La madre Teresa de Jesús: 092

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Acto III
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La madre Teresa de Jesús Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Salen VALLE, TERESA DE JESÚS y PETRONA.
VALLE

  Esta es la fértil vega deleitosa
do se cifra la ciencia y mi sosiego:
la insigne Salamanca suntüosa.
  Esta es la fundación del fuerte Griego,
que vertió el Paladión preñado de ira:
convirtió el edificio en vivo fuego.
  Este es el muro que al Trajano admira,
poniendo al cuarto cielo las escalas,
que temeroso, al parecer, las mira.
  Parece que las torres tienen alas,
y que Febo se humilla, disparando
piedras zafiros en lugar de balas.
  La más bella ciudad estás mirando,
que el gallardo Pintor del cielo hermoso
repasa, todo el orbe iluminando.
  Ya con su luz el Tormes caudaloso
las flores mira que guarnece atento
con blando curso de cristal ondoso.
  Este es de Salamanca el firme asiento,
pozo de ciencia, fuente milagrosa,
que trae del cielo empíreo el firmamento.
  Es madre general tan generosa,
que mil extraños hijos autoriza,
dotándolos de ciencia y renta honrosa.
  Es ameno jardín, que solemniza
la provincia del mundo más extraña,
cuya planta Minerva fertiliza.
  La gran ciudad del mundo en nuestra España,
que parece se miran las almenas
en el ameno Tormes que las baña.
  Mirando con desprecio a las de Atenas,
con más valor y ciencia enriquecidas
que el ancho mar de plata vierte arenas.
  Aquí vuestras Descalzas recogidas
estrellas, son que Dios mismo atesora
para honrar sus esferas guarnecidas.
  Aquí, pues, ¡oh, mi madre fundadora!
vinisteis, para ser divino aumento
del soberano Elías, clara aurora.


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