Las flores de la niña Ida: 1

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Las flores de la niña Ida Hans Christian Andersen


Las flores de la niña Ida


—¡Mis pobres flores están marchitas! —dijo la niña. Esta tarde estaban aun tan hermosas y ahora todas sus hojas cuelgan secas ¿Por qué están así?—preguntó a un estudiante que estaba sentado en el sofá, y al cual quería mucho.

Sabía contarla cuentos preciosos y recortar figuras tan divertidas: corazones con mujercitas que bailaban, flores y grandes castillos, cuyas puertas se podían abrir. ¡Oh! ¡Era un alegre estudiante!

—¿Por qué, mis flores están tan descoloridas hoy?—preguntó de nuevo, mostrándole un ramillete entero, completamente seco.

—¿Sabes lo que tienen?—dijo el estudiante: —las flores han estado esta noche en el baile, he aquí por qué sus cabezas están inclinadas.

—Sin embargo, las flores no saben bailar — dijo la niña Ida.

¡Vaya!—replicó el estudiante. Enseguida que oscurece y nosotros dormimos, ellas saltan y se regocijan; casi todas las noches tienen bailes.

¿Y no puede ir ningún niño a ese baile?

—Si, — respondió el estudiante, —las lindas margaritas y los lirios.

—¿Y dónde bailan las flores hermosas? —preguntó la niña Ida.

—¿No has salido nunca de la ciudad por el lado donde está el gran castillo en que el rey vive en el verano, y donde hay un magnífico jardín lleno de flores? ¿Has visto los patos que nadan hacia ti cuando les das miguitas de pan? Créeme, allí es donde se dan los grandes bailes.

Ayer tarde fui con mi madre al jardín, —replicó la niña, —y todas las hojas de los árboles se habían caído y no había ni una sola flor ¿Dónde están, pues? ¡En el verano veía tantas!

—¡Están en el interior del castillo!—dijo el estudiante. —Es menester que sepas que en cuanto el rey y los cortesanos vuelven a la ciudad, las flores dejan enseguida el jardín, entran en el castillo y pasan una vida muy alegre ¡Oh, si tú las vieses! Las dos rosas más hermosas se sientan en el trono y son rey y reina. Las crestas de gallo escarlatas se colocan en fila a los lados y se inclinan: son los gentiles-hombres, Enseguida vienen las demás flores y celebran un gran baile. Las violetas azules, representan los estudiantes de marina; bailan con los jacintos y los crocus, a quienes llaman señoritas: los tulipanes y los lirios rojos, son señoras mayores encargadas de vigilar que se baile convenientemente y que haya orden...

—Pero, —preguntó la niña Ida, —¿no hay nadie que castigue a las flores por bailar en el castillo del rey?

—¡Casi nadie lo sabe!—dijo el estudiante.—Es verdad que algunas veces durante la noche, llega el viejo intendente que debe hacer su ronda. En cuanto las flores oyen sonar su gran manojo de llaves, se están quietas, se ocultan detrás de las largas cortinas y sólo sacan la cabeza.

—¡Me huele a flores aquí!—dice el viejo intendente; pero no puede verlas.

—¡Eso es magnifico!—dijo la niña Ida batiendo las manos.—¿Tampoco yo podré ver bailar las flores?


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