La lucha por la vida III: 125

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 125 de 127
La lucha por la vida III Tercera parte Pío Baroja


-¡Te has ido al otro mundo con un hermoso sueño -y miraba el cadáver de Juan-,con una bella ilusión! Ni los miserables se levantarán, ni resplandecerá un día nuevo, sino que persistirá la iniquidad en todas partes. Ni colectiva ni individualmente podrán libertarse los humildes de la miseria, ni de la fatiga, ni del trabajo constante y aniquilador.

-¡Acuéstate! -dijo la Salvadora a Manuel, viéndole tan excitado.

Estaba rendido y se tendió en la cama.

Tuvo un sueño extraño y desagradable. Estaba en la Puerta del Sol y se celebraba una fiesta, una fiesta rara. Llevaban en andas una porción de estatuas; en una ponía: «La Verdad»; en la otra, «La Naturaleza»; en la otra, «El Bien»; tras ellas iban grupos de hombres de blusa con una bandera roja. Miraba Manuel asombrado aquella procesión, cuando un guardia le dijo:

-¡Descúbrete, compañero!

-¿Pues qué es lo que pasa? ¿Qué procesión es ésta?

-Es la fiesta de la Anarquía.

En esto pasaron unos andrajosos, en los cuales Manuel reconoció al Madrileño, Prats y al Libertario, y gritaron: « ,Muera la Anarquía!», y los guardias los persiguieron y’ fueron dándoles sablazos por las calles.

Enredado en este sueño le despertó la Salvadora.

-Está la policía -le dijo.

Efectivamente, a la puerta había un hombre bajito, de barba, elegante, acompañado de otros dos.

-¿Qué quiere usted? -le dijo Manuel.

-Tengo entendido que hay una reunión de anarquistas aquí y vengo a hacer un registro.

-¿Trae usted auto del juez?

-Sí, señor. Traigo también orden de prender a Juan Alcázar.

-¡A mi hermano! Ha muerto.

-Está bien; pasemos.

Entraron los tres policías en el comedor sin quitarse el sombrero. Al ver la gente allí reunida, uno de ellos preguntó:

-¿Qué hacen ustedes aquí?

-Estamos velando a nuestro compañero -contestó el Libertario-. ¿Es que está prohibido?

El principal de los polizontes, sin contestar, se acercó al cadáver y lo contempló un instante.

-¿Cuándo lo van a enterrar? -preguntó a Manuel.

-Mañana a la tarde.

-Es usted su hermano, ¿verdad?

-Sí.

-A usted le conviene que no haya atropellos, ni escándalos, ni ninguna manifestación en el entierro.

-Está bien.

-Nosotros haremos lo que nos parezca-dijo el Libertario.

-Tenga usted cuidado de no ir a la cárcel.

-Eso lo veremos -y el Libertario metió la mano en el pantalón y agarró su revólver.

-Bueno -dijo el polizonte, dirigiéndose a Manuel-; usted es hombre de buen sentido y atenderá mis indicaciones.

-Sí, señor.


<<<

La lucha por la vida III "Aurora roja" de Pío Baroja


Prólogo

Primera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII

Segunda parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Tercera parte - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Índice de artículos

>>>