La madre Teresa de Jesús: 119

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La madre Teresa de Jesús Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LEBRIJA

  Ya vences al pasatiempo,
Urganda de la Escritura.

PETRONA

Vamos, mi señor, figura
de las que descarta el tiempo.
(Vanse; sale TERESA con una cruz a cuestas.)

TERESA

  La clara y blanca luna se oscurece,
el sol se eclipsa y pierde su luz pura,
la dura piedra se abre, que, aunque dura,
viendo morir a Cristo se enternece,
el proceloso mar se altera y crece,
los vientos braman por la niebla oscura,
y el mismo cielo muestra ser criatura,
sintiendo el mal que su Criador padece.
Luna, sol, tierra, mar, vientos y cielo,
viendo cercado a Dios de inmensas penas,
lloran y sienten lo que yo he pecado:
yo me alegro llorando, y me consuelo
viendo que es mar la sangre de sus venas,
y mar donde se anega mi pecado.
  ¿Cómo, Dios, no he de seguiros
y en algún paso imitaros?
¿Cómo no han de conquistaros
los rayos de mis suspiros?
  Por imitaros en algo,
aunque sin fuerzas me siento,
por el claustro del convento
con la cruz a cuestas salgo.
  No hay peligro que me aflija
con este arrimo, este mármol,
que quien se arrima a buen árbol,
buena sombra le cobija.
(Arrodíllase.)
  Jesús, cargada me veo;
pero con la cruz, mi Dios,
no sé qué fuera de vos,
si tardara el Cirineo.
  Yo le había menester,
que enferma y cansada estoy.


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