La lucha por la vida III: 101

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La lucha por la vida III Tercera parte Pío Baroja


-Pero hay que saber qué anarquismo es el de ustedes -indicó el gomoso; y añadió, dirigiéndose al anfitrión: -Porque hay el nihilismo filosófico; hay la anarquía, que es la fórmula lógica y científica del socialismo radical, y, además de esto, hay el sentimiento anarquista, que es un sentimiento bárbaro, salvaje, de hombres primitivos.

-Ese sentimiento bárbaro y salvaje es el nuestro -dijo, sonriendo, el Libertario.

-¿Un sentimiento puramente de destrucción?

-Eso es, puramente de destrucción.

-Yo estoy con estos señores -saltó un joven de barba y anteojos, de aspecto ensimismado y hablar meloso-, creo que hay que destruir mucho, disolver las ideas hechas, atacar los dogmas en sus principios.

-Hay que construir -interrumpió el gomoso con un gesto de desdén.

-Pero ¿usted cree que la sociedad no tiene fuerza de cohesión para resistir todas las ideas, aun las más disolventes?

-Había que discutir eso.

-Discutir, ¿para qué? -repuso el de las barbas-. Es una convicción que yo tengo y de la que usted no participa.

-Pero usted, ¿qué quiere en último término? Una revolución filosófica.

-Todas las revoluciones son filosóficas. Primeramente cambian las ideas; luego se modifican las costumbres, y, por último, vienen las leyes a inmovilizarlas.

-Las ideas están ya transformadas -replicó el gomoso.

-Perdone usted. Yo creo todo lo contrario. Creo que no hay liberal verdadero en toda España.

-¡Qué exageración! Y, entonces, ¿cómo se va a verificar el cambio que usted desea?

-El cambio se hace inconscientemente, por irrespetuosidad en los de abajo y por falta de convicciones en los de arriba. Esto se agrieta, porque se descompone. Nadie cree en su misión, ni el juez que condena, ni el cura que dice misa, ni el militar, perdone usted -dijo al oficial- que mata en la guerra.

-Yo -saltó el oficial-, hago una diferencia entre el militar y el guerrero: el uno es el de las paradas, el otro, el de las batallas.

-Esta sociedad de los explotadores, de los curas, de los soldados y de los funcionarios, yo creo que se hunde -siguió diciendo el de las barbas.

-¡Bah!

-Es mi opinión -y el de las barbas se quedó mirando al fuego muy ensimismado.

-Yo -lijo el oficial a Juan-, encuentro muy simpáticas las ideas de ustedes. No espero mas que la sociedad me pise la cola para saltar y clavar las uñas. Ahora, encuentro una cosa que no me gusta, y es que ustedes tratan de suprimir en el hombre el instinto guerrero.

-No -repuso Juan-; lo que queremos es aplicarlo a algo más noble que a exterminarse unos a otros.

-Yo, lo que quisiera saber -dijo el joven sociólogo-,quiénes son los que van a hacer esa revolución.

-¿Quiénes? -contestó el Libertario-,los desharrapados, los que viven mal. ¡Que hubiese diez hombres de talento y de iniciativa en España, y la revolución estaba hecha!

-Quizá les parezca absurdo lo que voy a decir -exclamó el oficial-; pero, para mí, la revolución social es una obra que debía realizarla el ejército.


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La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

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