La lucha por la vida III: 120

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La lucha por la vida III Tercera parte Pío Baroja


El rey saludaba militarmente, hundido en el coche, con el aire fatigado e inexpresivo.

La regente, rígida, miraba a la multitud con indiferencia, y sólo en los ojos de la infanta, de tez morena, había un relámpago de vida y alegría.

-Qué delgado está.

-Parece enfermo -se oía decir a un lado y a otro.

Pasó todo el cortejo; la masa de gente se hizo más permeable. Manuel pudo acercarse a la esquina de la calle Mayor, y en ella se encontró con el señor Canuto. Por el brillo de las mejillas le pareció que debía estar borracho.

-¿Qué hay? -le dijo Manuel-. ¿De dónde viene usted?

-De Barcelona.

-¿Ha visto usted a Juan?

-Ahí está, en la calle Mayor.

-¿No ha pasado nada?

-¿Te parece poco? Se ha acabado el reinado de María Cristina -dijo el señor Canuto en voz alta-. Esta buena señora tendrá muchas virtudes; pero lo que es suerte, no nos ha dado muy buena a los españoles. ¡Vaya un reinado! Miles de hombres muertos en Cuba, miles de hombres muertos en Filipinas, hombres atormentados en Montjuich, inocentes como Rizal fusilados, el pueblo muriéndose de hambre. Por todas partes sangre... miseria... ¡Vaya un reinado!...

Manuel abandonó al señor Canuto en su peroración y se dirigió a la esquina de la calle Mayor.

Juan estaba pálido y sin fuerzas, formando un grupo con Prats, Caruty y el Madrileño.

Estos dos últimos, borrachos, gritaban y escandalizaban.

-Vamos, tú -le dijo Manuel a Juan-. Esto se ha terminado.

Volvieron todos por la Puerta del Sol y se encontraron con el Libertario y con el señor Canuto.

-¿No decía yo que no pasaría nada? -dijo el Libertario sarcásticamente-. Yo no sé qué ilusiones os habíais hecho vosotros. Nada. Los terribles revolucionarios que iban a pedir cuenta al gobierno de los miles de hombres sacrificados en Cuba y Filipinas para sostener la monarquía, modelos de corrección y de sensatez, se han marchado de Madrid a derrochar su oratoria fanfarrona por los rincones de provincias.

Nada. Esto es la sociedad española, este desfile de cosas muertas ante la indiferencia de un pueblo de eunucos.

El Libertario tenía una exaltación fría.

-Aquí no hay nada -siguió diciendo burlonamente-;esto es una raza podrida; esto no es un pueblo; aquí no hay vicios ni virtudes, ni pasiones; aquí todo es m... -y repitió la palabra dos o tres veces-. Política, religión, arte, anarquismo, m... Puede ese niño abatido y triste recorrer su ciudad.

Lo puede hacer y puede andar, si quiere, a latigazos con esta morralla.

Ese rebaño de imbéciles no se incomodará.

-¡Tienes razón! -exclamó el señor Canuto.

En esto cruzó la Puerta del Sol, entre la gente, un batallón. Sonaban estrepitosamente los tambores, brillaban las bayonetas y los sables. Al llegar frente a la calle del Arenal la banda comenzó a tocar un pasodoble.

Se pararon.

-Aquí está la mili, como siempre, haciendo la pascua -dijo el señor Canuto.

Al pasar la bandera los soldados se cuadraban; el teniente decía:


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La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

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