La muerte de Don Beltrán: (Versión para imprimir)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta es la versión para imprimir de La muerte de Don Beltrán.

El presente texto ha sido copiado de Wikisource, biblioteca en línea de textos originales que se encuentran en dominio público o que hayan sido publicados con una licencia GFDL. Puedes visitarnos en http://es.wikisource.org/wiki/Portada



La muerte de Don Beltrán
(Romance anónimo)


Pág. 1 de 3
La muerte de Don Beltrán Romances


::::::::::::LA MUERTE DE DON BELTRÁN


Con la grande plovareda
perdieron a don Beltrán.
Nunca lo echaron de menos
hasta los muertos pasar.
Siete veces echan suertes
quién lo volverá a buscar,
todas siete le cupieron
al buen viejo de su padre:
las tres fueron por malicia
y las cuatro por maldad.
Vuelve riendas al caballo
y vuélveselo a buscar,
de noche por el camino,
de día por el jaral.
Por la matanza va el viejo,
por la matanza adelante;
los brazos lleva cansados
de los muertos rodear;
no halla al que busca,
ni menos la su señal;
vido todos los franceses
y no vido a don Beltrán.
Maldiciendo iba el vino,
maldiciendo iba el pan,
el que comían los moros,
que no el de la cristiandad;



Pág. 2 de 3
La muerte de Don Beltrán Romances


:::::::::::::maldiciendo iba el árbol
que solo en el campo nace,
que todas las aves del cielo
allí se viene a asentar,
que de rama ni de hoja
no lo dejaban gozar;
maldiciendo iba el caballero,
que cabalgaba sin paje:
si se le cae la lanza,
no tiene quien se la alce,
y si se le cae la espuela,
no tiene quien se la calce;
maldiciendo iba la mujer
que tan sólo un hijo pare:
si enemigos se lo matan,
no tiene quien lo vengar.
A la entrada de un puerto,
saliendo de un arenal,
vido en esto estar un moro
que velaba en un adarve;
hablóle en algarabía,
como aquel que bien la sabe:
-Por Dios te ruego, el moro,
me digas una verdad:
caballero de armas blancas
si lo viste acá pasar;
y si tú lo tienes preso,
a oro te lo pesarán,



Pág. 3 de 3
La muerte de Don Beltrán Romances


:::::::::::::y si tú lo tienes muerto,
désmelo para enterrar,
pues que el cuerpo sin el alma
sólo un dinero no vale.
-Ese caballero, amigo,
disme tú qué señas trae.
-Blancas armas son las suyas.
y el caballo es alazán,
en el carrillo derecho
él tenía una señal
que, siendo niño pequeñp,
se la hizo un gavilán.
-Este caballero, amigo,
muerto está en aquel pradal.
Las piernas tiene en el agua
y el cuerpo en el arenal;
siete lanzadas tenía
desde el hombro al calcañal
y otras tantas su caballo
desde la cincha al pretal.
No le des culpa al caballo,
que no se la puedes dar,
que siete veces lo sacó
sin herida y sin señal
y otras tantas lo volvió
con ganas de pelear.