con la mano abierta.

-¡Fuera! ¡Fuera!, que se siente -gritaron todos, creyendo quizá que intentaba replicar al orador.

-No, no me sentaré -dijo Carury-. Tengo que hablar. Sí. Tengo que decir: ¡Viva la Anarquía! ¡Viva la Literatura!

Juan le saludó con la mano y dejó la tribuna.

Una agitación extraña se sintió en el público. Entonces, como despertado de un sueño y dándose cuenta de su belleza, todos, de pie, se pusieron a aplaudir de una manera rabiosa. La Salvadora y Manuel se miraban conmovidos con lágrimas en los ojos.

El presidente dijo algunas palabras, que no se oyeron, y terminó la reunión.

Comenzó a salir la gente. En el pasillo del escenario se habían amontonado grupos de entusiastas de Juan. Eran obreros jóvenes y aprendices con trajes azules; casi todos anémicos, tímidos, con aire de escrofulosos.

Al salir Juan le estrecharon alternativamente la mano con efusión apasionada.

-¡Salud, compañero!

-¡Salud!

-Dejadle al hombre, que está malo -dijo el Libertario. Carury se pavoneaba entusiasmado. Sin notarlo, sin comprender quizá, había dado la nota verdadera del discurso de Juan: ¡Viva la Anarquía! ¡Viva la Literatura!

En el momento de salir a la calle, dos agentes de la Policía se echaron sobre el francés y le prendieron. Carury sonrió y cantó entre dientes, mirando con desprecio a una burguesía imaginada, la canción de Ravachol.

Juan, Manuel y la Salvadora volvieron en coche a casa.

-¿Qué ha querido decir Carury? -preguntó Manuel-. ¿Que la Anarquía es cosa de Literatura?

-Ni él mismo lo sabrá-dijo Juan.

-No, no; él ha querido decir algo -repuso Manuel. ¡Anarquía! ¡Literatura! Manuel encontraba una relación entre estas dos cosas, pero no sabía cuál.


La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja

Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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