La lucha por la vida III: 096

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La lucha por la vida III Tercera parte Pío Baroja


Gente sin hogar - El Mangue y el Polaca - Un vendedor de cerbatanas - Un gitano - El Corbata - Santa Tecla y su mujer - La Filipina - El oro escondido


En los paseos que Juan daba en el invierno por las tardes al sol, un día que le sorprendió la lluvia, entró en una de las casuchas que había al lado de la tapia de la Patriarcal, mirando al Tercer Depósito.

Se encontró que la casucha estaba habitada por dos muchachuelos y una chiquilla. Los dos chicos le contaron al momento su vida y milagros.

Uno se llamaba el Mangue, y el otro, el Polaca; los dos eran aprendices de torero. A la chica le decían la Chai.

El Mangue era un chiquillo delgaducho y listo como una sabandija; el Polaca tenía una cabeza enorme, unos ojos inexpresivos, redondos como dos botones, y los labios abultados. El padre del Mangue era carbonero y quería obligarle a trabajar; pero él se había escapado de casa con la Chai y el Polaca, y durante todo un verano y un otoño habían andado en las capeas. El Polaca había estado en un asilo hasta los seis años. Un día, por una falta leve, una monja le tuvo durante ocho días desnudo, atado con cuerdas de esparto, a pan y agua. A consecuencia de este bárbaro castigo, el Polaca enfermó y lo llevaron al hospital. A la salida se echó a andar por las calles.

-¡Qué infamia es esa farsa de caridad oficial! -murmuró Juan-. ¡Qué infamia!

El Mangue y el Polaca, con la ilusión de ser toreros, vivían contentos.

-¿Y ganabais algo en esas capeas? -les preguntó Juan.

-Sí, lo que nos daban.

-¿Y cómo ibais de un pueblo a otro?

-Nos subíamos a los estribos del tren, y antes de llegar a una estación nos bajábamos.

-Pero, todos los días no habría capeas.

-No.

-Y, mientras tanto, ¿qué comíais?

-Sacábamos patatas del suelo y comíamos uvas y frutas.

-Y, ahora, ¿qué hacéis?

-Ahora, nada. Esperando el verano.

La Chai era una muchacha fea y de aspecto encanallado, y, por lo que pudo observar Juan, trataba como esclavos a sus dos amantes.

-¿Y vivís solos aquí vosotros?

-No, hay más en estas casillas.

A Juan le interesó aquella madriguera y volvió al día siguiente. Hacía una hermosa tarde de sol. En el antiguo patio del cementerio, arrimado a una tapia, había un vendedor de cerbatanas y de majuelas, que tenía su mercancía en una cesta; un gitano y un golfo, les preguntó Juan por el Mangue y por el Polaca, y se sentó junto a ellos.

El gitano dijo que tenía como profesión la de matar pájaros con tirabeque; profesión que a Juan le pareció bastante cómica.

-No crea usted... que es guasa -dijo el gitano-. ¿A que le doy al bote de pimiento?

-¡A que no! Una perra gorda -apostó el de las cerbatanas.

El gitano preparó su tirabeque, casi científicamente disparó... y no le dio al bote.

Se trabó una larga discusión entre el gitano y el de las cerbatanas.

-Y usted, ¿qué hace? -le preguntó Juan al golfo.

-¿Yo? -exclamó el otro en tono displicente.

-Sí.

-Yo soy ladrón.

-¡Mal oficio!


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La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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