Las Brujas

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LAS BRUJAS

POEMA DRAMÁTICO DE AMBIENTE EXTREMEÑO EN TRES CANTOS Y EN VERSO
por
Luis Chamizo



DEDICATORIA:
A mi madre, a mi mujer, a mis hijas María Luisa, María Victoria, Virtudes, Consuelo y Asunción, y a todos los míos este poema de amor y de dolor.
EL AUTOR


En Madrid fue estrenada esta obra en el Teatro Avenida, el día 10 de Octubre de 1930


Esta obra de teatro ocupa 5 wiki-páginas:

Los diálogos van en dialecto extremeño (el castúo).



PERSONAJES DEL POEMA:

Andrea Cortés
La tía Genoveva
La Veora
Mariquilla Valdivia
Frasco Cortés
Agustín Valdivia
Puño e Jierro, el vaquero
Tío Bartolo
Damián, el porquero
Lucas, el mayoral
Silverio, el yegüerizo
Zagalas y zagales

25 años
58 »
67 »
21 »
26 »
23 »
45 »
55 »
60 »
48 »
34 »
.

Las notas del autor van en letra cursiva y entre paréntesis para diferenciarlas de los diálogos de los personajes.
La acción en una dehesa de Extremadura; época actual. Derecha e izquierda, las del actor


CANTO PRIMERO
LOS AMORES


Interior de una cabaña de carboneros, enclavada en una dehesa de Extremadura. Puertas practicables al fondo y lateral izquierda. En el fondo, derecha, una ventana baja y amplia, por la cual pueda saltar fácilmente una persona. Bajo la ventana, una tarima camera, especie de meridiana rústica, cubierta con un cobertor de trapos. En el ángulo que forman el fondo y el lateral izquierda, una cantarera con su tinaja y sus cántaros. Al fondo, entre la puerta y la tarima, una mesita de pino en blanco. En el lateral derecha, una chimenea de campana y sobre ella unas orzas vidriadas y cacharros de cobre. Tras la puerta y ventana del fondo, se verá un campo salpicado de encinas y, en una. colina próxima, un gran caserío de labranza. Herramientas propias de carboneros, sillas y banquillos diseminados por la escena. Es media tarde de un día de febrero. La chimenea estará encendida, y en torno de la candela, Andrea, Mariquilla y la tía Genoveva.


ESCENA PRIMERA

(Al levantarse el telón se oye claramente la siguiente canción que, fuera, canturrea un mozo).

¯«La calle ancha del moro
loco me tiene la vida
pero más loco me tiene
la cruz de tu gargantilla.»¯



ANDREA —»
GENOVEVA —»
MARIQUILLA —»

ANDREA —»
MARIQUILLA —»



GENOVEVA —»



MARIQUILLA —»































 

¡Qué linda esa canción!
Muy repreciosa.
Pues los mozos la cantan en la aldea
con más aquel...
¿Qué es eso, Mariquílla?
¿El aquel? Esa cosa
que tié d'agridú la tonaílla.
Lo que ablanda el sentir y cosquillea
y viene a ser el quis de la toná.
¿Lo entendistes, Andrea?
(Gesto afirmativo de Andrea.)
Pos pa mí que ya queas enterá.
(Contrariada.)
Torpe que es una, ya lo sé. Quizás
ciertas cosas debiera de callarlas
porque pa las que semos atrasás
es más fácil sentirlas que explicaglas.
Oye y verás: un día
fui yo con Agustín al caserío.
íbamos rebrincando d'alegría
porque era ya d'atrás cosa sabía
que la agüela Tomasa
tendría aquella noche fiesta en casa.
¡Cuánto bailamos... Cómo nos reímos...
Chacha, qué rejolguete...
qué caldero de puchas nos comimos...!
Fue sonao en la aldea el alboroto.
Recuerdo que Agustín jizo en un brete
una zambomba d'un puchero roto.
Pero dieron las ánimas, rezamos,
se fueron yendo tos, nos acostamos
y, estando yo aún despierta,
barrunté cuchicheos en la puerta.
¿Quiénes serán y a qué vendrá esa gente?
—me pregunté—, y en esto, de repente,
un rabel bien templao
sollozó una canción dulce y pulía,
y unos mozos cantaron a porfía
ese mesmo cantar qu'has escuchao.
Yo sentí... qué se yo... ¿Qué sentiría
que me entró un jormiguín y una temblera
que acabé por llorar...?
                                       Como qu'era
—por decirlo ya tó— la vez primera
que por mí se cantaba ese cantar.
Y este es mi aquel...


(Iniciando el mutis por el foro, llevando un caldero que previamente descolgaría de los llares).

GENOVEVA —»
MARIQUILLA —»

 

Muchacha, ten sentío.
¿Ves? Sin explicación l'has comprendió.
(A Andrea. Mutis Genoveva).



ESCENA SEGUNDA

ANDREA —»
MARIQUILLA —»





ANDREA —»
MARIQUILLA —»


ANDREA —»








MARIQUILLA —»

ANDREA —»















MARIQUILLA —»





ANDREA —»








MARIQUILLA —»




ANDREA —»
MARIQUILLA —»





ANDREA —»
MARIQUILLA —»
ANDREA —»


MARIQUILLA —»






ANDREA —»
MARIQUILLA —»



ANDREA —»

MARIQUILLA —»
ANDREA —»
MARIQUILLA —»


















ANDREA —»

MARIQUILLA —»





ANDREA —»






















MARIQUILLA —»





ANDREA —»



MARIQUILLA —»


ANDREA —»

MARIQUILLA —»

ANDREA —»

MARIQUILLA —»

ANDREA —»
MARIQUILLA —»
ANDREA —»


MARIQUILLA —»




ANDREA —»

¡Claro que sí!
                      ¿No cantaron
alguna noche en tu puerta
los mozos una canción
tan bonita como esa?
¿No te dieron serenata
nunca?
             No, nunca.
                                No mientas.
¡A una mocita tan guapa
como tú!
                No te sorprenda.
Yo nunca tuve amistades
de arraigo, ni hogar ni hacienda.
Mi vida fue un caminar
sin rumbo, por estas tierras,
con mis padres. No es extraño
que los mozos no tuvieran
pa mí ni una tonaílla
ni unas flores tan siquiera.
¿Pero tu padre os llevaba
con él d'aldea en aldea?
¡Siempre! Como es arriero
y trabaja por su cuenta,
compra cosas donde abundan
y están baratas; las lleva
con sus burros al lugar
donde sabe que escasean;
y allí, mi madre y yo, entonces,
teníamos que venderlas,
mientras él, por los mercaos,
agenciaba cosas nuevas.
¡Y así siempre..,! Hasta que un día,
mi madre, que estaba enferma
del pecho, murió en mis brazos
en un mesón de Castuera,
¡No sabes cuánto he sufrió!
(Llora y seca sus lágrimas con el delantal.)
¡Vamos, no llores, Andrea!
Tus tíos te quieren mucho;
viniste casi a la juerza
a vivir con ellos, y hoy
pa mí, que ya no te pesa
de estar aquí, tos te quieren.
¡Verdad! Mi tía Genoveva
me quiere como a una hija:
mi primo Frasco se esfuerza
por darme gusto, y mi tío
Bartolo no va a la aldea
una vez que no me traiga
lo mejorcito que encuentra.
¡Me quieren, y yo les quiero
de corazón!
                        ¿Y no queda
en ese corazoncíto
un lugar de preferencia
pa naide..,? Di, ¿y a mi hermano
Agustín, dónde le dejas?
¡Qué chiquilla!
                     ¡Vamos, anda...
Si está ya con tus querencias
tan trastornao, que no es
ni sombra de lo que era…!
Él, que tuvo en otros tiempos
los noviajos a docenas...!
Calla, no me lo recuerdes,
¿No te agrada?
                        Me molesta.
Le quedan muchos resabios
entovía...
                  Si son ellas
que le buscan y le incitan
y le acosan, y no dejan
de mimarle. Como es guapo
y güen mozo, le cortejan.
Pero él no quiere a ninguna
na más que a ti...
                           ¡Güeno fuera!
Pa mí que l'han embrujao
tus ojos negros, Andrea.
¡Ay, quién pudiera embrujar
al hombre, que una quisiera...!
Y tú ¿a quién embrujarías,
muchacha...?
                     ¿No lo sospechas?
¿Quizás a mi primo Frasco?
¡A quién si no…! Sí supieras
cuánto le quiero..., no tuve
en la vida más querencia
que la suya. Nos queríamos
sin decírnoslo siquiera.
Bajábamos a los valles,
subíamos a las sierras,
siempre juntos... Estos campos
¡qué de cosas me recuerdan…!
Un amanecer me dijo
en la fuente de la Cierva,
así como suspirando...
chorovina volandera,
qué chiquirrinina eres...
Qué ganas tengo que crezcas
y seas mujer pa icirte
la mar de cosinas güenas.
Pasa el tiempo... Ya soy moza...
Y él... ni palabra... ¡Qué pena!
¡Pero qué chiquilla eres!
No te apures; ten pacencia.
Es que de un tiempo a esta parte
no sé qué tiene; me inquieta
verle tan serio, tan triste...
Quizás tu tía Genoveva
le quita la voluntad
de quererme.
                       No lo creas.
Mi primo Frasco es un hombre
de voluntad tan entera,
que donde quiera que está
es él quien manda y gobierna.
Tiene la güena costumbre
de pensar con su caeza,
no con la de los demás;
porque la opinión ajena
le tiene tan sin cuidao
que ni se preocupa d'ella.
Eso sí; rumia las cosas
con calma, no se impacienta;
con él no reza el refrán
de «el que espera desespera»,
pero una vez de pensarlas
y decidirse, no hay juerzas
en el mundo que le atajen;
tó lo arrolla y atropella.
De modo que, si él te quiere
de verdad, ten calma, espera;
que más tarde o más temprano
será tuyo...
                    ¡Ay, Andrea!
¿Lo crees así?... ¡Qué alegría
más grande... Estoy más contenta...!
Dame un beso... ¡Será mío!
¡Mío!
(Se besan.)
(Acariciándola.) ¡Qué chiquilla ésta!
(De fuera llegan risas destempladas.)
¿Oyes? ¿Quién es la que ríe
con risa tan descompuesta?
(Va y mira por la puerta del foro.)
Voy a ver. ¡Ay, qué graciosa!
(Después de mirar.)
(Yendo hacia la puerta.)
¿Pero quién es?
                           La Teresa
la del porquero...
                          Y tu hermano
Agustín...
                 Pero si es ella
que le persigue. ¿No ves?
Sí veo. Más de la cuenta.
¡Y le da un ramo de albehaca!
¡Y se lo pone en la oreja!
¡Y él lo consiente... y se ríe...!
¡Tendrá valor...!
                             ¡Será fresca!
Ya viene p'acá mi hermano.
Güeno; yo me voy, Andrea.
Y a ver si vas a reñirle,
que él no tié culpa...
(Con ironía.)             Ni ella.



ESCENA TERCERA

AGUSTÍN —»

ANDREA —»
AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»







ANDREA —»











AGUSTÍN —»
ANDREA —»


AGUSTÍN —»








ANDREA —»


AGUSTÍN —»

ANDREA —»


AGUSTÍN —»
ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»








ANDREA —»

AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»


AGUSTÍN —»

ANDREA —»




































AGUSTÍN —»



ANDREA —»
AGUSTÍN —»


ANDREA —»
AGUSTÍN —»

ANDREA —»

AGUSTÍN —»


ANDREA —»

AGUSTÍN —»

¿Otra vez encelá?... ¡qué manía...!
¡Pero Andrea…!
                            ¡No tiés corazón!
No lo tengo, ya sé; lo tenía
y a un querer se lo di; tiés razón.
Si el querer en cuestión es el mío,
pués llegarte por él enseguía.
¡Qué infeliz!... Pero cómo has podio
suponer que esa loca perdía
te pudiera robar mi querer?
¡Vieja y fea!... ¿Qué piensas de mí?
Cuando yo me he prendao de ti,
no tendré tan mal gusto, mujer.
Ven acá...
(Zalamero.)
                  ¡Déjame; no me quieres!
Si lo sé, si lo vengo notando;
si cortejas a toas las mujeres
que a tu paso te vas encontrando.
Si no sé por qué extraño sendero
he llegao hasta ti; si tu labia,
cuanto más me repite «te quiero»,
más paece, Agustín, que m'agravia.
Si tu amor es igual que la espuma
que deshace una racha de viento;
si has nació pa darme tormento,
deja ya que el dolor me consuma.
¿Ves, Andrea? Me quieres…
                                             Yo, sí,
yo te quiero, es verdad; pero ¿y tú?,
¿me quieres tú a mí?
Más que el güen labraor a su tierra
cuando viene en sazón el tempero.
Más aún que el pastor al cordero,
y que el lobo al jaral de la sierra.
Mucho más que el sediento a la fuente,
y la noche sin luna al lucero;
más que abril al capullo primero,
más que el sol de la tarde al Poniente...
Mucho más entavía te quiero.
¡Si en verdad juera asín tu cariño...!
(Amorosa.)
¿No me engañas?...
                              Delante un altar
juraría el querer.
                           No seas niño.
Yo te quiero creer sin jurar.
¡Agustín!
                 ¡Muchachina quería,..!
¿Me querrás siempre, siempre...?
                                              Yo, sí;
ca vez más. Si querer no sabía
y una vez que te vi, lo aprendí.
¡Qué alegría; te quiero y me quieres!
¡Qué bonita y qué güena que eres!
¡Lo dichosos que vamos a ser
siempre juntos...!
                      ¡Mi Andrea...! Te quiero
como naide te supo querer.
Drento un año, sí Dios lo consiente,
y tu padre, serás mi mujer.
(Transición.)
Oye, escucha: Esta noche en la fuente
del Lobero, frente a las majás,
cuanti asome la luna, te espero;
es mi gusto que vayas, ¿Irás?
¡No, Agustín, eso no; ni pensarlo!
¡Ir de noche yo sola… y allí...!
¿Y eso es tó lo que jaces por mí?
Siendo así tu querer, pués guardarlo;
yo esperaba otra cosa de ti.
¡No, Agustín, eso no!...
                                   ¡Qué inocente!
Si a esas horas no hay naide en la fuente;
las majás están solas del tó,
Si por eso no voy, francamente;
¿qué me importa el decir de la gente?
Lo que a mí más me importa soy yo.
Con que ahora salimos con eso;
¿con que tú y sólo tú...? ¡Pos alante!
Yo también soy de carne y de güeso,
y con eso te digo bastante.
(Pausa breve.)
Mi querer, Agustín, es jonrao,
que en mi casta la jonra es sagrá;
naide puede decir qu'ha mirao
a un Cortés con la frente agachá.
Yo no voy a la fuente, ¿te enteras?,
porque, aun siendo jonrá, soy mujer,
y queriéndote yo tan de veras,
tengo miedo, Agustín, que me vieras
agachando la frente al volver.
Y eso nunca. ¡Jamás! Yo daría
como prueba d'amor, mi alegría,
mi salud; y si eso no basta
y era juerza morir, moriría;
mas la jonra, esa no, que no es mía,
es de tos los que son de mi casta,
Es tesoro que guarda el secreto
de un oscuro vivir sosegao
que en mi casta es como un amuleto
que nos viene a librar del pecao.
Es reliquia de santas mujeres
que supieron querer y esperar,
y sufrir y callar;
y tuvieron la santa ambición
de encastar con un güen corazón
pa que fuera su choza un hogar.
(Transición.)
Fue mi madre una d'éllas. Moría
como muere una niña inocente.
Bien recuerdo que ya en la agonía
me palpaba, besaba mi frente,
y decía con voz apagá:
¡Hija mía, sé siempre jonrá…
que es la jonra un tesoro, hija mía!
(Pausa breve mientras seca sus lágrimas.)
Vamos, calla; domina el sofoco;
te sulfuras por menos de ná.
Si de ti yo quería mu poco
en la fuente; no seas mal pensá.
¿Qué querías de mí?...
                                  Mu poquino:
darte un beso mu chiquirrinino,
y ná más.
                Pues si no es más que eso...
Sólo eso: un abrazo y un beso.
(Intentando abrazarla.)
Ya eso es mucho, Agustín... Viene gente.
(Mirando por la puerta del foro.)
(Contrariado después de cerciorarse.)
¡Mira tú sí es desgracia también!...
¿No vendrás esta noche a la fuente?
Ni esta noche, ni nunca...
(Malhumorado.)
                                         Está bien.



ESCENA CUARTA
(Entran por el foro Bartolo, Genoveva y Puño e Jierro.)

BARTOLO —»
AGUSTÍN —»
GENOVEVA —»


PUÑO E JIERRO —»

GENOVEVA —»

PUÑO E JIERRO —»

BARTOLO —»
AGUSTÍN —»
BARTOLO —»
PUÑO E JIERRO —»


ANDREA —»


GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»






PUÑO E JIERRO —»






BARTOLO —»

GENOVEVA —»
ANDREA —»

AGUSTÍN —»

GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»

GENOVEVA —»
AGUSTÍN —»




BARTOLO —»

AGUSTÍN —»
PUÑO E JIERRO —»












































ANDREA —»

AGUSTÍN —»
GENOVEVA —»


AGUSTÍN —»

BARTOLO —»
GENOVEVA —»

Oye, Agustín...
                          ¿Qué sucede?
(Aparte a Bartolo.)
Que no lo sabrá toavía,
vaite con tiento...
(Aparte a Genoveva.)
                               ¿Qué dices?
(Aparte a Puño e Jierro.)
Que andéis con tiento...
Descudia. (Aparte a Genoveva.)
(Aparte a Agustín.)
¡Güeno, hombre, güeno!
¿Qué pasa?
Na; las cosas de la vida.
Lo que está de suceder,
que tié mucha juerza.
(Alarmada, a Genoveva.)
                                      ¡Tía,
por Dios! ¿Qué ocurre?...
(Aparte a Andrea.)
                                   Na güeno.
¿Traen una mala noticia
y no se atreven a dármela?
Eso es dudar de mi hombría,
Hable usted ya, tío Bartolo;
tú Puño e Jierro, prencipia:
a ver; qué desgracia es esa.
(A Genoveva.)
¿Lo ves? Lo que yo decía.
Es un hombre, y a los hombres
no hay que andarles con pamplinas.
(A Agustín.)
Pues sí, la cosa es mu grave.
(A ídem.)
(A Andrea.)
Te reclama la melicia
pa que vayas a la guerra.
Y has de marchar en seguía.
¡Ay, por Dios; pero es posible!
¡Agustín!...
                         Tú no te aflijas;
ya volveré... Y ¿eso es tó?
¿Te paece poco?...
                                     Creía
que era otra cosa más grave,
Vas a jugarte la vida,
¡Bah..., qué importa! Yo lo siento
por ésta, por mi familia...,
por mí no... ¿Quién trujo el parte?
(Transición.)
(A Bartolo.)
Este.
(Señalando a Puño e Jierro.)
          ¿Tú?
                        Yo. La noticia
la supe por la Veora.
Veréis cómo jué. Yo iba
en cata d'unas becerras,
que en cuanti uno se descuida
se la arman a uno... ¡Güeno!
Pos detrás de las juitivas
andaba yo renegao
por el Valle las Umbrías,
cuando al llegar al Charcón,
del arroyo e las Torbiscas
vide a la vera del agua
un bulto negro. En seguía
me dije: tate, una bruja;
túmbala patas arriba
si tiés lo tuyo. Prevengo
la jonda; le planto encima
la piedra; guiño este ojo
pa jacer la puntería...
Y en esto me se revuelve
y me dice mu tranquila,
con tó su aquel... «Dios te guarde
Puño e Jierro; no creía
que un vaquero de tu porte
juera tan corto de vista.
¿No ves que soy la Veora,
cacho e bruto? Bien podías
ir a decirle en mi nombre
al mozo Agustín Valdivia
que el agua de este charcón
me está dando la noticia
de que mañana, temprano,
cuanti asomen las cabrillas,
ha de marcharse a la guerra;
y que su suerte está escrita
en el lucero primero
que a la tarde se divisa.»
Yo me quedé tirulato,
como quien dice; y asina,
guiñando el ojo, lo mesmo
qu'una liebre. De seguía
vine p'acá con el parte,
y allí la quedé, en la orilla
del charcón, jaciendo cruces
y rezando letanías.
¿Pero esa mujer es bruja?
(A Puño e Jierro, sin poder contener la risa.)
¡Hombre..., por Dios...!
                                       No te rías
de la Veora, Agustín;
a ver si Dios te castiga.
Calle usted, tía Genoveva;
¡si es pa escacharse de risa!
¡Dios quiera que se equivoque!
¡La vez primera sería!


  • Fin de la ESCENA CUARTA del CANTO PRIMERO
    La continuación de esta obra de teatro en Las Brujas 1