La vengadora de las mujeres: 101

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La vengadora de las mujeres Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LAURA:

En un caballo de los vientos, pluma
de la clin al codón rico de espuma,
  afirmose en el sitio ya dispuesto
y entró con más soberbias que ventajas
el príncipe de Nápoles al puesto;
las altas piezas de la vista bajas,
fuerte caballo, de color honesto,
danzando al son de las templadas cajas,
manto, penacho y calzas carmesíes,
sembrado de granadas de rubíes.
  Siguiole Enrique de Campania, conde,
en un rucio rodado corpulento,
que a las trompetas con gemir responde
celoso de seguirlas por el viento.
Su pensamiento un negro manto esconde,
aunque quiso decir su pensamiento,
pues entre mil estrellas circunstantes
se mostraba una luna de diamantes.
  El alemán gallardo Lucidoro
entró arrogante de leonado y plata
en un melado que del carro de oro
del sol, para vencer al sol, desata.
Y con igual belleza que decoro
la rienda a un bayo florisel dilata
de pardo y naranjado, tan gallardo
que toda a la inquietud parece pardo.
  Aquí llegó Rodulfo Palatino
al son de la vaqueta, levantando
un overo español cuyo camino
parece que en el aire va buscando;
otra vez a la tierra más vecino
parece que en el agua va nadando.


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